¿Para qué sirve el teatro?

El pueblo, en la mirada de Shakespeare, es juguete de la historia.

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Luz Emilia Aguilar Z 28/08/2014 00:00
¿Para qué sirve el teatro?

Los espectadores aguardan el comienzo de la obra. Frente el montón de ojos, con el rostro pintado de payaso, Teresa Rábago cuenta la siguiente fábula: “Un criador de monos les dijo cuando les iba a dar de comer: les daré tres cacahuates por la mañana y cuatro por la noche. ¿Qué les parece? Los monos protestaron y montaron obras de Bertolt Brecht. Bien, dijo el criador, les daré cuatro cacahuates por la mañana y tres por la noche. ¿Qué les parece? Y los monos se mostraron felices por el triunfo del teatro didáctico”.

Alberto Villarreal, director de gran influencia en las generaciones emergentes, en su versión escénica de Coriolano para la Compañía Nacional de Teatro, se aparta del camino que ha seguido en los últimos tiempos, caracterizado por ir en sentido opuesto a la exégesis de un texto dramático de escritura previa al proceso de montaje.

Para este trabajo parte de la adaptación de Bertolt Brecht del Coriolano de Shakespeare, que en traducción de Otto Minera (a partir de la versión inglesa de Ralph Manheim), respeta con leves, pero significativos cambios. En los Coriolanos de Shakespeare y de Brecht, como ha observado Jean Kott, el contexto de tensiones entre reyes y dioses se transforma en la lucha entre patricios y plebeyos.

El pueblo, en la mirada de Shakespeare, es juguete de la historia. En Brecht, Coriolano muere por su incapacidad para comprender que el pueblo es el motor de la historia.

En la versión de Villarreal de la obra de Brecht, el pueblo parece sometido a un grupo de caciques que dicen representarlo, que se traicionan entre ellos y colaboran a la miseria de una sociedad, en la que nadie se salva. A Sicinia y Bruto su inteligencia no les sirve para imponer su razón histórica, sino para dar cauce a sus desleales ambiciones.

Al texto de Brecht, Villarreal inserta fragmentos, entre diálogos y escenas, ya sea del propio Brecht o de otros autores. Por ejemplo, la fábula citada al principio, o bien la selección de tres de las estratagemas incluidas en La dialéctica erística, de Schopenhauer o una síntesis de Las cinco dificultades para decir la verdad, del propio Brecht, que inserta en voz de la esposa de Coriolano, o bien el párrafo de Walter Benjamin que describe los abismos y horribles consecuencias del carácter destructivo y que tanto puede recordarnos a los poderes fácticos de nuestros tiempos. Es destacado el fragmento que Villarreal toma del propio Brecht y con el que cierra el círculo de su montaje.

En la combinación del texto inicial sobre los monos y este pronunciamiento final, el director cuestiona la pertinencia del teatro y se responde con cáustica desesperanza: “Actor, tú que haces teatro en grandes escenarios, bajo la luz radiante de soles de artificio (…), te invito a salir a la calle para no olvidar ese otro teatro que se hace afuera (…), aunque consigas superar lo que hace el hombre de la calle, harás menos si el teatro que practicas tiene menor sentido que el que hace él, si penetra menos en la vida de los espectadores y si es menos útil para evitar la injusticia y el dolor”.

¿El teatro en México importa? ¿Esta obra, Coriolano, la primera en la trilogía de la CNT, que incluye a la de
Shakespeare y la de Günther Grass sobre el personaje sangriento, es útil para evitar la injusticia y el dolor, la escalada incesante de asesinatos y secuestros que se quiere ocultar desde el poder? ¿Es suficiente para despertar a esta sociedad conformista que pierde garantías fundamentales sin darse cuenta siquiera? ¿Ha logrado el teatro didáctico transformar la conciencia humana?

La puesta en escena de Villarreal marca un interesante camino en el trazo de los personajes, en la utilización de la música, que nos ayuda a identificar las situaciones con los cárteles y los sicarios de nuestro tiempo. El trabajo esforzado del elenco no alcanza a asentarse. Tropiezan en el texto y en el ritmo.

Es evidente que ha faltado tiempo para madurar la puesta en escena. La escenografía de Jorge Ballina, con sus seis voluminosos cuerpos, que adoptan infinidad de combinaciones, no añade significado. La organización del espacio implica subir al público al escenario, lo que reduce el aforo a 70 espectadores. En la función del pasado domingo quedaron fuera 30 personas. ¿Es necesario reducir a ese grado a la audiencia? Me pareció que no.

Coriolano, de Bertolt Brecht, bajo la dirección de Alberto Villarreal, dará funciones el próximo fin de semana en el Teatro Julio Jiménez Rueda (Avenida de la República 154, colonia Tabacalera, DF), las que se suspenderán para reanudar en una atropellada agenda el 27 y 28 de septiembre, del 23 al 26 de octubre y del 20 al 23 de noviembre.

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