Balada de un hombre común

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Lucero Solórzano 22/01/2014 00:21
Balada de un hombre común

Con el título en español para América Latina Balada de un hombre común, que recuerda el de aquella obra musical muy “olímpica” de Aaron Copland, Fanfarria para el hombre común, se estrena el viernes en nuestro país la más reciente película de los hermanos Coen, Inside Llewyn Davis (Estados Unidos, 2013).

Este tipo de títulos pone en aprietos a los distribuidores en países de habla hispana. La misma película en España se titula A propósito de Llewyn Davis, que a mi parecer le hace más justicia al original.

Los Coen destacan como grandes ausentes en las nominaciones al Oscar de 2014 por esta cinta. Sin ser lo mejor de su filmografía se le reconocen los méritos acostumbrados en estos realizadores como lo son un guión atractivo y sobre todo original con giros inesperados, vestido con su característico sentido del humor y diálogos llenos de sarcasmo, y un cuadro de actores de primer nivel entre los que están Oscar Isaac, de origen guatemalteco y que interpreta a Llewyn, Carey Mulligan, Justin Timberlake y John Goodman, actor fetiche de Joel e Ethan Coen.

Llewyn Davis es un cantante de música folk cuya carrera se ha desarrollado con grandes tropiezos en la zona del Greenwich Village, un barrio neoyorquino de larga tradición musical, pictórica, literaria y teatral. Davis tiene un serio problema de actitud, su expresión es de permanente fastidio, está peleado con la vida y de alguna manera éste es un obstáculo para que el personaje se conecte con el público, pues acabamos percibiéndolo como gris y poco simpático, arrogante, huraño, agresivo con quien trata de ayudarlo e ingrato con quienes lo han hecho. Estas características juegan a favor y en contra de la película porque por otro lado es innegable que Llewyn es un ser humano, muy común y corriente. El más perdedor de los perdedores.

En lo que considero un miscast (el actor no fue el indicado para el personaje, a Isaac algo le falta para llenarlo), la historia se ubica en los sesenta y se inicia cuando el cantante atraviesa por una crisis profesional y personal tras la muerte del amigo con el que formaba dueto. Davis no ha podido levantar cabeza, su disco en solitario no se vende, no tiene un centavo ni tampoco trabajo. Oscar Isaac es, sin duda, un actor talentoso que canta bien y en verdad se esfuerza por sacar adelante al personaje; pero probablemente se enfrentó a la construcción ambigua del rol por parte de los Coen. Esto no pasa con los otros personajes que lo rodean como la furibunda Jen, con la que tiene una aventura pasajera y que está interpretada por Carey Mulligan, haciendo gala de sus dotes camaleónicas; Jim la pareja de ella y al que da vida Justin Timberlake, quien también es muy convincente en la pantalla, y un músico venido a menos, obeso, drogadicto, en la persona del gran actor John Goodman.

Balada de un hombre común tiene mucho de Hermano ¿dónde estás?, Barton Fink, Quémese después de leer y de Un hombre serio; hasta de El Gran Lebowski. Son retratos de personajes en crisis existencial, rechazados y menospreciados por quienes les rodean. Pero los de aquellas películas alcanzan a establecer un lazo de empatía con los espectadores, lo que Llewyn Davis no termina por concretar.

La Academia de Hollywood distinguió a No es país para viejos, escrita y dirigida por los hermanos Coen en 2008, con nueve nominaciones y le otorgó el Oscar a la Mejor Película, director, actor de reparto (Javier Bardem), y Mejor Guión Adaptado, pero dejó a un lado Balada de un hombre común, y aunque el seguimiento de este hombre en el límite es atractivo y entretiene, algo no acaba de cuajar en la narración.

Como las otras películas de los Coen la anécdota es profundamente local, muy estadunidense y muy cine independiente. Desde Arizona Baby hasta Temple de acero, el espléndido western en el que retoman el clásico de John Wayne del mismo título, los Coen también se manifiestan en Balada de un hombre común como los cronistas de la cultura popular de nuestros vecinos, sus formas de hablar, sus claroscuros, música, defectos y virtudes, miedos, esperanzas y vacíos. 

Insisto, está lejos de ser de lo mejor de estos cineastas, pero se deja ver.

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