La La Land

Parece que el fenómeno cinematográfico de la temporada es la cinta estadunidense La La Land, tercer largometraje escrito y dirigido por Damien Chazelle, que tiene en su cinta anterior, Whiplash: Música y obsesión, la que a mi juicio es su mejor película. La La Land se ...

Parece que el fenómeno cinematográfico de la temporada es la cinta estadunidense La La Land, tercer largometraje escrito y dirigido por Damien Chazelle, que tiene en su cinta anterior, Whiplash: Música y obsesión, la que a mi juicio es su mejor película.

La La Land se ha llevado todos los elogios del público y crítica en festivales de cine y en su estreno comercial en Estados Unidos. Además, ya ostenta el récord de Globos de Oro, que otorga la Prensa Extranjera en Hollywood, con siete reconocimientos.

La La Land es una película musical con un tono agridulce. Está producida, coreografiada, musicalizada y fotografiada con todas las reglas de los grandes musicales del Hollywood de los 40 y 50. De hecho, es un homenaje a la “santa sede” del cine estadunidense y se alimenta de referencias y guiños a muchas películas del género.

No le resto virtudes, pero hay que reconocer que no es nada del otro mundo. Aunque muy bien contada y con un innegable dominio en la dirección por parte de Damien Chazelle, no deja de ser una película “muy gringa”. Tiene su encanto y, además, retrata de manera inteligente a la generación a la que está dedicada: los millennials, con sus conflictos, sueños, dificultades para vivir el amor y el éxito profesional, su independencia y aparente libertad.

Chazelle hace un musical impecable en el que además de rendir homenaje a Hollywood desde el inicio de la película, incluso antes de la secuencia de créditos, evocando a Fred Astaire, Ginger Rogers, Gene Kelly, Debbie Reynolds y otros, rescata su gran amor: el jazz, que es el eje narrativo de Whiplash y que en La La Land se presenta como un género en peligro de morir. Con sus reservas, pero parece un musical filmado por Woody Allen.

Los dos protagonistas son un acierto. Emma Stone es Mia, una aspirante a actriz que toca puertas sin éxito; Ryan Gosling es Sebastian, un pianista que quiere abrir su propio club de jazz en el que buscará que no pierda su pureza. Dos jóvenes que persiguen un sueño y que se enamoran perdidamente cantando y bailando. Ambos actores se lucen y, además, son una pareja con gran simpatía.

Insisto, Chazelle muestra su dominio del manejo de cámaras, emplazamientos y un gran sentido musical. El número de apertura, muy complicado y filmado en un freeway en un solo plano secuencia —la película tiene varios—, es perfecto, el mejor. La película tiene ritmo, se baila, canta y dialoga justo en el momento indicado. La música de Justin Hurwitz, también autor de la de Whiplash, seguramente estará nominada al Oscar. El argumento no es original, desde Nace una estrella se plantea el conflicto para realizar el amor paralelamente con el desarrollo profesional. Periódicamente Hollywood se acuerda de sus años de gloria y reconoce un musical: Across The Universe, Los miserables, Chicago, Vaselina, Cabaret, La novicia rebelde, Amor sin barreras y una larga lista a la que se suma éste.

La La Land ha seducido a público y crítica en un año con propuestas muy medianas, al igual que el 2015. Me parece una sobrevaloración. Se disfruta, está muy bien hecha, entretiene y sí, si le gustan los musicales, se la recomiendo.

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