La mujer en el Ejército mexicano
Jorge Nuño Jiménez * Con motivo de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, es menester hacer un justo reconocimiento a la participación de las mujeres que han enriquecido al país con enormes aportaciones sustantivas en todas las ...
Jorge Nuño Jiménez *
Con motivo de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, es menester hacer un justo reconocimiento a la participación de las mujeres que han enriquecido al país con enormes aportaciones sustantivas en todas las actividades de la sociedad mexicana, después de un largo proceso de luchas sociales y de reivindicación inspiradas en la “igualdad ante la ley”. Este principio, que fue la piedra angular para que el constituyente ordinario reformara el artículo cuarto constitucional en 1974, que estableció la igualdad jurídica de la mujer ante la ley, reconociéndola como la protectora de la organización y desarrollo de la célula básica de la sociedad como es la familia, y portadora de sabiduría y tradiciones fundada en viejos principios latinos como el que preconiza: “mater semper certa est”, que se traduce en el sentido de que la madre siempre es cierta. La reforma anteriormente mencionada estableció libertades para decidir de manera libre y responsable sobre el número y espaciamiento de los hijos, pensando en principios de la libertad fundada en la responsabilidad.
El Ejército mexicano no fue ajeno a la participación de las mujeres, ya que acompañaron a una gran cantidad de contingentes revolucionarios con el adjetivo de “soldaderas”, como heroínas ejemplares en las batallas, corriendo riesgos y que muchas veces participaron directamente tomando el fusil cuando el soldado caía en el fragor de la batalla, proceso en el cual fallecieron más de un millón de mexicanos.
La mujer se incorporó en esta etapa turbulenta, eran esencialmente de origen campesino y obreras, dejando un enorme legado en la contienda civil, como fue el caso de las fuerzas magonistas, maderistas y constitucionalistas que enarbolaron la bandera de la democracia, llegando hasta la contra revolución, la quinta columna o el caballo de Troya, que fue el huertismo, inspirado desde la embajada de Estados Unidos.
El México moderno no se puede explicar sin la participación de la mujer, que transformó a nuestro país con la presencia de quienes dieron un ejemplo de convicción luchando en distintos frentes, quedando muchas veces como leyenda, mito en la historiografía, corridos populares y en la literatura de la novela de la Revolución.
Durante la Revolución, la mujer empieza a salir de los estrechos límites de la servidumbre en el hogar, para desarrollar en aquel entonces muchas actividades que la prensa de principios del siglo pasado ya recogía, sentimientos de emancipación de estas esposas y madres abnegadas, concurriendo muchas veces al llamado del clarín, iniciándose de esta manera los primeros movimientos feministas, que ya habían aparecido en Europa y Estados Unidos, grupos de mujeres que se manifestaban con un espíritu progresista e innovador de la época.
Las mujeres mexicanas cobraron conciencia en medio de una sociedad llena de prejuicios y atavismos y, por qué no decirlo, misoginia, que les negaba todo derecho de participar en actividades intelectuales, profesionales y políticas fundadas en una sociedad injusta y desigual.
Recordemos el enorme legado inolvidable en nuestros movimientos de emancipación e Independencia Nacional como fue la corregidora de Querétaro, doña Josefa Ortiz de Domínguez; Leona Vicario, gran partícipe de la Independencia, quien por su propio peculio financió actividades insurgentes; doña Gertrudis Bocanegra, aliada del padre de la patria, don Miguel Hidalgo y Costilla, quien fue descubierta y sentenciada a muerte por no dar información de las fuerzas insurgentes. Y por qué no recordar el enorme legado de un mujer digna como fue doña Margarita Maza de Juárez, compañera inseparable del Benemérito de las Américas, don Benito Juárez García.
