Lorenzo Zambrano: In memoriam

El empresario recientemente fallecido dejó una compañía visionaria y de alcance mundial.

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Opinión del experto nacional 26/05/2014 01:34
Lorenzo Zambrano: In memoriam

Por Thomas McLarty *
 

El nombre de Lorenzo Zambrano no era famoso en Estados Unidos.  Sin embargo, el empresario mexicano dejó una huella en miles de hogares y construcciones estadunidenses y convirtió su empresa familiar, Cemex, en una compañía visionaria y de alcance mundial. Cuando falleció la semana pasada, de causas naturales, los temblores se sintieron por todo el mundo.

Nuestros caminos se cruzaron con frecuencia en los círculos empresariales y políticos durante los últimos 20 años, mismos que correspondieron a un periodo de cambio acelerado en la relación entre México y Estados Unidos. Zambrano personificaba lo mejor de este cambio. Mirando hacia atrás, su vida y su carrera representan lecciones importantes sobre la región, el comercio internacional y el liderazgo empresarial.

Como presidente del consejo de administración y director general, encabezó la transformación de Cemex en la tercera cementera del mundo y la primera de Norteamérica. Con base en Monterrey, Cemex opera en 50 países y se considera una de las primeras empresas de un país en desarrollo en alcanzar un nivel mundial.

Pero lo más impresionante no es lo que Zambrano logró hacer con su empresa, sino la manera en que lo hizo. Inventó el “Cemex way”, enfocándose en nuevas tecnologías y métodos estandarizados que favorecían la transparencia, la innovación y la eficiencia.  En una industria que pareciera gris por definición, introdujo una dinámica cultura de responsabilidad social, cuidado ambiental y formación ejecutiva.

También fue un ejecutivo modelo. Aun y cuando era uno de los empresarios más ricos y poderosos de México, no jugaba el papel de magnate. Caracterizado por su generosidad, modestia y curiosidad, fue un estadista enteramente comprometido con la democracia y la participación cívica. Siguiendo la tradición filantrópica de los industriales fundadores de Monterrey, donó parte de su fortuna en apoyo a la educación, las artes y las causas de protección ambiental. Según Enrique Krauze, Zambrano describía su filosofía personal con la frase “Good things happen to good people.”

No fue por casualidad que el surgimiento de Cemex coincidiera con la firma del Tratado de Libre Comercio a principios de los años 90.  Zambrano aprovechó la oportunidad no sólo de crecer, sino también de modernizar la industria.  Mientras México pasaba de ser una de las economías más cerradas del mundo a una de las más abiertas, Zambrano puso en su mira al exterior y reconoció el potencial de una plataforma manufacturera en todo Norteamérica. Otros siguieron su pauta.

Cemex empezó a comprar cementeras extranjeras, incluyendo la texana Southdown en 2000. Con cada adquisición, el “Cemex way” resultaba en empresas más competitivas y más rentables. Siempre innovador, Zambrano encontró maneras creativas de crecer mundialmente. Frustrado por el alto costo y la ineficiencia del servicio telefónico nacional, invirtió en una red de comunicación satelital para estar en contacto constante con ejecutivos y plantas a través del mundo.

Mientras que abastecía los mercados internacionales, Cemex nunca perdió de vista al consumidor individual, sobre todo en los países pobres donde muchos construyen su vivienda con sus propias manos. Cemex perfeccionó la entrega del cemento premezclado, “tan rápido como pedir una pizza,” según un estudio de la Escuela de Negocios de la Universidad de Stanford. La empresa desarrolló programas para hacer llegar materiales de construcción a manos de familias de bajo ingreso.

El éxito de Cemex ha sido causa de orgullo nacional en todo México. Zambrano  se dedicó particularmente a su ciudad natal de Monterrey, a unos 240 kilómetros de la frontera con Texas. Fue presidente del consejo de su alma mater, el Instituto Tecnológico de Monterrey (obtuvo también una maestría en administración en Stanford), y ayudó a que el Tec ampliara sus campus por todo el país.

En los últimos años, Monterrey fue víctima de la violencia del narcotráfico que se expandió por todo el norte de México.  Zambrano fue crítico de las familias adineradas que abandonaron la ciudad y aportó recursos al gobierno estatal y a las agencias del orden público para combatir la inseguridad. Fueron años difíciles también para Cemex, al estallar la burbuja de vivienda en Estados Unidos al mismo tiempo que la empresa hacía su mayor adquisición extranjera y el monto de su deuda amenazaba con quebrarla.

Pero Cemex se ha recuperado, y Zambrano veía signos de esperanza tanto para México como para la economía mundial.  En una entrevista pocos días antes de su muerte, a la edad de 70 años, sonaba optimista. La inseguridad en Monterrey ha disminuido. Los negocios se recuperan. Zambrano aplaudió las reformas del presidente Peña Nieto, afirmando que “estamos construyendo un México nuevo y hay que irlo acomodando ladrillo por ladrillo.”

Ante una pregunta sobre su legado, Zambrano citó un libro favorito: el bestseller Built to Last:  Successful Habits of Visionary Companies (Construido para Durar: Hábitos Exitosos de Empresas Visionarias).

“Eso es lo que buscamos, que la empresa siga sola,” dijo.  “Cuando me dicen que Lorenzo Zambrano y Cemex son uno mismo, no es cierto.  El éxito es que siga la empresa por sí sola mejorando.”

* Fue jefe de gabinete y enviado especial al continente Americano durante la administración del Presidente Bill Clinton.
 En la actualidad es presidente de McLarty Associates y McLarty Companies.

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