El desprestigio de un partido

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Martín Espinosa 19/08/2014 00:24
El desprestigio de un partido

Por si le faltaran escándalos al Partido Acción Nacional, que apenas en mayo de este año renovó su dirigencia nacional, otro más le “estalla” en las manos provocado por las pugnas “domésticas” que no se terminaron con la contienda interna que desgastó la relación entre sus principales fuerzas encabezadas, de un lado, por los llamados “calderonistas” y, del otro, los “maderistas”, quienes finalmente se impusieron.

Tras la revelación del llamado “videoescándalo de la Lady Montana”, donde aparecen mujeres que laboran en varios famosos table dance de Puerto Vallarta acompañando a prominentes diputados federales del blanquiazul, encabezados por el otrora inefable Luis Alberto Villarreal —su ahora excoordinador— en el marco de su reunión de inicios de año para “fijar” los temas de su agenda parlamentaria de este 2014, una pregunta es indispensable: ¿hasta cuándo terminará esta “espiral” de descomposición que vive Acción Nacional con el innegable costo político que tendrán que pagar frente a los ciudadanos que nos prepararemos en breve para ir a las urnas el año próximo?

Y la respuesta es muy clara: hasta que se acaben las pugnas entre las facciones que han llevado a ese partido al desprestigio, como nunca antes se había visto.

Y es que lo que hay detrás de la filtración de ese video representa la lucha “cruda” por el poder en la que cualquier cosa es “válida” para obtener la victoria, que no es otra que hacerse del “control” del partido no tanto para las elecciones intermedias del año próximo sino para la candidatura presidencial de 2018. El fin justifica los medios. Sin embargo, hay un elemento de análisis que los contendientes no están calculando y que tiene que ver con el electorado: el “desgaste” que esta lucha le provoca —en este caso— al PAN provoca ya el desencanto de miles de simpatizantes que poco a poco se han ido alejando del blanquiazul debido a la falta de “ética” de sus dirigentes quienes aparecen exhibidos en imágenes captadas —seguramente— por encargo de sus propios compañeros con la finalidad de usarlas como “arma” política en contra de sus adversarios a fin de “limpiar” el camino rumbo a la contienda por la candidatura “a la grande” dentro de cuatro años.

Los ciudadanos comentan el cinismo con el que se conducen sus “representantes” y se preguntan qué otras cosas no harán diputados y senadores de todos los partidos que tienen en sus manos millones de pesos de recursos públicos y que nunca son grabadas por cámaras “indiscretas” o que —si son grabadas— nunca salen a la luz pública por no convenir a los intereses de los protagonistas de las pugnas políticas.

Es aquí donde la eficacia de las normas que han sido aprobadas en los últimos años por los propios diputados y senadores para transparentar y castigar los excesos que cometen los políticos con el uso del dinero público vuelve a ser cuestionada. Hoy, todo el mundo se entera de los abusos y corruptelas de quienes “detentan” el poder que les ha sido entregado por los mexicanos en las urnas, pero a la hora de castigar dichos excesos poco o nada se hace para hacer valer las leyes que ellos mismos han aprobado.

Lo que trae como consecuencia el desencanto ciudadano es la poca participación a la hora de la votación. Y eso les favorece a los gobernantes que —aunque poco legitimados—, con un elevado abstencionismo, logran “hacerse” de los cargos para los cuales han “luchado” por mucho tiempo y que les garantizan inmunidad y una larga vida de lujos y comodidades, muy alejada de la realidad que viven millones de ciudadanos.

Un partido que nació, como hemos escrito en colaboraciones anteriores, con fundamentos de honestidad, transparencia y representatividad social hoy se consume entre pleitos intestinos, corrupción e ilegitimidad. No dude usted, estimado lector, que en unos meses más las encuestas continuarán sumiéndolo en los sótanos de las preferencias ciudadanas poniendo en riesgo, incluso, su registro como instituto político al no responder ya a los intereses de los mexicanos urgidos de verdaderas mujeres y hombres de Estado.

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