Ninfomanía Vol. 1

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Lucero Solórzano 04/07/2014 00:00
Ninfomanía Vol. 1

Ante el estreno el día de ayer de la película Ninfomanía Vol. 2 (Nymphomaniac Vol. 2, Dinamarca-Alemania-Francia-Bélgica-Gran Bretaña, 2013), se antoja oportuna una revisión de la primera entrega de esta cinta, dividida en dos partes con fines comerciales, pues tiene una duración total de cuatro horas. Ninfomanía Vol. 2 llega a la cartelera comercial y es parte del Foro de la Cineteca Nacional, que inicia sus proyecciones hoy. 

El realizador danés Lars von Trier completa con esta película lo que él mismo ha llamado la Trilogía de la Depresión. Las cintas anteriores son Anticristo (Antichrist, 2009, Dinamarca-Italia-Suecia-Francia-Polonia) y Melancolía (2011, Dinamarca-Francia- Suecia-Polonia). Von Trier ha padecido la depresión y ha afirmado que varios de sus personajes están inspirados en sus propias vivencias.

Con la publicidad que le ganó el decir que Ninfomanía era su primera incursión en el cine pornográfico, las dos partes de la cinta han sido recibidas en medio de la controversia. Para colmo, durante la presentación de Melancolía en el Festival de Cannes de 2011 cometió la tontería de decir que comprendía a Adolfo Hitler y que era nazi. Aunque su película no fue expulsada de la competencia por la Palma de Oro, el realizador fue declarado persona non grata y se le invitó a retirarse.

Algunas conductas en la vida personal de los artistas hacen que su imagen pública se deteriore, e igualmente que en muchos sectores del público y la crítica prevalezca un prejuicio negativo hacia su obra. Así pueden afirmarlo Woody Allen y Roman Polanski, a quienes a pesar de la calidad de su trabajo, no se les perdonan los errores y escándalos de sus vidas privadas.

Más allá de los desatinos verbales del señor Von Trier, no se puede negar que Melancolía es una gran película, probablemente la mejor de esta trilogía de la depresión, e igualmente que Ninfomanía cierra el ciclo de manera contundente, con un guión muy atractivo lleno de simbolismos, metáforas, alegorías y una exploración profunda de la vida, la feminidad, el amor, el sexo, la culpa, y la muerte. Sexo gráfico, explícito y descarnado, eso sí, pero no pornografía.

En Ninfomanía Vol. 1 la historia se inicia cuando Seligman, un hombre gris que vive en un departamento austero muy bien interpretado por Stellan Skarsgård, encuentra en un callejón a una mujer golpeada y semiinconsciente. La lleva a su casa, “sólo quiero un té con leche”, e inician una conversación que durará toda la noche; el tono de esta plática se mantendrá suave, tenso, bajo, triste. Ella es Jo, a la que da vida Charlotte Gainsbourg, actriz que también trabajó en Melancolía y Anticristo, y que sabe ceñirse bien a los requerimientos de Von Trier. Jo se diagnostica a sí misma como una ninfómana sin remedio, que desde la infancia ha buscado la satisfacción de sus apetitos sexuales de manera patológica, que ha usado a hombre y mujeres para su regocijo, que ha llegado al centro mismo del infierno. Gainsbourg hace de Jo una mujer en sus 50 profundamente triste, que se culpa de haber hecho daño a muchas personas y se declara en contra del amor, el amor romántico o cualquier otro, quizá por el miedo que le causó una amiga que en su adolescencia le dijo “el ingrediente secreto del sexo es el amor”.

Los personajes femeninos complejos, maltratados, a veces sumisos, son una constante en el cine de Lars von Trier. Películas como Dogville, Bailando en la oscuridad, Rompiendo las olas, o Anticristo son un claro ejemplo de historias de mujeres en una abierta desventaja con su entorno y su realidad, que luchan como pueden para salir adelante.

Jo recuerda la figura entrañable de su padre (Christian Slater), y la muy distante de su madre (Connie Nielsen). En una noche va construyendo su biografía de dolor, culpa y vergüenza, con una honestidad que Lars von Trier nunca había proyectado en una película.

Es indispensable ver Ninfomanía Vol. 1 antes que la que se estrena en estos días. Insisto, es una sola película dividida en dos partes.

Muy recomendable.

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