El fugitivo

Nada más terrible para la evolución personal que no asumir todo lo que hacemos, los errores que cometemos.

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Paola Domínguez Boullosa 26/02/2014 00:00
El fugitivo

No existe peor fuga que aquella que nos hacemos a nosotros mismos. Y de todas ellas, la peor es no permitirnos asumir las responsabilidades que hemos adquirido en la toma de nuestras propias decisiones... y pasa con demasiada frecuencia que algunas personas se hacen responsables de sus buenas operaciones y fugitivas de las que no lo son tanto...

Nada más terrible para la evolución personal que no asumir todo lo que hacemos, los errores que cometemos, y con asumir entiéndase aceptar, reconocer y afrontar aquello que hemos hecho o que por alguna razón directa o indirecta nos toca asumir. 

Ser fugitivo de los errores que cometemos nos convierte también en fugitivo de nosotros mismos. Es huir de aquello que somos, es pasar a toda prisa por encima de nosotros mismos y de nuestras elecciones... El fugitivo decide siempre a su consideración, a su libre albedrío, como todos... pero con la diferencia que no responde por lo que hace, o sí... pero en un sentido caprichoso, corrupto e indigno... a decir verdad, poca o ninguna dignidad tiene el fugitivo, porque quien carece de la capacidad de enmienda personal poco o nada puede apreciarse a sí mismo.

El fugitivo tiene algo enigmático que lo hace profundamente desastroso, y es que sabe que ha incurrido en un error, lo reconoce, pero no va más allá, prefiere seguir enrolado en sus múltiples caretas de seguridad y falsa firmeza... porque todos podemos mentirnos,  pero hacerlo en algo tan necesario como aprender de nuestros errores es simplemente la mayor pérdida de tiempo y de oportunidad hacia nuestro propio crecimiento...

Por eso los fugitivos no crecen, no avanzan y terminan por convertirse en seres estancados en el lodo de sus profundas convicciones, aferrados al pasado y a sus técnicas —ya absurdas para quienes le conocen— de querer imponer su voluntad a toda costa. Porque el fugitivo del error además se cree que siempre tiene la razón, la inteligencia, la suerte o la buena fortuna para, además, pretender aprovecharse de su error y transmitirlo a la víctima o el beneficiario, pretendiendo a la vez, también, transmitir la responsabilidad de sus hechos...

Los fugitivos del error son además necios, porque necesitan de esa necedad para convencerse a sí mismos de sus mentiras, ya que obligatoriamente deben autoconvencerse que ese error no sólo no existió, sino que no les pertenece... y ante las pruebas, todo lo niegan, o bien, asumen lo ocurrido sin manifestar ningún tipo de enmienda... porque al final, quien nunca ha tenido la capacidad de asumir sus errores vive o pretende vivir sólo de sus aciertos, y así terminan también por creer o pretender creer que es un ser omnipotente y perfecto y que, además, todo el que le rodea le debe algo...  se creen y sienten que siempre tienen saldo a favor...

Y no... el fugitivo del error es simplemente un ser desesperado y hundido en su propia frustración de saberse fugitivo y perseguido de sí mismo, porque el fugitivo huye de la autoridad y la única autoridad absoluta y permisible en cada uno de nosotros es uno mismo...

Así... Hoy le invito a sentirse profundamente orgulloso y feliz si usted es de las personas que comete errores y los asume, porque en cada enmienda de un error usted está ampliando cada vez más las oportunidades que tiene de evolucionar y de asumir que en la vida, las mejores cosas que ocurren son resultado del ensayo, del perfeccionamiento y, sobre todo, de esa fuerza de saber que pase  lo que pase puede superarlo y que huir de uno mismo nunca es una opción.

Felicidades si usted es de los que asumen la parte que le corresponde, las pruebas que sus elecciones y la vida le plantean, y el aprendizaje que de ello devenga, porque querrá decir que tiene asumido también que responder a  sus responsabilidades le hace libre, y la libertad, en todas sus formas, es lo más preciado que tenemos...

Esa es la diferencia entre el fugitivo del error y aquel que lo enfrenta: la libertad... La libertad para elegir lo que va hacer después y transformarse... Y si la vida y las circunstancia le ponen enfrente a un fugitivo así... sólo tendrá que recordarle los hechos que él ha pretendido olvidar y tomar la decisión que mejor le convenga, a fin de cuentas, usted asumirá lo que haya que asumir y podrá seguir adelante... No se deje intimidar por la necedad de aquel que cree y siente que la perfección se construye sólo a través de aciertos… ¡Pobre fugitivo... qué terrible su prisión!.. Déjelo... mientras, a usted le toca disfrutar de su libertad.

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