Las mentiras del falso

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Paola Domínguez Boullosa 04/12/2013 00:00
Las mentiras del falso

Caer una vez y levantarse es de sabios, caer dos, por el mismo concepto… es de necios. Porque todos alguna vez hemos experimentado el desengaño de aquello que creíamos una verdad y hemos caído, y la caída trae consigo —siempre que se le reconozca— un difícil aprendizaje y, a la par, un firme compromiso: el compromiso de no volvernos a fallar, de no volver a fallarnos a nosotros mismos, a nosotros, quienes finalmente hemos sentido esa afectación, independientemente de quién la haya provocado, ya que el aprendizaje es absolutamente personal.

Se lo comento porque cada vez, con mayor agilidad, los seres humanos van desarrollando la capacidad de mentir y falsear información con más facilidad. Difícil de comprender, cuando nunca como hoy, la libertad de expresión —en algunos casos— había sido tan bien tolerada. Terrible, porque en lugar de ejercer nuestro derecho a la autenticidad, muchos prefieren ejercer su derecho a la mentira, a expresar lo que creen ser y que no son, o sí, porque el que miente termina por ser un falso retrato de lo que es en realidad, pero tan real que se mimetiza con su juego de mentiras…

Una cosa es mentir en determinada ocasión, a fin de proteger o evitar daños mayores, pero otra muy diferente es mentir de manera reiterada a fin de intentar protegerse para evitar daños menores. El que miente sabe muy bien por qué lo hace y negarlo es, simplemente, una más de sus tantas mentiras. La mentira es simplemente eso, una expresión contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa, es decir, el que miente siempre tiene la intención de engañar.

Y en esta capacidad humana, por desgracia en desarrollo, llegamos a confundir la mentira con la falsedad.

La falsedad es también una expresión incorrecta, pero que va de la mano con lo que sabemos, creemos y pensamos, es por lo tanto una manifestación equivocada acerca de lo que se cree que es verdad. Sin embargo, la confundimos porque en el ejercicio de la mentira reiterada, no queda más claridad que el recuerdo de las propias mentiras y, por lo tanto, esa “verdad”, que en realidad es una mentira, se convierte en la verdad del falso, y es por eso que las mentiras del mentiroso lo convierten en falso.

Y lo malo del falso no es sólo que vaya en contra de la verdad sino que va en contra de su propia autenticidad, de su propia verdad. Por eso las mentiras del falso le hacen perder, y no porque los afectados se den cuenta de la confusión que se manifiesta en su vida, sino porque el mentiroso se pierde en ese mundo de mentiras que a la larga su esencia natural no puede soportar o sí, porque está sujeto a ese único punto que le destaca: la mentira del falso.

Pero como bien dice Miguel de Cervantes, “la falsedad tiene alas y vuela, la verdad la sigue arrastrándose, de modo que cuando las gentes se dan cuenta del engaño ya es demasiado tarde…” Tarde para el mentiroso y tarde, quizás, para aquellos a quienes le ha mentido. Pero al final, sólo es cuestión de tiempo el que todos caigan: mentiroso y ofendido, la diferencia es qué pasa cuando caen, sí es que se dan la oportunidad de hacerlo…

El mentiroso simplemente volverá a generar una mentira para no hacerse responsable de los daños que causa y, por supuesto, le permita evadirse de esa realidad en la que vive, porque finalmente esa es la razón de todas sus mentiras. El ofendido no tendrá más que aprender… soportar sus daños y seguir adelante, y, si es honesto consigo mismo, posiblemente hasta agradecer ese desliz que la vida le ha dado para darse cuenta de que al final, en el juego de las mentiras, nada se pierde porque en realidad nada existió, al final se gana porque se gana el aprendizaje, difícil, doloroso, indeseado, pero se gana, se gana el valor y la fortaleza, se gana la sensibilidad, se gana la renuncia al daño y se gana en autoestima, porque quien deja de ser rehén y cómplice de las mentiras de un mentiroso gana… Siempre gana.

Usted elige si sigue dando coba al mentiroso o se deslinda y abraza su aprendizaje, que finalmente, será parte importante de su evolución. Usted elige si sigue siendo parte de la mentira del falso, convirtiéndose en una mentira más, o se decide por regresar al mundo de la verdad, que bien que mal es el más cercano a la realidad y el único en el que posiblemente nunca tenga que dejar de ser usted mismo, si así lo desea, y al mentiroso déjelo en su falsedad, no importa cuánto haga o diga, sólo ganará otra mentira que apacigüe —si cabe su mente—, hasta que vuelva a mentir.

Por eso hoy le invito a usted que aún cree, que la autenticidad vale más la pena, que no ceda ante la debilidad de presentarse como alguien que no es. No entre al juego de máscaras, créame, al final no hay mayor libertad y paz que ser uno mismo y saber que puede circular por este mundo con la cabeza en alto y desprovisto de todo temor que le impida expresarse y vivir conforme a lo que piensa y siente… y no importa al final si lo que haya vivido haya sido una mentira, al final, para usted, fue parte de su realidad y, seguro, parte de algo más grande… aprenda, suelte y siga adelante, porque todo pasa y todo llega…

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