Gabo y el poder

No sólo fascinaba con sus novelas. También era objeto del deseo de los poderosos.

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Martín Moreno 22/04/2014 00:00
Gabo y el poder

Gabo no se acercaba al poder; el poder se acercaba a él…”, deslizó Carlos Salinas de Gortari al salir de la casa del escritor tras presentar sus condolencias a Mercedes y a sus hijos. En esta, Salinas tiene razón.

Gabriel García Márquez no sólo fascinaba a millones con sus novelas. También era objeto del deseo de los poderosos. Desde Fidel Castro hasta Bill Clinton. Los extremos se unían por su relación con Gabo, un atractivo cultural, social y político apetitoso para quienes ejercían el poder por un factor igual de poderoso: la influencia que el hijo del telegrafista de Aracataca tenía sobre generaciones y sus conciencias.

Y Gabo se dejaba adorar.

Pero García Márquez no solamente era un adorno fotográfico, un autógrafo presumible o una estampa para la posteridad. No. ¡Qué va!

Gabo, igualmente, era parte activa de ese poder al que el colombiano seducía. De ese poder que, finalmente humano, logró también seducir al autor de Cien años de soledad.

En el revelador e impactante libro El verdadero Pablo, de la periodista colombiana Astrid Legarda, en el que Jhon Jairo Velásquez, alias Popeye, principal lugarteniente, uno de los más cercanos colaboradores y amigo personal de Pablo Emilio Escobar Gaviria, hace una serie de confesiones sobre aquellos años de terror por la guerra entre Los Extraditables, liderados por Escobar, y el gobierno colombiano en su afán de extraditar a los jefes del narco colombiano a EU, cita en la página 223 a García Márquez.

¿Bajo qué condición cita Popeye a Gabo? Como “correo” de Pablo Escobar.

Leemos textual:

“El último contacto que yo conocí entre Fidel Castro y el Patrón (Escobar), fue en ocasión de haber sido enviado por él a los EU, para comprar un misil Stinger tierra-aire. Dado que mi vuelo hacía escala en la Ciudad de México, Pablo, conociendo la amistad de Castro y el escritor Gabriel García Márquez, así como su importante papel de mediador de causas, le solicita hacerle llegar una comunicación a Fidel, que me entrega en un voluminoso sobre sellado.

“Llegué al Aeropuerto Benito Juárez de la Ciudad de México y el escritor me estaba esperando, rodeado de gente, en la puerta de la sala. Me saludó amablemente y le dije:

-Maestro, aquí le envía Pablo para que por favor le entregue esta carta al comandante Fidel Castro.

“Simplemente me la recibe y me dice:

-Así se hará”.

Hasta aquí lo narrado a Astrid por Popeye, quien, dicho sea de paso, fue el único sobreviviente de los años dorados y violentos de Escobar. Uno de sus hombres más cercanos y confiables que recién salió de prisión.

Gabo y el poder. 

Los hombres no están diseñados para el poder. Los seduce. Los obnubila. Los embriaga. Los pierde.

Como a Salinas.

Gabo, al igual que otros tantos escritores ilustres, sentía una apasionada curiosidad por el poder en ejercicio, fruto del compromiso político que desde joven había adoptado y que mantuvo hasta el final”, define el periodista Juan Luis Cebrián, presidente del diario El País.

“Con Fidel Castro desarrollé mi amistad que siguió otro rumbo, inclusive divergente del político: donde empiezan los desacuerdos de ese género, comienza otro tipo de afinidades humanas y de comprensión de la situación cubana”, asegura Cebrián que le confió García Márquez.

El presidente panameño Omar Torrijos algún día le dijo a García Márquez:

 “A ti lo que te pasa es que te gustan los dictadores”.

Podría Torrijos tener razón.

Allí está El otoño del Patriarca.

Es Gabo. Y es Fidel Castro.

Una amistad inquebrantable. A toda prueba. Hasta el último aliento, literal.

-No entiendo su amistad y apoyo a Fidel Castro. Y ahí brincó Mercedes, como hablando por los dos-, narra el periodista Jorge Ramos en su columna Mi desayuno con Gabo.

“Lo conocemos hace mucho tiempo; es nuestro amigo y ya es muy tarde para cambiar”, me dijo ella. Gabo asintió. Para él la amistad y la lealtad iban antes que la política. “Los que hablan de política son Mercedes y Fidel”, apuntó Gabo. Pero no es ningún secreto que García Márquez intercedió con Fidel para liberar a algunos presos políticos cubanos y, quizás, algo más”.

Hasta aquí lo escrito por Ramos.

Es innegable la fascinación mutua, los vínculos históricos y la relación humana entre la literatura y la política. Las letras y el poder. Los escritores y los políticos.

Y García Márquez, con toda su grandeza literaria, eterna, imperecedera, con su pasión por el periodismo y las letras, no fue una excepción. El poder se le metió, quizá sin que Gabo se diera cuenta, por los poros de la piel.

El poder. Y la literatura.

                Twitter: @_martinmoreno

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