Es hora de enterrar el hacha para salvar nuestras pieles

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Opinión del experto nacional 18/02/2014 02:18
Es hora de enterrar el hacha para salvar nuestras pieles

Por Carlo Dade*

 

El mayor problema con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y el proyecto más grande de una América del Norte más integrada, es que las cosas funcionan bastante bien.

Sin una crisis o una amenaza inminente, de competencia o no, para enfocar las mentes, en América del Norte nos hemos vuelto complacientes y contentos con lo que es, a pesar de todo el ruido que viene de Toluca, un acuerdo comercial de segunda.

Cuando se negoció el TLCAN Al Gore aún no había terminado de inventar el internet y el sedán era el coche más popular en México.

Los tiempos han cambiado. El sedán se ha actualizado, pero el TLCAN no.

Durante casi toda la historia del TLCAN, en las últimas dos décadas, no hubo presión real ni motivos para preocuparse por lo “suficientemente bueno”. Pero con el surgimiento de nuevos y trascendentales acuerdos comerciales, “2.0” como la Alianza Transpacífico, la Alianza del Pacífico y los acuerdos de la Unión Europea (UE) con Canadá y más aún, con Estados Unidos, todo ha cambiado drásticamente.

Estos acuerdos se refieren a comercio electrónico y movimiento de personas, superan de lejos al TLCAN y para aquellos países que firmen ofrecen nuevas oportunidades y vías de acceso al mercado de Estados Unidos.

Canadá y México enfrentan, repentinamente, la posibilidad real de tener que compartir sus privilegios y ventajas únicas en el mercado de Estados Unidos con docenas de nuestros competidores más queridos y más cercanos. Y lo peor es que pueden tener ventajas que no tengamos.

México es consciente de este peligro y ha respondido, en parte, al unirse a la Alianza del Pacífico. Canadá no tiene y, sorprendentemente, no parece que trate.

Parte de la razón es que Canadá se mantiene distante de la idea y la realidad de América del Norte. Esto se ve en su fría respuesta a la idea mexicana de un eventual acuerdo TLC-UE y su descuidada decisión de golpear a la competitividad de América del Norte con la imposición de “la” visa.

Los canadienses nunca se sumaron inmediatamente a la idea de una América del Norte que incluyera tres países. Una exploración de columnistas de periódicos que se remonta a un par de años todavía muestra artículos titulados “Norteamérica, ¿una mesa para dos?” escritos por prominentes asesores del actual gobierno en Ottawa.

Ese punto de vista cambia lentamente a medida que una generación llega a la jubilación y emerge otra, más abierta a ver más allá de Estados Unidos es también una generación que ha crecido con el nuevo México, el que tiene una clase media mayoritaria. Es la generación en Canadá que no se ríe cuando ve una camiseta con la palabra “bimbo” (mujer cabeza hueca en argot) en él.

Pero no podemos esperar a que el tiempo derrote a la oposición de Canadá a América del Norte. Las relaciones están de repente en su punto mas bajo de todos los tiempos. México está molesto con Canadá; Canadá está molesto con los EU y los estadunidenses parecen cansados de todo. De repente, el TPP (acuerdo transpacífico) comienza a verse más como una estrategia de salida del TLCAN que como una nueva y valiosa oportunidad.

Si América del Norte va a ser “salvada” y con ella nuestro —es decir, México y Canadá— acceso privilegiado al mercado de Estados Unidos, entonces se necesitará que los dos países trabajen juntos.

No es que los Estados Unidos no tenga interés en reinvolucrarse en el TLCAN. Todo lo contrario, el gobierno de la Unión Americana y el sector privado ven la necesidad y posibilidades. También ven y entienden que esto sería un suicidio político.

En Estados Unidos tenemos un presidente que gratuita y alegremente lanzó al TLCAN bajo el proverbial autobús durante su primera campaña presidencial. Esto no es un pecado per se, pero su actual actitud impenitente lo es. También envía una señal contundente de sus verdaderos sentimientos. Hay además una oposición activa para cualquier conversación sobre los acuerdos comerciales. de los partidos del té en la derecha a los trabajadores organizados y los demócratas liberales. Y los dos grupos aún reservan su ira para el TLC. No es coincidencia que los críticos de un acuerdo comercial entre Estados Unidos y la UE lo llamen “TAFTA”.

En resumen, hay realmente sólo dos cosas que evitan que los estadunidenses participen en el TLCAN —el miedo y el sentido común.

Así que eso deja Canadá y México.

Si América del Norte va a ser revisada tiene que empezar con que el primer ministro (Stephen) Harper y el presidente (Enrique) Peña Nieto encuentren un interés común en el camino de la Ciudad de México a Toluca.

Y eso tiene que comenzar con que el primer ministro haga concesiones importantes y significativas sobre la cuestión de los visados, hechas para América del Norte no para México. También requiere que México demuestre que no es el mismo con el que Canadá y Estados Unidos firmaron el TLC hace 20 años y que está listo para asumir más responsabilidades de una manera seria y sostenida.

Toluca será como cuando la marmota sale en Canadá y Estados Unidos para augurar la duración del invierno; y si los líderes surgen con noticias positivas sobre una nueva América del Norte y el TLCAN 2.0 podría ser el signo de una nueva primavera en América del Norte, sin pensar en el invierno nuclear.

*Director, Centre for Trade & Investment Policy The Canada West Foundation

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