Excélsior y Global, mi agradecimiento

Ahora llegó la hora de partir. Reconozco más que a nadie a mis lectores, que me impulsaron a seguir con la semanal tarea.

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Mario Melgar 25/02/2014 00:00
Excélsior y Global, mi agradecimiento

Hace casi siete años, recibí una invitación para colaborar en la sección Global. Un grupo de empresarios mexicanos se había dado la tarea de rescatar Excélsior y, con ello, recuperar la tradición y espacio que ha ocupado desde su creación, precisamente unos días después de haberse promulgado la Constitución mexicana de 1917. Desde mi incorporación a la fecha, he publicado cerca de 400 columnas sobre cuestiones relacionadas con el mundo. En casi todas ellas traté de situar a México en la circunstancia global y, de esa manera, abordar aconteceres internacionales con una perspectiva mexicana.

Los artículo escritos me permitieron aprender muchas cosas. Desde cuestiones sustantivas del acontecer global, algunos problemas del mundo, de las relaciones entre las naciones, hasta la manera como los seres humanos de diferentes países y culturas establecen lazos de comunicación, participan en proyectos comunes o difieren y hasta pelean entre ellos, generando conflictos que amenazan valores esenciales de la convivencia humana.

En lo personal, el oficio de escribir piezas “de fondo” obliga a la investigación, a la reflexión semanal y a tomar posición. Es necesario que las ideas sean acarreadas al papel. Al decidir por una idea, criterio o punto de vista, se puede generar solidaridad de quienes comparten tal punto de vista, pero también la oposición, enojo y hasta el insulto despiadado de quienes no ven reflejado en unos cuantos párrafos su concepción del mundo, la manera de contemplar la vida o la simpatía o antipatía de los actores públicos. El ejercicio periodístico es diálogo y debate, y por ello enriquece a quien lo practica.

Quien escribe está solo. En muchas ocasiones, la única medida para conocer el impacto que un artículo puede tener se da por las mediciones electrónicas de los lectores que compartieron el texto o por haber mostrado gusto o disgusto por el mismo. De otra manera, es muy difícil evaluar si el esfuerzo de informarse, investigar, pensar, articular y atreverse a publicar tiene algún efecto. Por ello la soledad a la que impone el oficio.

No obstante el obligado apartamiento, surgen sorpresas interesantes cuando se recibe una carta de un desconocido, reclamando un punto de vista, o simplemente un viejo amigo, perdido en el tráfago de la vida, del que no sabíamos nada hace años, que “lo leyó” a uno en el periódico, o bien, la joya de la corona, cuando algún colega editorialista hace mención de alguna idea o reflexión contenida en la colaboración.

En alguna ocasión, al compartir mis artículos por internet, olvidé agregar el archivo con el texto. Uno de los destinatarios de mis envíos que invariablemente me los agradecía, lo hizo elogiosamente sin percatarse que el texto no iba incluido: “Magnífico como siempre, lo disfruté mucho”. Otro amigo de la misma lista me advirtió que no había llegado el artículo. Entre el envío de un nuevo correo, ahora sí, compartiendo el artículo semanal, recibí otras cartas agradeciendo mis profundas reflexiones de un artículo inexistente. Entendí que existen personas que pueden interesarse por un texto y otros que los tiene sin cuidado. Mis amigos al menos simulaban leerme, entiendo y espero que por genuina amistad.

Dejo constancia de la absoluta libertad que Excélsior ejerce y permite ejercer a quienes hemos tenido el privilegio de ocupar espacios de este periódico. Jamás recibí consigna, indicación crítica, cortapisa o sugerencia. Me voy con la convicción de que la libertad para escribir en Excélsior es absoluta. Por ello mi reconocimiento al presidente y vicepresidente de este diario.

Ahora llegó la hora de partir. Agradezco a Excélsior haberme abierto sus puertas. Reconozco más que a nadie a mis lectores, que me impulsaron a seguir con la semanal tarea a pesar de las barreras naturales de un oficio difícil, complicado y no siempre valorado con justicia, ya no digamos con generosidad. Confirmo que no existe escritura sin lectores y tampoco periodismo sin un medio para difundirlo.

 

Investigador del Instituto de Investigaciones jurídicas de la UNAM.

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