Desarrollo para mejorar seguridad

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Opinión del experto nacional 14/06/2014 01:41
Desarrollo para mejorar seguridad

Por Íñigo Guevara y Moyano*

México se encuentra en el momento óptimo para implementar una política de adquisiciones que convierta al gasto en defensa en inversión para el desarrollo nacional, generando empleos y oportunidades que ayuden eventualmente a mejorar las condiciones de seguridad pública.

Quien piense que en México se derrochan los impuestos en juguetes y salarios para las fuerzas armadas está en un rotundo error.  En México durante 2014 se asignó a las Fuerzas Armadas el 0.60% (cero punto seis por ciento) del Producto Interno Bruto (PIB). El presupuesto de defensa promedio en América Latina es de 1.3% del PIB (el doble), mientras que en el resto del mundo es de 2.4% (el cuádruple), según el Instituto de Investigaciones para la Paz de Estocolmo (SIPRI).   Analizando a detalle, la proporción del presupuesto asignado en México al gasto corriente es del 87%, lo que deja menos de 1% para investigación y desarrollo (I+D) y sólo 12% para gastos de capital, es decir, adquisición de equipo, tecnología e infraestructura.

Con estas cifras y proporciones constantes, la modernización de las Fuerzas Armadas tradicionalmente se limita a los rubros considerados operativamente urgentes y políticamente correctos. En los últimos años se dio prioridad a remplazar los medios de transporte terrestres y aéreos, que son necesarios para mover tropas, pero también para transportar víveres a zonas afectadas por desastres en apoyo a la población civil. El incremento en la violencia obligó a modernizar las capacidades de seguridad interior, protección de instalaciones estratégicas, patrulla costera y vigilancia aérea.

Se retiró de servicio aviones, helicópteros, embarcaciones, equipo de comunicación, radares  y vehículos terrestres que acumulaban 40 a 50 años de servicio, equipo cuyo mantenimiento no sólo era costoso, sino que por su avanzada edad sólo podía ser descrito como artesanal, ya que las piezas de refacción tenían que ser construidas en talleres o adquiridas a museos. Los reemplazos llegaron en números modestos y de fuentes tan variadas como Alemania, Canadá, Chile, España, Estados Unidos, Francia, Holanda, Israel, Italia, República Checa, Rusia y Suecia. Con esta variedad surge un desafío logístico para brindarles mantenimiento apropiado, que debe de ser apreciada como una oportunidad para establecer un sector industrial-tecnológico, con capacidades de uso dual (civil y militar) y que eventualmente pueda exportar sus servicios de mantenimiento y modernización a otros países.

Este escenario se potenciaría si México adopta una política de compensaciones económicas, industriales y comerciales para las adquisiciones estratégicas del sector defensa y seguridad nacional. Mediante este mecanismo se condiciona al proveedor del equipo a reinvertir hasta cien por ciento (o más) del valor del contrato en el país comprador en un periodo de tiempo acordado. Esta reinversión puede tomar muchas formas, puede ser directa como la instalación de empresas subsidiarias que fabriquen componentes o líneas de montaje, o indirecta, mediante inversión en  universidades o centros de desarrollo tecnológico, becas para estudios de posgrado en el país proveedor, promoción del turismo en México, apertura de mercados internacionales para sectores productivos mexicanos.

El mecanismo de  compensaciones económicas para el sector defensa es una práctica en uso por más de 100 países que en 2013 reportó reinversiones por más de 75 mil millones de dólares, incluyendo a Brasil, Colombia, Corea del Sur, Chile, Perú, India, Indonesia, Tailandia y Turquía.  Este último, por ejemplo, anunció en 2013 obligaciones de empresas extranjeras para reinvertir 18 mil millones de dólares. Es así como países en vías de desarrollo logran también financiar grandes proyectos estratégicos.

En México, se requiere remplazar gran parte del equipo de las Fuerzas Armadas que no se ve en las calles día a día. Fragatas de 50 años, piezas de artillería de 70 años, blindados de 60 años y aviación de combate y de transporte pesado que ya llegó a su obsolescencia. Todo ello, equipo estratégico cuyas versiones modernas pueden ser empleadas tanto para labores de defensa como de protección a la población civil, pero que remplazar en conjunto requerirá inversión de entre siete y 10 mil millones de dólares. A esto habrá que sumarle la inversión necesaria para brindar seguridad a la infraestructura del sector energético o crear una capacidad de defensa o por lo menos presencia en el espacio y ciberespacio.

El emprender estos proyectos de la mano de una política de compensaciones económicas permitiría convertir este gasto en inversión, que deberá incrementar el capital industrial, intelectual, científico y tecnológico de México, permitiendo crear miles de empleos bien remunerados y el índice de desarrollo humano.

Retaguardia
Cabe mencionar que hay un incipiente sector industrial de defensa dirigido por  Sedena y Semar que en años recientes se ha enfocado en el diseño, ensamble y producción de equipo, principalmente para seguridad interior, desde vehículos tácticos, buques de apoyo logístico, patrulla e interceptación, hasta fusiles y aviones no tripulados. Hay también una compañía de defensa que produce aviones no tripulados en Jalisco, por lo que ya hay un referente en el sector privado.

Si sumamos a esto que en 2012 México fue aceptado al Acuerdo de Wassenaar –un régimen multilateral de controles de exportación para equipo de alta tecnología formado por una comunidad de 41 países– que facilita la creación de industrias nacionales y subsidiarias extranjeras de alta tecnología, obtenemos las condiciones adecuadas para emprender grandes proyectos estratégicos en el sector defensa que impactarán también en fortalecer a la economía nacional.

*Consultor sobre seguridad nacional. Universidad de Georgetown

 

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