Las palabras: arma de doble filo

En un primer golpe este drama parece realista. Parte de una situación en apariencia cotidiana.

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Luz Emilia Aguilar Z 04/09/2014 00:00
Las palabras: arma de doble filo

El reconocimiento de que el arte escénico necesita trascender los muros de los edificios teatrales y los límites canónicos para abordar aspectos huidizos de la realidad ha dado lugar desde hace décadas a prácticas que han puesto en conflicto el ámbito de las definiciones. En forma paralela otros teatreros siguen viendo en la exégesis de un texto y formatos de espacio tradicionales la posibilidad de experimentar estrategias para ampliar el conocimiento de lo humano, plantear preguntas importantes y dar lugar al convivio.

Un fenómeno en la afirmación del teatro que parte de un texto que es interpretado por un director, cuenta historias, construye personajes y se presenta frente a un público dentro de un edificio teatral es el escritor noruego Jon Fosse.

Poeta, autor de novelas y ensayos, confesó a Pablo Gorlero en una entrevista publicada en La Nación, de Argentina, en 2010, que no le gustaba ir al teatro y que se había iniciado en la dramaturgia por encargo. Fosse es uno de los autores dramáticos vivos, menores de 60 años, más representados en Europa, con mil montajes de sus obras, las que han sido traducidas a múltiples idiomas. Entre los galardones recibidos por este autor, en varias ocasiones candidato al Premio Nobel, al que se describe tímido al extremo, exbebedor y católico, está el Premio Internacional Ibsen, con el que se ha beneficiado también a Ariane Mnouckine y Peter Brook.

Fosse no sólo ha seducido a Europa, en China existe un festival dedicado a su obra. Daniel Veronese se ha interesado por llevarlo a escena en Argentina. En México la semana pasada por primera vez se montó su dramaturgia. En el Teatro Estudio Bicentenario, de León, Guanajuato, se estrenó La noche canta sus canciones, dirigida por Juan Manuel García Belmonte y el desempeño actoral de Georgina Rábago, José Carriedo, Raúl Briones, Regina Flores Ribot y José Antonio Alvear. En las funciones que se dieron el viernes 29 y sábado 30, el teatro con capacidad para 300 espectadores se llenó.

En la obra de Fosse resuenan Ibsen, Strindberg y Beckett. En La noche canta sus canciones, la que he podido leer en inglés, en versión de Sarah Cameron Sunde, es central la musicalidad del lenguaje.

En su escritura las acotaciones son breves. Los personajes se expresan en tiradas más o menos largas, en las que hay un denso metalenguaje y son recurrentes las repeticiones. Los parlamentos vienen impresos en líneas cortas, como poemas.

En un primer golpe este drama parece realista. Parte de una situación en apariencia cotidiana. Una joven madre de un bebé irrumpe exasperada por la inmovilidad, la incapacidad de su marido para enfrentar el mundo. Luego de leer y releer la versión en inglés, de evocar lo que vi en escena la semana pasada, me convenzo cada vez más de que la obra decanta en una plataforma simbólica y rítmica signos extremos de descomposición en las relaciones humanas, una balada triste y desgarradora del desencuentro y la enajenación, de la engañosa inocuidad de las palabras, inútiles para ayudar a los personajes a acercarse, conocerse mejor, mitigar el dolor, pero infalibles para destruir.

En las horas resumidas de una velada, tejida de absurdos, de inercias caóticas, la exigencia para la puesta en escena es construir el creciente infierno que ha de estallar, hacerlo sentir en una dimensión más allá de las palabras, aun de los gestos, y que quizá sólo puede manar de un manejo maestro del tono y la energía actoral, de la creación de atmósferas, de la posibilidad de hacer sonar en un tejido cotidiano el delirio y lo siniestro.

En diseño de escenografía e iluminación de Gonzalo Jacobo García, está lo indispensable: una cómoda, un sofá, una carreola, el marco de una ventana y una discreta luminotecnia. Los actores mantienen un contenido despliegue de gestos. La música original de Luis Fernando Rábago es una pauta para explorar el estado interior de los personajes, música de cuerdas, triste.

A la puesta en escena le ha faltado tiempo para ir hondo en las interpretaciones y objetivarlas, para dar sentido pleno a ese difícil lenguaje basado en repeticiones de frases, enrarecidos pulsos interiores, ecos de horripilantes abismos de soledad, impotencia, exasperación, miedo, sinsentido, ansiedad y deseos incumplidos; cotidianidad donde elementales instintos se han atrofiado.

La noche canta sus canciones tendrá funciones en el Teatro Cervantes, de Guanajuato, Guanajuato, el viernes 5 y sábado 6 de septiembre.

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