Llena, ahíta de amor

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María Luisa Mendoza 11/01/2014 01:20
Llena, ahíta de amor

Ya empezó el año en serio y la voluntad colgada de una esfera se resiste a darle a la máquina. Es lasitud de la especie de la holgazanería; desfallezco de empezar a ganarme la hogaza, yo que escribía de corrido 20 cuartillas; es como mi evocación de la subida a los cerros o hasta la mera cúspide de La Bufa, donde siempre cuento cómo sorbíamos el agua de lluvia de los charquitos que hay diseminados en la roca y la forma virtual casi en divisar Silao e Irapuato…Llenos de garambullos y tunas verdes o moradas, nos tirábamos un buen rato a ver el azulísimo cielo y otear por si venía una nube cargada para bajar la encrespada montaña, que solamente nuestra corta edad y la aventura lejos de nanas y tías coléricas sostenía la peligrosidad. Así pues aquella aceleración de la vida ha desaparecido para siempre, quizá ahora la invento dada la irresponsabilidad peligrosa agrandando la nostalgia. Ser chicos fue maravilloso, una libertad provinciana hoy desconocida e irrecuperable, quizá por eso toda la Romeriza es, somos, tan atrabancados... Dicen que a nosotros nos tira el amor y nos levanta el orgullo. Pero hoy, lejos de las tentaciones de la pompa y la carne, parece mentira no solamente la trepada a los cerros tal cabras locas, sino aquel desgarrarse de amor por un niño de piernas flacas siempre sentado junto a mí en las fiestas de merienda y posadas. Están lejos los queveres de la primera edad, ahora hablamos de muertes y enfermedades. Sólo Beatriz Reyes Nevares cimbra la noche de la Rosca de Reyes con su optimismo irremediable y la una sola copa de champaña brindando por el mañana que ya está aquí . Me acordé mucho de su marido, el inteligente y bueno Salvado Reyes Nevares, a quien mucho quise. Y de pronto me di cuenta de cuánto quiero a tantos, yo que presumo de ya no querer a nadie. Quiero mucho a Riqui Parra, quien vive, como quien dice, en cuclillas en su mar de Zihuatanejo; a mis perros y a Toño Araujo Urcelai; a Enrique Fernández Martínez, porque me lleva a pasear en trasatlántico; a Lorenza Martínez Sotomayor, por los miles de años de aguantarnos; a Ernesto de la Peña, porque nos dio la risa; a mi primo Héctor Fink Mendoza y a mi prima Luchitey Leroux Romero; a Carmen Parra otra vez, sus pintura y su mar; a Carlos Jiménez Macías, aunque no me pele; a Rafa Tovar y de Teresa, porque se mueren de envidia de lo mucho que lo quiero.  Me faltan varios, pero no puedo llenar mi trabajo con tantos amores. Camino en la casa vacía de cuarto en cuarto y le doy gracias a Dios de tenerla. Techo, cama, cobija, tele, máquina de escribir, mis perros y el taxi cuando lo llamo. Claro que me falta mi autito, y la gloria que fue ser diputada, el gran recinto, el saber que sirves a tu país y eso no se repetirá. Mis nuevos amigos a mi lado, la tribuna conquistada y el tiempo sagrado en el cual tienes la vida por delante, vives el amor que crees de a de veras, te regalan, te pasean, te leen, te viajan… ¿Se puede pedir más si en tu casita está esperándote tu hermanito Xavier que ya se murió?

Le escribo a Dios para dejarlo ser Dios y pedirle su protección. La vida, la de los míos. Todos los mediodías brindo con una copita de tequila por mis muertos, que ya hacen cola. Doy gracias y no creo que no me pese tantísimo la soledad. ¿Cuál? Y reconozco, confiésome padre, estar llena, ahíta de amor por los que me dan ese tesoro.

                *Escritora y periodista

                maríaluisachinamendoza@ yahoo.es

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