El lobo de Wall Street

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Lucero Solórzano 10/01/2014 00:00
El lobo de Wall Street

Llega a las pantallas nacionales la más reciente película del cineasta neoyorquino Martin Scorsese, que es también la quinta colaboración del director con el excepcional actor Leonardo DiCaprio: El lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street, Estados Unidos, 2013). Es una comedia ácida, desenfrenada, frontal, fresca, irreverente, con un agudo sentido del humor negro.

Está basada en el libro del mismo título escrito por Jordan Belfort, un corredor de bolsa sin escrúpulos, inmoral, carente de cualquier clase de principios,  pero eso sí, con los fines muy claros: hacer montañas de dinero a costa de “verle la cara” a millones de estadunidenses y al propio sistema y las instituciones financieras del Tío Sam.

DiCaprio da  vida en la pantalla a este defraudador que se parece tanto a los personajes en torno a los que Scorsese ha hecho grandes películas, desde Travis Bickle en Taxi Driver; Jake La Motta en Toro Salvaje;  Sam Rothstein en Casino con la que además El lobo de Wall Street tiene tanto en común; el trío de protagonistas de Buenos muchachos; Bill “The Butcher” en Pandillas de Nueva York; Max Cady en Cabo de Miedo; y hasta el propio Howard Hughes en El aviador. Los villanos complejos, potentes, esquizofrénicos, sicóticos, perversos, le encantan a Scorsese, quien tiene la fórmula secreta para hacer que en la pantalla nos muevan las entrañas y probablemente también que los amemos,  ¿o que los odiemos?, ¿admiremos?, ¿envidiemos?.. La construcción de personajes del guionista, el director y los actores recrea a fin de cuentas seres humanos con pasiones, debilidades, defectos, virtudes, miserias.  Muy comunes finalmente.

Por esto mismo algunas películas del director de La edad de la inocencia suelen ser incómodas para ciertas audiencias, y El lobo de Wall Street no es la excepción. Con tres horas de duración, la espléndida adaptación plasmada en el guión de Terence Winter, la impecable edición de Thelma Schoonmaker, quien ha colaborado con Scorsese en varios proyectos, y la contundente fotografía de Rodrigo Prieto, se arma un cocktail de sexo, prostitución, drogas, escándalos, corrupción, fraudes, traiciones, mentiras, que caracterizaron la época de bonanza de Jordan Belfort.

La película se inicia con DiCaprio narrando en primera persona  cómo es la glamorosa vida de Belfort, muy en la línea de Robert De Niro como Rothstein en Casino.  Con cinismo y desenfado su voz nos acompaña a atestiguar los sucios manejos del broker para posicionarse en Wall Street, en donde en 1987 fundara Stratton Oakmont,  uno de los despachos de manejo de valores más importantes del mundo en los años 90. Operando como boiler room (casa de bolsa ilegal), la astucia de Belfort, sumada a su carisma y liderazgo, las indudables dotes como vendedor y una insaciable ambición, convirtieron Stratton Oakmont en una feliz fábrica de dinero.

Rodeado de un grupo de pillos como él, Belfort amasó una fortuna de muchos millones de dólares. Se entregó a la adrenalina de los caprichos de los mercados, a su adicción al sexo y las drogas. Organizaba orgías salvajes en sus propias oficinas, se llenó de joyas, propiedades, inmuebles, un yate, helicóptero… con la misma facilidad con que subió, su descenso fue estrepitoso al ser cazado por el FBI y acusado de todo tipo de delitos.

Leonardo DiCaprio está sin duda en el mejor momento de su carrera, se le va la vida en su interpretación. Está acompañado por Jonah Hill en el papel de Donnie Azzof, el neurótico socio,  Rob Reiner, como el papá de moral “flexible” de Jordan, y Matthew McConaughey con escasos pero contundentes minutos en pantalla como el mentor de Belfort.

Como un nuevo Gordon Gekko, el legendario protagonista de Wall Street que dirigiera Oliver Stone en 1987 y que le diera un Oscar a Michael Douglas, Belfort se suma a esa lista de personajes enigmáticos, conflictivos y caóticos de Martin Scorsese. En el guión se hace hincapié en que “tendrá que enfrentar las consecuencias de sus actos”, aunque uno no deja de preguntarse si no le salió demasiado barato.

Muy recomendable. No se la pierda.

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