'Renave' de mascotas

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Miriam Mabel Martínez 15/06/2014 01:08
'Renave' de mascotas

El capitalismo tardío tiene el “don” de transformar todo en un producto consumible. Nada escapa, ni las mascotas: perros, gatos, peces, tortugas, hurones… son parte no sólo de la cotidianidad urbana, sino protagonistas de derechos, responsabilidades y obligaciones. Pareciera que todos han perdido la razón, por una parte los dueños —sí, tengo un perro recogido hace diez años— hemos volcado nuestras neurosis y necesidades en las mascotas, de ahí que muchos crean que sus perros son “perrijos” y los vistan con marcas de lujo, les den alimento gourmet, les hagan cortes de pelo especiales y los traigan en la calle sueltos para demostrar la buena educación del perro y del dueño, pasando por alto las leyes que nos obligan a traer a nuestras mascotas —perros— con correa, levantar las heces, vacunarlos, colocarles una placa de identificación, atenderlos y, por supuesto, quererlos. Eso ya estaba en la ley, una que muchos, no sé si mayoría o minoría, pero sí muchos se pasaban por alto porque ellos son la excepción. Excepción que se fue haciendo regla (pese a que sí habemos dueños responsables, quienes aunque adoramos a nuestras mascotas tenemos claro que eso son) creando posturas maniqueístas entre amantes y opositores de las mascotas, y creando un mercado de “lujo” a una costumbre que el hombre ha practicado por siglos.

Los animales de compañía son parte de la cultura humana, ¿qué hubiera sido de Ulises sin Argos? Sí, muchos de los dueños han actuado irresponsablemente, cierto, pero no es la mayoría. Es verdad que hay sobrepoblación de perros y gatos, que la gente compra una mascota y luego ya no sabe qué hacer con ésta, pero nada de ello justifica una ley de protección a los animales tan reaccionaria. Nadie niega que el uso del microchip sea benéfico, sobre todo porque facilita la creación de un censo, pero hay una incógnita: ¿qué harán con los perros y gatos sin “dueños”? ¿Quién asumirá el costo? ¿No se supone que la gente que compra un perro en las tiendas de mascotas les son entregados con chip? Sí, queremos que los animales sean cuidados y no abandonados, sí, pero la solución no es la imposición de leyes que carecen de la asesoría de los especialistas y de una revisión de las leyes homólogas de otros países o la de la ONU. ¿Por qué crear una nueva en lugar de afinar la ya existente?

¿Por qué nos da miedo la continuidad? ¿Es tan difícil pensar en la creación de una política más comunitaria y a largo plazo?

Las reformas a la Ley de Protección de Animales del Distrito Federal propuestas por los diputados locales Orlando Anaya, del PAN, y Ariadna Montiel, del PRD, entre otros, tiene muchos huecos que deben no rellenarse, sino estudiarse y verdaderamente sí hacer una ley justa que plantee derechos y obligaciones, y no una cadena de imposiciones improvisadas que lo único que muestran es una falta no sólo de mundo, sino de sensibilidad y de estudio.

Tener una mascota no es pecado ni un privilegio, es un acto que nos hace mejores personas, que nos conecta con la realidad y nos sensibiliza en nuestra relación con el otro. No es un objeto ni un producto.

Por desgracia la atención se ha puesto sólo en el chip y en la tenencia de los animales. Ya se intentó hacer un registro parecido con los autos, y falló. El censo es lo único positivo de la ley, y es lo que se ha criticado. El problema está en el afán de imponernos cómo actuar con nuestras mascotas. O por qué la ley tiene que determinar qué razas debemos tener, a qué veterinario debemos asistir, cuántas mascotas debemos tener y condicionar el tamaño de tu casa-habitación respecto al tamaño de tu mascota.

¿Es necesario invertir millones en la creación de clínicas veterinarias delegacionales? ¿De verdad ofrecer servicios veterinarios públicos es una prioridad? ¿Qué pasará entonces con las clínicas veterinarias privadas existentes? ¿Con qué herramientas y conocimiento las autoridades verificarán a los especialistas? Para qué lanzar una ley que propiciará el desempleo, limitará —y en muchos casos anulará— el trabajo de entrenadores, criadores, paseadores, veterinarios… evitará que los niños convivan con sus mascotas (un niño menor de 14 años no podrá pasear a un perro). Por qué no empezar desde el principio y solicitar a los expertos no sólo opiniones sino propuestas y con conocimiento de causa crear una ley que sí beneficie a los animales. Es momento de que los dueños nos hagamos más responsables, los profesionistas más profesionales y nuestras autoridades más competentes e invertir nuestros impuestos de una manera más inteligente.

                *Escritora y editora

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