Falso, falsificador

En México existen cientos de presos por haber utilizado algún billete falso.

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Mario Melgar 04/02/2014 00:00
Falso, falsificador

“El espectáculo de la justicia no podrá sustituir
jamás a la justicia misma”.

Sergio García Ramírez

 

Alguna vez, al tratar de cambiar un billete de 100 dólares en un banco en Barcelona, el empleado bancario me indicó que se trataba de un billete falso. Me quedé estupefacto, pues el billete lo recibí de una casa de cambio en el aeropuerto de la Ciudad de México. Lo revisé con la lupa de mi abuelo que utilizaba para leer Excélsior. No encontré alteración.

Los falsificadores son delincuentes intelectuales. Generalmente personas con habilidades técnicas y artísticas que desafían la ley. Si bien actividad altamente peligrosa, los falsificadores gozan de benevolencia por la sociedad que ve en sus acciones arrojo, valentía y creatividad. Son como héroes de novelas policiacas que desafían a la autoridad.

Hace algunos años en el cine, Die Fälscher, una magnífica película alemana, ganó el Oscar. Recrea la llamada “Operación Bernhard”, la más importante operación de falsificación en la historia de la moneda. Las autoridades nazis encargaron a un notable falsificador judío la impresión de libras y dólares para financiar la guerra y devaluar las divisas de los enemigos. En el campo de concentración de Sachsenhausen se montó el más famoso taller de impresión de billetes falsos, que hasta el Banco de Inglaterra aceptó como válidos.

Un cercano amigo de la infancia (Q.E.P.D) tenía habilidades especiales y una inteligencia poco común, aunque la vida le había dado la espalda. Ambicioso y aficionado a los caballos de carreras en la época de oro del Hipódromo de las Américas, se le ocurrió falsificar los billetes de las apuestas. A pesar de sus necesidades y ambición, guardaba la serenidad y templanza para solamente cobrar de manera esporádica pequeñas cantidades. Iba muy bien hasta que el concesionario del Hipódromo, un gran promotor del deporte en México (doctor Arturo Milhe) que lo conocía, se enteró del engaño. Pidió hablar con él. Le advirtió: “Si te vuelvo a ver en el Hipódromo te pondré en la cárcel”. Años después, mi amigo murió trágicamente.

En España detuvieron recientemente a Rafael Velasco Cedrón, acusado de ser el mayor falsificador de billetes de 50 euros. Según informa El País, era el más buscado por el Banco Central Europeo. Tenía una imprenta cerca de Toledo capaz de fabricar dos mil 500 euros al día. Hacía también buenas imitaciones de los billetes que llevan a Benjamin Franklin en la carátula (100 dólares). Conforme al Código Penal español, se castiga duramente (8-12 años) al que fabrique o importe moneda falsa. Solamente que para el que la reciba de buena fe y le conste su falsedad, la pena se reduce de tres a seis meses. Quien no sepa que se trata de una moneda falsa, eventualmente se le decomisa.

Por el contrario, las penas por falsificación de moneda en México no distinguen entre productores y quienes de buena fe utilizan moneda falsa, sin saberlo. De cinco a 12 años de prisión para el que produzca, almacene, distribuya o introduzca al territorio nacional cualquier documento o pieza que contenga imágenes u otros elementos utilizados en las monedas. El mismo castigo al que a sabiendas hiciere uso de moneda falsificada. No hay libertad bajo fianza y es un delito federal.

 Con estos elementos, un juez federal puso en prisión a Esperanza Reyes Aguillón, trabajadora doméstica que ganaba 500 pesos a la semana y necesitaba comprar cuadernos escolares para su hija. Pagó con un billete falso, fue procesada y pasó dos años en prisión, 11 meses en las Islas Marías, lo más cercano al infierno, aunque el papa Francisco diga que no existe. No hay agua suficiente (dos cubetas por preso al día) y sobran moscos y plaga de cangrejos que muerden por las noches. Con capacidad para mil internos, actualmente sobreviven ocho mil.

Gracias a una ONG (Fundación Renace) y a la actuación de la Barra Mexicana y el Colegio de Abogados, la Secretaría de Gobernación solicitó al juez la preliberación de Esperanza. Según expertos, en México existen cientos de presos por haber utilizado algún billete falso. Como paradoja, traficantes de drogas, secuestradores, asesinos están libres.

Se antoja que el Consejo de la Judicatura Federal debería estudiar las sentencias a los falsificadores. Podrían, de resultar ciertos los vaticinios de los defensores de derechos humanos, avisar a la Secretaría de Gobernación para que intervenga. Hace falta una mano suave contra delincuentes incidentales y una mano dura contra las lacras de la sociedad.

*Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

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