El último Elvis

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Lucero Solórzano 07/05/2014 00:05
El último Elvis

Caminando por las calles de Memphis, Tennessee,  se pueden ver numerosos imitadores de Elvis Presley.

Perfectamente ataviados, con sus ajustados trajes que marcan los abultados vientres, las largas patillas recortadas, los copetes, el negrísimo pelo, los anteojos oscuros, los botines con tacón, las capas.

 Los “personificadores” del legendario intérprete de Love me tender, aumentan en número en los aniversarios de su nacimiento y muerte.

Graceland, la emblemática mansión que comprara pasando apenas los 20 años y en la que vivió hasta su muerte, es un museo que se conserva como en aquellos años de su estancia en ella.

La mesa puesta, ropa en los closets, camas hechas. Los visitantes se cuentan por miles cada año.

Desde Argentina nos llega una película que forma parte de la 56 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional.

El último Elvis ganó varios premios tanto en Argentina como en otros países, y además se llevó el premio Horizontes Latinos de la pasada edición del Festival de San Sebastián.

Es la historia, Carlos Gutiérrez, un hombre cercano a los 42 años (edad en que El rey falleciera), trabajador en una ensambladora, sin dinero, taciturno, deprimido, separado de la esposa, con una hija pequeña con la que tiene una relación distante.

Carlos parece vegetar, y lo único que lo mantiene vivo es el hecho de que está convencido de que es Elvis Presley.

Está interpretado por John McInerny, actor debutante que brinda una actuación aceptable.

Su imitación de El rey del rock es muy convincente y, a pesar de una buena cantidad de kilos de más, el parecido físico no se logra, pero de que lo imita espléndidamente, tanto en la voz como el lenguaje corporal, no queda ninguna duda.

Carlos pasa sus días entre el trabajo monótono que realiza en una planta, sus presentaciones nocturnas en pequeños antros o bares cantando las más famosas canciones de Elvis, y los paseos con su hija, a la que por cierto llama Lisa Marie y a la mamá Priscilla.

 El director y coautor del guión es Armando Bo, quien escribe el argumento junto a Nicolás Giacobone.

 Ambos colaboraron en el guión de Biutiful, de Alejandro González Iñárritu, y también escriben el argumento de la más reciente cinta del mexicano, que llegará en unos meses a las carteleras: Birdman.

Armando Bo cuenta en El último Elvis la historia de un hombre fracturado, mitad él mismo y mitad una fantasía generada por su imaginación y la enorme admiración que le tiene a Presley. Carlos se va desdibujando para dar paso al legendario astro.

Con una hora y media de duración, la cinta prolonga por demasiado tiempo lo que podría ser su primer acto al construir lenta y reiteradamente al protagonista, en verlo penar todos los días, en sus problemas con la esposa y la hija, su actitud eterna de perdedor, sus sueños de algo que no alcanzamos a definir qué es, etcétera.

De hecho, estos dos personajes ameritarían un peso mayor en el relato pues de alguna forma son su único contacto con la realidad, física y afectivamente. 

Priscilla y Lisa Marie son las principales afectadas de la patología de Carlos-Elvis y esa parte de la trama, el conflicto familiar, está explorada sólo desde la perspectiva de él.

Independientemente de esto, el trabajo de John McInerny  hace convincente el camino a la locura de su personaje, y la película está bien hecha pero no se alcanza a dar la conexión emocional con el espectador.

El desenlace se deja llegar de manera precipitada y demasiado breve, y no nos da tiempo de conmovernos con las secuencias finales que, de haber sido más pausadas y tomándose su tiempo, nos hubieran llevado a condolernos profundamente con la triste historia de este Elvis argentino.

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