Años más tarde, en este ambiente surgiría la primera organización feminista denominada Sociedad protectora de la mujer, creada por María Sandoval de Zarco, quien sería la primera abogada graduada en México, quien fue seguida por otra corriente de mujeres que deseaban la participación en la sociedad, con actividades intelectuales y el cultivo de las ciencias.
Es importante el primer antecedente emancipador de las organizaciones revolucionarias, impulsadas por el “magonismo”, en el cual surgen las denominadas “Hijas de Anáhuac”, quienes fueron trabajadoras de las industrias textiles de Tizapan, en el sur de la Ciudad de México, quienes muchas veces por demandar derechos sociales fueron encarceladas y reprimidas.
Los distintos contingentes del movimiento revolucionario como fue el “villismo”, el “zapatismo” y el “movimiento constitucionalista”, todos y cada uno de ellos fueron acompañados por contingentes femeninos, quienes atendían los servicios de alimentación y sanidad en la vida de los campamentos, cumpliendo misiones que quedaron invisibles y olvidadas; podemos recordar el caso de Tomasa García, mujer extraordinaria que en Ciudad Juárez les decía a los soldados: “Órale, éntrenle y él que tenga miedo, que se quede a cocer frijoles”, afirmando que también estaban listas para combatir y reivindicarse.
Subrayo como un ejemplo digno y sin ánimo de alabanza o exageración, la participación de Hermila Galindo, quien fuera secretaria particular de don Venustiano Carranza, impulsora y creadora del Semanario ilustrado de la mujer mexicana; adelantándose a su época afirmaba que las mujeres debían participar en asuntos políticos y no ser solamente un ente subordinado al hombre; originaria de Lerdo, Durango, dotada de una inteligencia precoz y capacidad de oratoria, fue quien pronunció aquel discurso de bienvenida ante el primer jefe del Ejército Constitucionalista en su entrada victoriosa a la Ciudad de México, cosa que impresionó profundamente a ese hombre visionario por su extraordinaria agilidad mental y su entusiasmo cuando ella apenas tenía 17 años; tal vez ésta fue la razón para que la invitara a participar con él como secretaria particular.
Fue Hermila Galindo una mujer singular, luchadora en la campaña por el constitucionalismo, en la Habana, Cuba, Colombia y otros países más, donde dio a conocer la doctrina de Carranza, divulgado también desde la tribuna en una enorme acción propagandista en pro del feminismo, adoptando posiciones de vanguardia en temas como el divorcio, la protección del niño, sexualidad, prostitución y la política. Temas que influirían poderosamente en los inicios de la educación de la época y que seguramente fueron plasmados en el texto constitucional del artículo tercero en 1917 que con un gran orgullo impulsó valores supremos, no solamente de libertad sexual, sino de participación política.
Siguiendo esta tradición de grandes ejemplos, que sería difícil enumerar en este corto artículo, el Ejército mexicano abrió sus puertas de par en par para que tuviera acceso la mujer mexicana. Desde 1938 se les permitió ingresar a la Escuela Militar de Enfermeras, en 1973 fue posible el ingreso de algunas mujeres a la Escuela Médico Militar y tres años después a la Escuela Militar de Odontología.
Posteriormente, se decretó el principio de igualdad en las Fuerzas Armadas, por lo cual se dio plena participación de la mujer en el Ejército mexicano, a través de 17 de sus 39 planteles de educación militar, entre ellos el de Ingeniero Militar y Pilotos Aviadores. Reconociéndoles todos sus derechos de igualdad que marca la Constitución.
Por todos estos motivos debemos reconocer el trabajo enorme que la Secretaría de la Defensa Nacional ha realizado, incluyendo en todos sus organismos, dependencias e instituciones para que la mujer tenga las mismas oportunidades de desarrollarse profesional, económica y socialmente, demostrando que el compromiso con la igualdad de género ha enriquecido a nuestras Fuerzas Armadas que hoy coadyuvan en tareas para salvaguardar y proteger la seguridad interior de la nación.
* Director general del Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo A.C.
