47 Ronin

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Lucero Solórzano 31/01/2014 00:36
47 Ronin

Cuando las fechas de estreno de una muy sonada superproducción se cambian constantemente algo huele muy mal. Eso es lo que pasó con 47 Ronin (Estados Unidos, 2013) cuyo estreno se movió dos veces y que apenas recaudó 37 millones de dólares en Estados Unidos, en contraste con la inversión de 175 millones que se asignó a su producción.

Es la más reciente película del actor estadunidense Keanu Reeves, que parece no encontrar el proyecto esperado para reactivar su carrera, que tuviera su momento climático con Matrix, de 1999 y sus posteriores secuelas.

Ni Constantine ni el refrito de The day the earth stood still-El día que la Tierra se detuvo —aunque con buena respuesta en la taquilla—, le ayudaron a levantarse de la lona en la que está desde hace varios años. Su tiempo como héroe de acción está pasando al cumplir el actor 50 años en este 2014, y tomando en cuenta la ola de jóvenes que representan la competencia y, sobre todo, la ley de la vida.

Su tipo físico, un poco exótico, otro poco enigmático, e innegablemente interesante, le permiten dar vida a personajes atípicos como Neo en Matrix o como en 47 Ronin, en la que es un mestizo en la época del Japón de los grandes señores feudales, que puede salvar el honor de un grupo de valientes samuráis caídos en desgracia.

La pregunta que varios medios se han hecho es: ¿Por qué confiar 175 millones de dólares a un director debutante, Carl Rinsch, para la realización de una película que desde el guión no promete certezas, ya no de superar la inversión, sino siquiera de recuperarla?

Varias cosas salieron mal con esta película. Sin duda tiene un grave problema de dirección que se percibe desde los primeros minutos, en especial en el manejo de los actores orientales que se ven poco espontáneos, con líneas muy forzadas, mal dirigidos. El propio Reeves está totalmente desdibujado en toda la primera mitad de la película que, hay que decirlo, se hace tediosa, sin que entendamos los verdaderos motivos de los personajes principales.

Wikipedia indica: Un ronin —literalmente “hombre ola”, un hombre errante como una ola en el mar— era un samurái sin amo durante el periodo feudal de Japón, entre 1185 y 1868. La condición de ronin estaba revestida de un sentimiento de vergüenza que los llevaba a luchar por recuperar el sentido de pertenencia a un amo.

47 Ronin está someramente basada en la historia verdadera de esos personajes cuyas tumbas, según se cuenta, son visitadas por muchos admiradores del hecho. El problema es que los guionistas, entre los que está Chris Morgan, el exitoso escritor de la saga Rápido y furioso, añaden elementos fantasiosos a la recreación de la leyenda, como brujería y dragones. Se toman demasiadas licencias y hacen un coctel peligroso de historia verdadera con fantasía, lo que no permite que el espectador se conecte con el argumento ni con los personajes.

Keanu Reeves cumple a medias en el personaje de Kai, el mestizo adoptado, pero es un hecho que es un mal actor, siempre se ve igual, inexpresivo, y no alcanza a generar una conexión con el público. No se le puede negar a 47 Ronin que su estética y el diseño de arte resultan impecables y en ese aspecto brinda un buen espectáculo. Pero eso puede ser también lo que llevó al debutante Carl Rinsch a descuidar lo más importante en una película: el guión, la historia, la construcción de los personajes, sus motivaciones, sus claroscuros, que aquí brillan por su ausencia.

Con algunos pocos momentos logrados, 47 Ronin echa tierra en las carreras del señor Rinsch y su amigo Keanu Reeves.

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