De “inteligencia” a inteligentes

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Martín Espinosa 11/03/2014 00:53
De “inteligencia” a inteligentes

En las últimas semanas han ocurrido “golpes”, sin duda espectaculares, en contra de la llamada “delincuencia organizada” por parte de quienes son los encargados de garantizar seguridad a los ciudadanos, tanto física como en sus bienes patrimoniales, y que en el pasado reciente “operaban” con toda impunidad en perjuicio de las comunidades donde el hampa “sentó sus reales” y donde las autoridades de esos municipios y estados fueron ineficientes para combatirlos con la “ley en la mano”.

Lo mismo se detiene a los líderes y sicarios del grupo criminal denominado Los Caballeros Templarios o de la llamada Familia Michoacana que a peligrosos secuestradores, asaltantes o traficantes de droga, como sucedió recientemente en la Ciudad de México; delincuentes que a decir de las autoridades locales no pertenecen a algún “cártel” o banda de la delincuencia organizada, pero que, curiosamente, al momento de su detención se les encuentren cuatro millones y medio de dólares en efectivo, más de un millón de pesos —también en efectivo— y diez kilogramos de cocaína. Si eso no corresponde a delincuentes perfectamente “organizados” y con un altísimo “poder” de acción y penetración en una ciudad como la de México, entonces ya no sé cómo llamarles ni qué tipo de autoridades locales tenemos. Por cierto, los trabajos de “inteligencia” y el operativo para capturarlos corrió a cargo de la Policía Federal, según da cuenta la crónica de los hechos ocurridos el pasado fin de semana en la delegación Coyoacán, particularmente en una zona conocida como la CTM Culhuacán.

Desde hace varias semanas han ocurrido ataques que las autoridades estatales han atribuido al crimen organizado y que se registran en municipios muy populosos del Estado de México, entidad que ha resentido desde hace varios meses el llamado “efecto cucaracha”, producto de las acciones de seguridad del gobierno federal en Michoacán y que las autoridades locales no han podido hacer frente, muy probablemente porque su policía padece lo mismo que le ocurrió a los cuerpos de seguridad michoacanos: fueron infiltrados por el crimen organizado. Mucho de lo que padecen los habitantes de la llamada Zona Metropolitana del Valle de México se debe, en gran medida, a la corrupción que se “respira” en el ambiente mexiquense, donde urge ya la acción de las fuerzas federales, como sucedió finalmente en Michoacán.

Lo último que ha sucedido y que tiene “tintes” de labores de inteligencia, como argumentan las autoridades federales cuando se logra dar un “golpe” certero al crimen, es la cancelación de algunos eventos masivos que se había planeado realizar en zonas de “muy alto riesgo”, a decir de las fuentes consultadas, y que por amenazas recibidas o indicios de ataques a la población civil como represalia por detenciones importantes que ha logrado la autoridad en las últimas semanas han tenido que ser canceladas para garantizar la seguridad de la población.

Es sensato advertir la “prudencia” y el “tino” del gobierno federal y del Estado de México de que cuando estos grupos criminales que acumularon mucho poder en el pasado amenazan con “agredir a la población civil”, se tomen decisiones encaminadas a salvaguardar la integridad física de los ciudadanos que acuden a eventos masivos, pero lo mismo debería ocurrir cuando esos mismos grupos, a través de sus sicarios, mantienen asolada a la población que tiene que tomar un transporte público para dirigirse a su trabajo, o de regreso a su casa tras una jornada laboral, y que sufren a diario asaltos, robos, asesinatos y violaciones, principalmente en el caso de las mujeres.

El mismo “operativo” que se despliega para detener a un peligroso delincuente sin “disparar un solo tiro” se tendría que implementar en amplias zonas donde ocurren asaltos y vejaciones en contra de la población, que teme salir y sufrir algún daño físico o patrimonial.

Es por ello que la población de amplias zonas de la entidad comienza a salir a las calles a demandar mayor seguridad tanto física como en sus bienes y a denunciar la colusión de autoridades con bandas delincuenciales que operan en la zona.

Urge, pues, que la autoridad de los tres niveles de gobierno se siente con los representantes ciudadanos a analizar la problemática de seguridad que cada día se amplía a vastas regiones de la entidad y que amenaza con salirse de control si no se le pone un remedio inmediato.

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