Aquel que exige...

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Paola Domínguez Boullosa 20/01/2014 00:00
Aquel que exige...

La exigencia es de esos males —y no tanto y no siempre— que sólo uno mismo debería atender para sí. La exigencia es esa caprichosa pretensión  de pedir de manera imperativa algo con la creencia absoluta de que se tiene el derecho de hacerlo. Lo correcto —y no tanto y no siempre—, pero necesariamente real, es que uno resolviese únicamente para sí mismo una petición de esta naturaleza… y pocas, muy pocas veces, lo hacemos…

Desatinado de nuestra parte si consideramos que las exigencias ajenas tienen siempre el poder de ejercer en nuestra psique una presión que, leve o no, no deja de hacernos sentir que algo más allá de nosotros está midiendo y juzgando nuestras capacidades. Es inquietante que permitamos que alguien se tome el derecho de exigir de nosotros aquello que nosotros mismos no hayamos acordado previamente, y cuántas veces acabamos cediendo y cumplimos, y cuántas veces dejamos a un lado nuestro verdadero interés por las exigencias ajenas… piénselo… quizá muchas… porque al final, en el fondo, nadie quiere que el otro piense que no podemos, y le diré algo, el otro pide porque sabe perfectamente que él no fallará, y casi siempre acierta… hay gente que nunca falla…

 Así vemos cumplidas muchas exigencias que propias o ajenas van sumando o restando a nuestra vida, y posiblemente algunas nos hayan hecho aprender que podemos ir más allá de nosotros mismos y otras más… que alguien puede ir más allá de nosotros mismos, porque existe, siempre existe ese alguien que tiene la capacidad de doblegar nuestra propia voluntad.

Y no importa la naturaleza de la exigencia, importa cómo le hace sentir, importa con qué intención se lleve a cabo, importa cuánto sacrifique usted de sus necesidades y, por qué no, de sus exigencias personales, importa cuánto sume o no, esa acción a su vida, y por sobre todas las cosas importa el bien o el mal que hace su acción, a aquél que se lo exige… porque muchas veces el que exige lo somete a usted con su capricho, sin ofrecer nada a cambio, o sí, ofrece una agria y crítica lista sobre su manera de proceder… y ocurre, muchas veces ocurre, que además de cumplir con la exigencia ajena, quedamos mal parados, y no exactamente  por error en su proceder, sino más bien porque el exigente simulará insatisfacción después de haberle lanzado el anzuelo para mantenerle preso de sus deseos, siempre, por supuesto, tan caprichosos.

Y ocurre también que cumplimos con las exigencias ajenas simplemente para sentirnos reconocidos o necesitados, sin saber o a sabiendas, que ese reconocimiento tampoco servirá para valorar en verdad ni lo que somos para nosotros ni de lo que significamos para los demás, ni tampoco de la intención correcta que debieran encerrar nuestras acciones ante las peticiones ajenas.

 Mal, nos hacemos mal a nosotros mismos, permitimos que nos hagan mal y hacemos mal a quienes les cumplimos sus exigencias… Cumplir las exigencias, fuera de aquellas que libremente elegimos para nuestra vida, hace mal, y hace mal porque siempre se espera algo a cambio de una parte o de la otra, pero siempre… se espera algo, que casualmente nunca es ni igual ni mejor de aquello que esperaban o esperábamos, y así voluntariamente nos insertamos en un círculo vicioso de frustración.

Por eso hoy le invito a reconsiderar el cumplimiento, en primera instancia, de las exigencias que no provengan de usted, para usted mismo y en su beneficio y, si es que pondera y decide cumplir con otras exigencias, hágalo sólo porque siente la completa seguridad de que no necesita ni espera nada a cambio, y que la razón es suficientemente valiosa, sólo así podrá sentirse, si no feliz, por lo menos libre de ataduras que puedan llegar a oprimir su ánimo y su voluntad.

Exíjase, sí,  aquellas cosas que sabe que son buenas para su vida, ésas todos las sabemos, exíjase, sí, cuando sepa que es algo que, a pesar de su dificultad, vale cada esfuerzo, exíjase, sí, si se trata de sus deseos, de sus planes presentes o futuros, si se trata de su crecimiento, si se trata de su evolución y exíjase, sí, si sabe que con su exigencia puede ayudar a otros en su crecimiento y evolución. Exíjase y cumpla con las exigencias que haya acordado con alguien que sabe que actúa en igual sentido. De no ser así, limítese, aprenda a decir no y siga adelante, muchas veces no hay nada más allá y su esfuerzo será simplemente efímero y poco satisfactorio.

Conozca, edúquese y aprenda lo más que pueda sobre aquellas personas que exigen de usted algo y cerciórese que tienen también algo que ofrecer y, de no ser así, aléjese, porque nadie puede valorar aquello que no se ha atrevido hacer por sí mismo o simplemente su naturaleza no se lo permite.

Sea consciente de que no todo es posible y que cada vez con más frecuencia existen personas que no tienen nada que ofrecer, más que una extensa lista de vacíos e insatisfacciones que ni usted ni nadie pueden cubrir, así que no permita esa toxicidad en su vida, finalmente es su responsabilidad la inversión que haga de su tiempo y sus capacidades.

Recuerde que siempre será mejor ocuparse de usted mismo y de sus intereses, que de los intereses y demandas ajenas. Recuerde que sólo usted puede exigirse y evaluar el desempeño de esas exigencias, simplemente porque sólo usted sabe la magnitud del interés que va unido a cada uno de sus esfuerzos y sí, exíjase todo lo que haga falta exigirse a sí mismo y cumpla, finalmente cada esfuerzo que haga para sí, le permitirá ir un paso delante de lo que antes era… y hágalo siempre con la certeza de que la única persona en el mundo que conoce sus límites y sus metas es usted, tómese el tiempo y disfrútelo al máximo, y nunca le permita a nadie invadir ese espacio tan personal y tan propio para hacer lo que debemos hacer, en función de ser lo mejor que podemos llegar a ser… Mucha suerte.

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