Ladrones

“La escuela es horrible”, había declarado Alejandra hace buen tiempo.

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Oscar Benassini 10/04/2014 00:00
Ladrones

“¿Quién me ha robado el mes de abril? (lo guardaba en el cajón donde guardo el corazón)”, pregunta Joaquín Sabina para que cada quien escoja su personal ladrón de primaveras. Enturbiado como vive México años ha, de pronto no es fácil elegir ratero, para que se resista uno a cambiar gesto y  disposición con el arranque de lo mejor del año hasta que tres o cuatro cifras que trae el periódico obliguen a sabernos robados. El Censo de Escuelas, Maestros y Alumnos de Educación Básica y Especial, resulta sencillamente devastador. “La escuela es horrible”, había declarado Alejandra hace ya un buen tiempo, para que sin más, asumiera yo su sentencia como buena a falta de cualquier argumento sensato, pero de Vasconcelos, Torres Bodet o Agustín Yáñez y los tiempos del saludo a la bandera, el himno, y los libros de texto que no eran de chocolate, porque nunca trajeron errores, a este siglo maldito de alianzas panistas con la maestra Gordillo, hay una distancia imposible de recorrer de regreso. No mucho tiempo antes de morir, Carlos Fuentes admitió que con el resquebrajamiento nacional de la política y la economía, los mexicanos que ya no podíamos creer en ellas no teníamos más vía que creer en la cultura. También de eso nos han despojado, con un diagnóstico de la escuela mexicana que ofrece un panorama imposible para la cultura si cada vez nos vemos más distantes de la educación. Supone uno que sólo se trata de Oaxaca y de la coordinadora nacional, sobre todo si Gabino Cué nos sigue sorprendiendo con sus coordinadoras alianzas, para parcelar la decepción y el duelo, pero los datos crudos del censo imposibilitan cualquier visión optimista. En México hay más de 23 millones de alumnos en escuelas de enseñanza básica, media básica y especial. Más de 40% de los planteles de Chiapas, así como un poco más de 27% en Oaxaca y Michoacán nomás no quisieron ofrecer información al censo, para que no haya quien mande en el sector en tres entidades federativas; ¡de horror! La enseñanza en primarias y secundarias dispone de un millón 949 mil plazas para maestros, y apenas un millón 128 mil imparten clases. ¿El resto? Habrán de ocupar comisiones sindicales o se dedicarán a bloquear carreteras y avenidas de la Ciudad de México, las cifras dicen que un poquito más de 40% de los maestros que cobran estas plazas no enseña; ni lo intenta siquiera. Existen más de 261 mil planteles escolares, y de ellos más de 48%, ¡no cuenta con drenaje!, así que los niños deben ir a la escuela sin ir al baño; el rezago no puede ser más escatológicamente trágico. En casi 31% de estos planteles, un estimado de cinco millones de niños y adolescentes mexicanos no puede saciar su sed durante la jornada de enseñanza, porque sus escuelas no disponen de agua potable. Casi 13% de las escuelas, ¡ni siquiera tiene sanitarios!, y un poco más de 11% no dispone de energía eléctrica. Ya para qué le seguimos con sutilezas como el contenido de los programas, su orientación o la calidad con la que se imparten, evidente como resulta que nuestros niños y jóvenes viven secuestrados por un sistema de educación pública que hubo de convertirse en botín político, en ofrenda grotesca a doña democracia. Y sí, ya somos un país que ha alcanzado la alternancia en el ejercicio del poder, a costa del desmantelamiento de nuestro sistema educativo. La desgracia de los mexicanos que más debieran contar y que parecen cientos de miles, millones de proyectos de ninis, no consigue más que la nacional apatía. Huérfana de escuela como ha quedado la niñez mexicana, apenas conseguimos parapetarnos en las consignas que se van volviendo clásicos de la hipocresía: combatimos el bullying o la trata, defensores incansables de los derechos infantiles, y unos cuantos datos de una encuesta como tantas nos dicen que nuestras escuelas públicas han quedado postradas, indefensas ante absurdas cuotas de poder, federales o locales. Imposible, lo entiende cualquiera, alguna oferta cultural para niños sin educación. Claro que con los “profes” se ganan elecciones, y a nadie, pero de verdad a nadie parece importarle el costo enorme. Primavera robada, pues.

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