¿Cuándo se jodió el PAN?

No solamente se hunde entre corruptelas y abusos: su crisis es de fondo.

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Martín Moreno 05/09/2014 00:06
¿Cuándo se jodió el PAN?

El diputado Luis Alberto Villarreal es acusado de ser “el señor de los moches”. Villarreal protagonizaba bacanales y prevalece la idea de que eran pagados con recursos públicos. El senador Jorge Luis Preciado construye castillo en Colima. Preciado es acusado de ofrecer sobornos para beneficiar al PRI. El diputado Sergio Carlo Bernal es señalado por sus empleados de ordeñarles sus salarios. ¡Quién da más!

El PAN no solamente se hunde entre corruptelas y abusos. Su crisis es de fondo: en unos cuantos meses, el panismo ha perdido su capacidad de ser gobierno viable, su identidad de fuerza política opositora, su tradicional dique a la corrupción y su credibilidad como partido.

En tiempo récord, Gustavo Madero despeñó a Acción Nacional de la mano de su entreguismo —concepto diferente al dialoguismo—, para con el gobierno federal. Madero no negocia, se postra. Madero no dialoga, se doblega. Madero no cuestiona, sólo aplaude.

Madero ha sido incapaz de frenar y castigar corruptelas de sus operadores políticos. Al ignorarlas, se convirtió en cómplice de esa cadena de corrupción. Y si no sabía de ellas, tantito peor: manejaba al PAN con un puñado de cuatreros de los cuales desconocía su historia, mañas y procedimientos.

Porque tanto Villarreal como Preciado —nada menos que los jefes de las bancadas de los diputados y senadores panistas y, por tanto, principales operadores políticos del panismo y de Madero—, eran los brazos derecho e izquierdo de don Gustavo. Sus hombres de confianza. Sus ejecutores.

Y aunque ahora Madero ni siquiera tenga a Villarreal en fotografía, fue uno de sus más cercanos operadores. Nada menos. Y cuando fue acusado de encabezar los vergonzantes moches, Madero hizo como que la virgen le hablaba. Indolencia cómplice. Craso error.

¿Y Jorge Luis Preciado?

El abogado que ofrece sus servicios desde una curul, fue exhibido al construirse un castillo en su natal Colima (Reforma/Martín Aquino/ 28 VIII 2014) que, finalmente, fue clausurado por carecer de algunos permisos. “Yo no oculto lo que tengo. Soy abogado, y si alguien requiere de un servicio legal, con todo gusto…”, fue la oferta de Preciado.

Y ante su loable generosidad, pronto le salió cliente de lujo: el PRI.

¿Por qué?

Resulta que el senador José María Martínez reveló que Preciado intentó, con medio millón de pesos, comprarle su voto para respaldar una propuesta del PRI.

“Conforme al testimonio de varios senadores consultados, Martínez le echó en cara a Preciado haberle ofrecido dinero en varias ocasiones, en una de las cuales, el cañonazo rondó los 500 mil pesos”, narran los reporteros Mayolo López y Claudia Guerrero ayer en Reforma.

Aún más:

El senador Martín Orozco confió ante la mayoría de sus compañeros que Preciado alguna vez lo persuadió de acudir a una fiesta con prostitutas. Cosa privada, sin duda.

Sin embargo, los moches y francachelas de Villarreal, y los sobornos y delirios de Preciado —ambos, nada menos que los principales operadores políticos del PAN en el Congreso federal— nos revelan, en gran parte, la personalidad que tienen y la forma como se manejan dentro y fuera de la política.

Al diputado panista Sergio Carlo Bernal, líder de la Mesa Directiva del Congreso de Guanajuato, lo acusan sus secretarias de cobrar moche con sus salarios. (Edith Domínguez. SinEmbargo /Zona Franca/3 IX 2014)

¿Las consecuencias?

El PAN vive hoy la crisis más grave de su historia. Así de sencillo.

¿En qué momento se jodió el PAN?

Cuando al regreso del PRI, Madero tuvo una confusión histórica y convirtió al partido azul en una extensión del presidencialismo, y lo postró ante el Ejecutivo.

Cuando permitió que sus hombres de confianza —Villarreal y Preciado— se sirvieran —literal— con la cuchara mayor con “moches”, negocios particulares, sobornos legislativos y corruptelas materiales y éticas dentro de la Cámara de Diputados y de Senadores, llevando al PAN no sólo a la nulidad e ineficacia política, sino también al arrodillamiento ante el presidencialismo imperial.

Hoy, Madero está caduco.

Villarreal, apestado.

Preciado, despreciado.

El PAN, postrado.

“De chico me decían la estampita… ¿te acuerdas que las vendían en la escuela?”, confesó Madero en entrevista con Ana María Lomelí, en TV Azteca, ante la pregunta de cómo lo veían de niño por ser descendiente de Francisco I. Madero.

Con el paso de los años, Gustavo Madero no ha cambiado: sigue siendo una estampita para el país, para el PAN.

Una estampita de adorno.

Una estampita decorativa.

Una estampita que, sí, se irá en 2015 del PAN dejando detrás no a un partido político, sino a las ruinas de un partido político.

Pobre PAN.

                Twitter: @_martinmoreno

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