La vida de Adèle

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Lucero Solórzano 19/02/2014 00:29
La vida de Adèle

La ganadora de la Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes llegó por fin a las pantallas nacionales. La vida de Adèle (La vie d’Adèle, Francia 2013) es conocida en Estados Unidos como Blue is the warmest color que es algo así como El azul es el color más cálido, y juega con el color del pelo de una de las protagonistas.

Escrita y dirigida por el tunecino criado en Francia Abdellatif Kechiche, fue elegida de manera unánime para llevarse el máximo galardón de Cannes. Rodeada de polémica, el jurado encabezado por Steven Spielberg no dudó en coronarla. Ante una historia de amor lésbico, el jurado de un evento que suele dar sorpresas, no tuvo dudas en su decisión, pero insistió en premiar al director con sus actrices. Si usted ve la película podrá constatar que no sería lo mismo sin ellas.

Otro factor que favoreció la polémica fueron los comentarios de las dos protagonistas que se quejaron de que el director fue particularmente exigente con ellas,  y las forzó a prolongar innecesariamente —según afirmaron ambas— las secuencias sexuales.

La vida de Adèle alcanza las tres horas de duración y es una bellísima exploración detallada y profunda del desarrollo personal y sexual de una jovencita de 16 años, interpretada por Adèle Exarchopoulos, espléndida actriz de origen griego que a pesar de su juventud alcanza niveles excepcionales de emotividad e intensidad.

Adèle estudia la preparatoria y vive como cualquier chica de su edad entre lecciones de literatura, sus conservadores padres, juegos y flirteos con amigos, fiestas, antros, y una inquietante exploración de su sexualidad que la tiene por demás confundida.

Un día Adèle ve pasar a una joven mayor que ella, como de 28 años. Es Emma, que tiene una gran personalidad, espectacular sonrisa y el cortísimo pelo pintado de azul; es pintora y está buscando dónde exponer su obra. La corriente eléctrica que se apodera de Adèle es evidente y al poco tiempo inicia una apasionada relación con Emma. Ambas se enamoran profundamente.

Mas allá del trabajo en la dirección de Abdellatif Kechiche, La vida de Adèle funciona apoyada en la sensibilidad y entrega de las dos protagonistas, Léa Seydoux es Emma y con Exarchopoulos se proponen mostrarnos la profundidad de sus sentimientos, pero también del sufrimiento que puede conllevar una relación amorosa.

Con un metraje de tres horas el director ha sido criticado por lo explícito de los encuentros sexuales, que ademas en su primera secuencia se alarga a casi ocho minutos. Sin dejar nada a la imaginación ambas actrices viven para la cámara y sin ningún tipo de inhibiciones, la pasión que despiertan la una en la otra, la desesperación en la búsqueda de sus cuerpos, la integración que las convierte en una sola persona.

No hay nada de procaz o vulgar —mucho menos pornográfico— en la imagen de su desnudez enredada entre piernas, manos y piel. A través de Emma, Adèle descubre su verdadera orientación sexual, pero también las dificultades que le presenta una sociedad puritana, representada en sus propias compañeras de clase que son las jueces más feroces. Adèle se debate así entre la necesidad de seguir perteneciendo a un grupo de compañeros sin confesar su amor por Emma, o romper con todo y vivirlo abiertamente. Sus efervescentes 16 años, los lastres de su formación previa, la indecisión, y el miedo, le pesan. Por otro lado Emma ya ha recorrido ese camino y no tiene ninguna dificultad en ser vista en público.

Kechiche se da tiempo, en esas extensas tres horas, para tomar las cosas con calma, pero a pesar de eso no alcanza a dar claridad en la exposición del paso del tiempo dentro de la propia historia, ya que ésta abarca probablemente unos cinco años en las vidas de las protagonistas. Por lo mismo el manejo de algunas elipsis deja ciertos huecos para su comprensión.

Personalmente sí considero que la duración podría haberse reducido, quizás en 20 minutos y sin detrimento de la forma de contar la historia, ni tampoco en la intensa conexión que la descripción de los personajes le permite al espectador. Este es probablemente el mayor valor del guión, ya que desde los primeros minutos ambas jóvenes se ganan la simpatía del espectador, e inspiran una enorme ternura.

A fin de cuentas estamos ante una historia de amor muy bien contada, cálida, humana y realista; con los claroscuros de la mayoría. Muy recomendable.

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