La ruptura de las lanzas

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Martín Espinosa 04/03/2014 00:44
La ruptura de las lanzas

Con la renovación de la dirigencia nacional del PAN han surgido de manera más “clara” las dos “corrientes” que se disputarán el 18 de mayo próximo, por primera vez en la historia del blanquiazul, el voto directo y secreto de los militantes panistas inscritos en el padrón del partido. Dos corrientes que con el paso de los años se fueron “fortaleciendo”, una al amparo del poder calderonista y otra que tomó elementos de otros grupos que encontraron en Gustavo Madero el “reflejo” de sus intereses políticos y que para preservarlos era necesario unirse a él.

Lástima que en ninguna de las dos se vislumbren los principios que dieron origen al PAN en 1939, enarbolados por sus fundadores encabezados por don Manuel Gómez Morin, aunque en el discurso todos lo mencionen y hasta “reconozcan” sus cualidades en sus candidatos para justificar su búsqueda de la dirigencia nacional. De ese PAN hoy no queda nada. El acceso al poder de “a deveras”, a finales de los 80, lo desgastaron y desdibujaron al grado que llegó en 2000 a la presidencia del país arrastrando un cúmulo de prácticas políticas que antes le criticaron a su principal rival electoral y que hace 14 años le impidieron llevar al “terreno de los hechos” los principios ideológicos que motivaron su surgimiento; ya no digamos transformar al país, como era su objetivo.

Hoy que se prepara la elección de su próxima dirigencia nacional el panorama es desolador. Con una militancia dividida, alejada de sus principios políticos y con “cuadros” poco fortalecidos el panismo se debate entre continuar con más de lo mismo o “sacudir” todas sus estructuras para volver a ser el partido que confrontó con fuerza y con la representatividad de un buen número de mexicanos al partido “hegemónico” de aquellos años, el PRI, hoy nuevamente apostado como la primera fuerza política nacional tras las elecciones de 2012.

A la desconfianza ciudadana en sus dirigentes y sus instituciones políticas hoy se suma la debilidad de aquellos grupos de ciudadanos que un día decidieron dar la batalla a un régimen autoritario y corrupto. Al paso del tiempo se convirtieron en un “engrane” más de esa maquinaria política que todo avasalla, incluido el bienestar del pueblo.

En medio de la crisis, algunos liderazgos claudicaron y prefirieron “dar un paso al costado” para no abonar a la división y la provocación. Pero lo cierto es que lo que hoy falta son verdaderos liderazgos que “salven” lo poco que queda de un verdadero partido de oposición, que en su momento lo fue el blanquiazul.

Flaco favor le hace a la democracia de este país el no contar con instituciones políticas serias, fuertes y congruentes que, desde la posición de los ciudadanos, contribuyan a la construcción del andamiaje que permita tener una sociedad más justa y próspera, contrario a lo que hoy sucede. ¿De qué forma puede y “debe” el militante de un partido sumarse a la recomposición de su “grupo político” cuando argumenta que “como se ha estructurado el proceso existen prácticas contrarias al poder del voto del militante que afectarán el resultado de la elección”? ¿Se vale “tirar la toalla” y resignarse a la derrota? ¿De verdad ya no hay nada más qué hacer?

Retomo, finalmente, alguna de las frases mencionada por Josefina Vázquez Mota, excandidata presidencial panista, al anunciar su rechazo a participar en la contienda interna de su partido, hace poco menos de una semana: “Las posibilidades de una nueva etapa de diálogo, solidaridad y concordia entre los panistas no se avizoran. Por el contrario: la elección se ve amenazada por la exacerbación y la segmentación del partido y por una lamentable radicalización de los intereses de grupo”. Algunos “simpatizantes” de Ernesto Cordero, el candidato que contenderá contra Madero, argumentan que la “unión” del senador con licencia con el exgobernador de Guanajuato, Juan Manuel Oliva, para formar un “frente común” y evitar la reelección del actual dirigente panista es, en esencia, “un acuerdo de gobernabilidad para reunificar a Acción Nacional”. Se trata —dicen— de tener una dirigencia “necesariamente de transición”. Decidieron unirse para competir, pero sobre todo, para crear una nueva “gobernanza interna”.

Ojalá que después, pase lo que pase al interior del PAN, sepan qué hacer con esa gobernabilidad que tanto les hace falta.

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