De biografías a biografías

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Lucero Solórzano 28/03/2014 00:00
De biografías a biografías

El género del biopic, como llaman los estadunidenses a las películas biográficas, no es muy explotado en nuestro país. Desde luego, tenemos algunos ejemplos interesantes como Frida, naturaleza viva, dirigida por Paul Leduc en 1986, Emiliano Zapata, de 1970, dirigida por Felipe Cazals, Así era Pancho Villa que dirigiera Ismael Rodríguez, en 1951,  El joven Juárez, de 1954 y obra de Emilio Gómez Muriel, y otras más que destacan en la historia del cine nacional. Este tipo de películas implican altos presupuestos pues generalmente son cintas de época que requieren una ambientación, escenografía y vestuario que cuestan mucho dinero, recurso del que adolecen los productores de cine en México.

Como ya hemos comentado la polémica se desató cuando se anunció que un actor español desconocido interpretaría a Mario Moreno Cantinflas en una película sobre su vida. Todo un ícono de la cultura popular de nuestro país, y también de Iberoamérica, parecía intocable. El hecho de llevar su vida a la pantalla se antojaba una herejía, era como tocar a la Bandera nacional, o a la Virgen de Guadalupe.

El estreno de Cantinflas, de Sebastián del Amo, en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, demostró que todos teníamos bien arraigado el prejuicio de que era imposible que un extranjero honrara al Mimo. Aunque parezca que un español podría “cecear” o sonar demasiado castizo a la hora de dar voz al comediante mexicano más internacional, también podía resultar en una interpretación convincente. Óscar Jaenada que, aparentemente no tendría nada que ver con el personaje, puede hacer un buen papel y convencer a un público exigente.

Los verdaderos actores, aquellos que saben desprenderse de sí mismos para ponerse al servicio de un personaje, que practican por horas y días enteros ante el espejo, que pueden hacer buenas personificaciones —que no imitaciones—, que pueden dominar los diferentes acentos, por complejos que sean, ésos pueden sacar adelante cualquier personaje, a fin de cuentas no tienen nacionalidad.

Vienen a mi mente algunas cintas biográficas que han sido protagonizadas por actores de orígenes muy distintos a los del personaje central, y que han logrado grandes interpretaciones en las que incluso han recibido premios como Globos de Oro, Oscar y BAFTA.

Gandhi, dirigida en 1982 por Richard Attenborough. El personaje central, todo un ícono de la historia de las revoluciones sociales del siglo XX y muy respetado y querido en la India, corrió a cargo de Ben Kingsley, de ascendencia indo-británica, pero nacido en Inglaterra. Kingsley logró una de las mejores interpretaciones de su carrera y se llevó por ella el único Oscar que ha ganado en su filmografía. A la fecha es conocido como Gandhi.

Chaplin, otra biografía de 1992, dirigida por Richard Attenborough, y otro monstruo sagrado con el que era difícil medirse: Charles Chaplin. El actor fue el estadunidense Robert Downey Jr. dando vida a este ícono británico, y no ganó el Oscar porque le fue arrebatado por Al Pacino y su sobrevalorada actuación en Perfume de mujer. Downey Jr. dominaba la comedia física en el mejor estilo de Chaplin, y no ser inglés poco importó a la hora de adueñarse del emblemático Vagabundo.

Qué decir del espectacular trabajo de Meryl Streep encarnando a Margaret Thatcher. Una estadunidense muy hollywoodense dando vida a la polémica estadista británica. Streep es única para meterse en la piel de sus personajes y en el caso de La dama de hierro, quedó totalmente asimilada por sus ademanes, forma de caminar, lenguaje corporal y, sobre todo brilló por su exquisito acento británico, lo cual es su especialidad. Por supuesto, se llevó el Oscar a mejor actriz en 2012.

El irlandés Daniel Day-Lewis nos dejó boquiabiertos con su trabajo interpretando al presidente estadunidense Abraham Lincoln en Lincoln, de Steven Spielberg. Le valió al actor uno de los tres premios Oscar que ha acumulado hasta el momento.

La australiana Cate Blanchett recibió una nominación al premio de la Academia de Hollywood por su trabajo recreando a la Reina Isabel I en Elizabeth, de 2008. El británico Gary Oldman  logró una interpretación convincente del alemán Ludwig van Beethoven, en La amada inmortal de 1994. El gran actor estadunidense Paul Muni también fue nominado en 1938 por su espléndida interpretación del escritor francés Émile Zola en La vida de Émile Zola, una excelente película ampliamente recomendable.

Como podemos confirmar con estos y muchos ejemplos, la nacionalidad es lo de menos si los actores son talentosos y asumen los retos.

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