Poderes, dineros y expresiones

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Oscar Benassini 19/06/2014 00:00
Poderes, dineros y expresiones

Futboleros días, como tienen que ser. Para qué más vamos a pausar tantos asuntos que a muchos pueden resultar fundamentales y que no se comparan con jugar futbol; juegan los que están en la cancha y todos los que los vemos estamos jugándonos cada quien lo nuestro: afectos, afinidades, coraje, garra, técnica y sobre todo competencia, en un mundo que en tanto y para tanto parece renunciar cada día más a ella.

Y en eso se agarran dos poderes en aras de la cultura, inadvertidos de por sí dada la naturaleza del tópico, ausentes de la conciencia de nuestras almas futboleras. Al Congreso, en particular a los señores diputados, le ha incomodado que dos mil 600 millones de pesos que el Presupuesto de Egresos destinó para gastar en la cultura durante el ejercicio 2014, no resulten asignados ni estén siendo ejercidos por sus votantes. Conaculta les ha representado el atorón, porque el Consejo Nacional, facultado para revisar, evaluar y sancionar los proyectos culturales de la totalidad de las entidades federativas del país, no parece tener prisa en esa tarea. Dicen los diputados que sus representados, los comprometidos con la cultura para este caso, presionan en vías de obtener sus fondos. Son 470 proyectos culturales de estados y municipios los que parecen comprometidos. Los diputados dicen que ellos habían etiquetado los dineros, esto es, los asignaron y ahora no parecen encontrarle garantía a sus decisiones.

Claro que Conaculta ha ofrecido destrabar el ejercicio, sin declarar que para ello pasará por alto su facultad dictaminadora, propia de instancia del Ejecutivo encargada de proponer, propiciar, fomentar, apoyar y evaluar las muy diversas modalidades de expresión artística y cultural. Llama la atención, de verdad, que los diputados soliciten a Conaculta tenga a bien no “ventilar” los dictámenes adversos a los proyectos de sus estados y municipios. Al parecer tales dictámenes ponen en duda la viabilidad de los proyectos, facultad de Conaculta, pero los populares representantes consideran que hacer públicos los dictámenes poco favorables resulta contrario a los derechos de los “creadores”.

Creatividad, pues, por consenso legislativo: te toca expresarte, te damos dinero (“donativos”), y el punto no es si la aptitud expresiva lo justifica; basta con ser “promoviente” y aparecer en el presupuesto de egresos. De más insistir en mi espacio, acerca del arte y la cultura prohijados y tutelados por el Estado. Pensar en los impulsos, los talentos, los afanes y las labores de las artes nos lleva, de modo mágico pero clarísimo, a esa dimensión de lo coloquial, anecdótica, valiosa per se cada obra en tanto responde a la necesidad del artista. Una nación enorme, corporativizada, globalizada, malévolamente politizada, cuyos poderes suponen que habrá cultura si ellos legitiman los votos recibidos por vía de la gestión que permita gastar e impida calificar los merecimientos de lo que se pretenda crear.

Para quienes hagan cine, literatura, teatro, danza, pintura o escultura es claro que el mundo global y corporativo, “macro”, les regatea lo que vale el trabajo artístico, les cicatea lo poquito que habría de darles. Blanca Guerra, presidenta de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas insistió en un punto durante la entrega de los premios Ariel 2014: nuestras películas pueden ser magníficas, pero su distribución es la que determina que triunfen o fracasen. El creador a manos del distribuidor: dónde y por cuánto tiempo exhibo tu película y hasta ahí llegaste. Ni hablar de la industria editorial, porque quienes hacen libros se hallan secuestrados, de nuevo, por los distribuidores, que se llevan una tajada enorme y pueden hacer fracasar a la mejor de las obras. Piénsese también en la curaduría y la administración de museos y galerías, esenciales para los artistas plásticos, lo mismo que los espacios públicos y privados para el teatro y la danza. Esos tienen que ser los temas de nuestros “poderes” con Conaculta, con una propuesta que habría de servir: que del (tan temido) dictamen se desprenda el compromiso con la obra a través de su difusión. De qué sirve que los que votaron por mí reciban su “donativo”, augurio de nuevas campaña, votos y puestos, si no entiendo al Estado mexicano como corporativo distribuidor de lo que sí sirve. Yo no quiero, por ejemplo, que alguno de los múltiples certámenes literarios me premie algún libro por obra y gracia del presupuesto 2014 y sus testaferros. Preferiría sin duda que se vendiera en los establecimientos de Conaculta, y claro, si se pudiera, mediante arreglos más justos con los distribuidores. Algo así para el cine, el teatro, la danza o la plástica.

Twitter: @obenassinif

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