Tres días para matar

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Lucero Solórzano 12/05/2014 00:00
Tres días para matar

Otra propuesta muy en la línea de la ya comentada aquí, Sin escalas, es Tres días para matar (Three Days to Kill, Estados Unidos 2014), que desde el viernes pasado está en algunas pantallas nacionales.

La fórmula vuelve a ser la misma: Ethan Renner, agente y espía internacional cercano a los 60 (Kevin Costner), que aunque sigue siendo efectivo en los momentos de acción, también está en declive y desmotivado, deprimido por el distanciamiento con su guapísima esposa (Connie Nielsen) y una hija adolescente resentida (Hailee Steinfeld), quien no pierde la oportunidad para reprocharle algo;  tiene cara de pocos amigos, está entregado en cuerpo y alma al cumplimiento de las demandantes misiones que le asignan, dice que ésta será la última, pero por alguna razón tendrá que aceptarla (bueno, gracias a eso tenemos película).

Dirigida por McG, que ya cuenta con amplia experiencia en esto de las cintas de acción en la producción o dirección  de historias como Somos Marshall, Los Ángeles de Charlie, Esto es guerra, Terminator: La salvación, e infinidad de trabajos en televisión; el guión está coescrito por Luc Besson, que parece ser que se encuentra en un bache creativo, repitiéndose a sí mismo y cayendo en lugares comunes.

La historia es ya muy repetida y se inicia con la clásica escena “enganchadora” en la que vemos que nuestro héroe es todo un experto, que puede contra cuatro superfortachones al mismo tiempo, y que además dispara hasta por las orejas, saliendo, eso sí y debido a su edad, ligeramente averiado. Al mismo tiempo y a la mitad de la refriega ha recordado que es cumpleaños de su hija y tiene que llamarla para cantarle Happy Birthday.  La adolescente, que acaba resultando muy chocante para el espectador, lo trata con el látigo de su desprecio y lo llama por su nombre para marcar aún más la distancia afectiva entre ambos. Ni las secuencias dulzonas y cursis del papá enseñando a andar en bicicleta o a bailar a la chava de 16 años, con una escasísima química entre ambos actores, Costner y Steinfeld, nos convencen de que el padre y la hija se quieren de verdad.

Una pequeña variante en Tres días para matar es el hecho de que el protagonista sufre de una extraña enfermedad que lo tiene desahuciado. Convencido de que debe retirarse para dedicar el tiempo de vida que le queda a la reconquista de su mujer e hija, no piensa aceptar ya ninguna asignación. Pero una  suerte de Mata Hari ha empezado a presionarlo de mala manera para que asesine a El lobo, un terrorista peligroso.  Para forzarlo le dice a Ethan que puede darle un medicamento milagroso, en etapa experimental, que no le administrarán si no acepta la misión, pero que si accede podrá hacer uso de él, con la esperanza de ganar un poco más de tiempo a la muerte.

Kevin Costner no encuentra un proyecto atractivo y apropiado para él que le permita reavivar su apagada carrera. Aquellos años de muy buenas películas como Los intocables, JFK, Un mundo perfecto, Trece días, etcétera  parecen haber quedado ya atrás. Simple y sencillamente no aparece la película que lo regrese al estrellato en que estuvo. En Tres días para matar hace la prueba como hombre de acción, pero el guión es inconsistente con muchas fallas. Esa misma línea, que ha tomado con mejores resultados Liam Neeson, su contemporáneo y de presencia relativamente semejante, tampoco está funcionando para Costner, o al menos necesita de un argumento mejor construido que este de Luc Besson

Su próximo estreno Draft Day, dirigida por Ivan Reitman, ha tenido una buena recepción en Estados Unidos. Gira en torno al entrenador en jefe de un equipo de futbol americano en crisis. Ya veremos si no nos queda a deber como en Tres días para matar.

Película totalmente prescindible.

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