¿Mexicoscar?

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Lucero Solórzano 05/03/2014 00:00
¿Mexicoscar?

No sé quién acuñó el término, le aclaro que no fui yo. Pero me sonó atractivo y polémico su uso en un artículo del diario español El País del pasado lunes, y en el que se hacían comentarios al respecto de la entrega y el éxito de Gravedad.

En efecto, no es una película mexicana si hablamos en términos económicos, pero la aportación de talento “hecho en México” en las personas de los Cuarón y Emmanuel Lubezki es determinante para el resultado.  Sobre la supuesta mexicanidad de Lupita Nyong’o, ganadora en 12 años esclavo, creo que no tiene ningún sentido abundar. Nació en México por el trabajo de su padre, es un mero accidente.

También es cierto que los siete premios Oscar, o el BAFTA, el Globo de Oro y los reconocimientos de los sindicatos de la industria en Estados Unidos a Gravedad no son para el cine mexicano, ni siquiera para México. Es una coproducción Estados Unidos-Reino Unido, y por cierto este es el motivo de que optara también por el BAFTA, que otorga la Academia de Artes en Cine y Televisión de ese país.

A riesgo de sonar simplista, creo que la misma razón por la que trabajadores michoacanos, poblanos, oaxaqueños, etcétera, se ven forzados a salir de México, es la que ha empujado a gente como Luis Mandoki, Alejandro González Iñárritu, Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro, Rodrigo Prieto, Emmanuel Lubezki y muchos otros a trabajar más allá de nuestras fronteras: no tienen oportunidades de desarrollo en su propio país.

La prueba es la cantidad de obstáculos que tienen que enfrentar los cineastas mexicanos para hacer una película: elaborar un buen guión, levantar inversiones, buscar apoyos privados y gubernamentales, llegar a una fecha de estreno con poca promoción, enfrentarse a la aplanadora hollywoodense que deja pocos espacios para la exhibición. Y para rematar, el prejuicio que persiste en el público nacional que es mucho más feroz para juzgar las películas mexicanas —buenas y malas—, que las extranjeras (hollywoodenses) —buenas y malas—.

¿Que si los siete premios Oscar que recibió Gravedad benefician al cine nacional? Definitivamente no lo creo. Pensar que por ese hecho los inversionistas potenciales o las autoridades culturales verán futuro en el apoyo de la producción cinematográfica en México y en sus realizadores emergentes, casi carece de lógica y sentido.

Lo que sí debe considerarse es la imagen positiva y al alza que estos realizadores le dan a nuestro país en el ámbito internacional. Guillermo Arriaga ha estado nominado a BAFTA, Globos de Oro, Oscar, ha ganado la Palma de Oro al Mejor Guión en Cannes; Carlos Reygadas gana en Cannes 2012 como Mejor Director; Amat Escalante hace lo mismo en 2013; Michel Franco gana en la sección Una Cierta Mirada en Cannes 2012; Alonso Ruizpalacios gana con la Mejor Ópera Prima en Berlín 2014; Fernando Eimbcke gana en Berlín, San Sebastián, Sundance, y muchos etcéteras, pues todos además tienen una larga lista de reconocimientos a sus películas hechas en México. Y me disculpo con los que ya no mencioné en este espacio por falta del mismo.

Sumados a estos talentos están los mencionados arriba que, aunque están haciendo “películas gringas, no mexicanas”, como bien nos lo recordó Cuarón la semana pasada, son mexicanos y sus éxitos hacen que se hable de nuestro país más allá de la detención del capo más buscado del planeta, noticia que le dio varias vueltas a la Tierra: qué mal que se les escapó, qué bueno que lo recapturaron aunque sea 13 años después, qué malo que sea mexicano, qué vergüenza que se piense en deportarlo para que no se escape.

Alfonso Cuarón no mencionó a México, está en su derecho, pero deja bien claro que, como la señorita Nyong’o, seguramente también piensa: “Nada qué, el Oscar es mío”.

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