¿Perder nuestro escenario esencial?

¿Qué impide a la humanidad reaccionar contra ese daño que se hace a sí misma?

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Luz Emilia Aguilar Z 08/05/2014 00:00
¿Perder nuestro escenario esencial?

La sequía en California, las inundaciones en Nueva York, los incendios en Colorado son algunos de los desastres exacerbados por el cambio climático global, afirma un comunicado de la Casa Blanca difundido en la prensa ayer, a partir del informe National Climate Assessment.

Hoy el periódico The New York Times amplía la información. Se ha verificado que el incremento de poco menos de dos grados centígrados es una realidad. De seguir las emisiones de CO2 y metano al ritmo que van causarán un aumento catastrófico de diez grados durante el presente siglo. Hasta la petrolera Chevron ha llamado a reconocer la gravedad del asunto. En México los signos del cambio climático también son palpables, sólo que si acaso se miden no se difunden en informes confiables. ¿Qué se está haciendo aquí para enfrentar esta situación?

Las acciones del gobierno federal en la materia son más que desalentadoras. El titular de Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), Juan José Guerra —según nota en Imagen del Golfo ayer—, aseguró que la ampliación del Puerto de Veracruz se hará. La megaobra ha sido impugnada por un amplio grupo de veracruzanos que interpusieron un Amparo en defensa del PNSAV, modificado en su poligonal por decreto de Felipe Calderón el último día de su mandato para facilitar el negocio.

Que la obra se hará es un compromiso de la Semarnat, no obstante que el amparo mencionado está pendiente de sentencia y, a pesar de las advertencias de especialistas y técnicos de que se violan principios constitucionales, se transgreden tratados internacionales firmados por México, el proyecto tiene elementales inconsistencias técnicas. La ampliación destruirá un amplio y complejo ecosistema, que entre muchos servicios ambientales protege al puerto de los huracanes.

La destrucción de ecosistemas como argumento para quitarles protección se ha vuelto sistemática. Es el caso del Sistema Arrecifal Veracruzano, de la recategorización del Nevado de Toluca que ya va dando masivas talas de árboles amparadas con documentos firmados por funcionarios de Semarnat, entre muchos más. Esos hechos, junto con la afectación ambiental que implica el fracking, importante pieza dentro de la Reforma Energética y que se ha anunciado que se practicará a una masiva escala, no son la mejor respuesta al calentamiento global. ¿Qué impide a la humanidad reaccionar contra ese daño que la especie se hace a sí misma?

La semana pasada hablé en este espacio de la puesta en escena The Great Immensity, la que implica debates posteriores a las funciones, en los que ha participado Dale Jamieson, filósofo que sondea el fondo del dilema en su libro Reason in a dark time, why the struggle against climate change failed —and what it means for our future (Oxford University Press, NY. 2014).

“Estamos ocasionando un cambio climático que no deseamos y que no podemos parar. El motor es la acción humana (…) Nuestras corporaciones, gobiernos, tecnologías, instituciones y sistemas económicos parecen tener vida propia. (…) En lugar de que la humanidad se gobierne racionalmente a sí misma y su entorno, estamos a la deriva de los monstruos que creamos”, afirma el catedrático de NYU. En su estudio hace una revisión de la naturaleza del problema desde la historia, la política y la diplomacia. Analiza los obstáculos para la acción; los límites de la economía; los desafíos y el camino hacia adelante. El libro aporta un capítulo dedicado al dilema ético, especialmente atendible.

“La evolución no nos diseñó para lidiar con este tipo de problemas y no hemos diseñado instituciones políticas aptas para enfrentarlos”, afirma Jamieson. Los seres humanos reaccionamos a lo que sentimos y vemos en lo inmediato. La razón demuestra que el problema está ahí, pero como es muy complejo y tiene un trayecto diferido en el tiempo y espacio, hemos sido incapaces de asumirlo. Esto se agrava con las millonarias e institucionales campañas de desinformación articuladas por petroleras y gobiernos para negar la verdad.

En la emisión de CO2 y metano participamos todos. Nuestra forma de vida implica masivas agresiones contra el planeta. El cambio climático afecta sobre todo a los más pobres, quienes paradójicamente menos han contribuido a su generación.

Para Jamieson el relato que prevaleció de la cumbre de Río a la de Copenhague está agotado. Fracasó el intento para prevenir el cambio climático. El libro, que se aleja de todo amarillismo, es un inquietante viaje por la irracionalidad. Asumir que el cambio climático es real y que todos tenemos nuestra parte en esto es algo que no debemos seguir aplazando.

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