“¡Qué bello es vivir!”

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Lucero Solórzano 18/12/2013 00:00
“¡Qué bello es vivir!”

No creo exagerar cuando afirmo que muy probablemente la película estadunidense ¡Qué bello es vivir! (It’s a Wonderful Life, Estados Unidos, 1946), fue el primer contacto con el cine de millones de cinéfilos en el mundo. La razón es simple: esta película de Frank Capra es la más transmitida por televisión en todo el planeta.

Es precisamente esta temporada navideña en la que, por su temática, era el referente obligado para las familias que se sentaban alrededor de aquellos aparatos de televisión de pantallas casi redondas, en blanco y negro, de bulbos que tenían que calentarse para que la imagen apareciera, empezando con un punto que se iba haciendo grande hasta llenar de luz la pantalla. De la misma manera al apagarlas el punto luminoso se iba reduciendo hasta desaparecer.

Inspirada en un relato de Phillip Van Doren Stern, Capra trabajó con varios guionistas para construir una muy buena historia que hoy, a casi 70 años de distancia puede parecer naif y hasta simplona, muy yanqui. En su momento no tuvo gran éxito, pero paradójicamente una omisión en los procedimientos legales por parte de Paramount Pictures para conservar los derechos, desembocó en que los perdiera  por varios años y esto implicó que ¡Qué bello es vivir! pasara al dominio público, por lo que las cadenas no tenían que pagar por su transmisión. De ahí que se convirtiera en el clásico obligado de la temporada navideña hasta los años 70.

Frank Capra nació en Sicilia a principios del siglo XX y siendo muy pequeño emigró a los Estados Unidos con su familia. Pasando por muchas carencias se incorporó rápidamente al American Way of Life,  y fue el más estadunidense de los estadunidenses, como lo demostró después en sus películas.

Capra es todo un ícono del cine hollywoodense de los 30 y 40. En muchas de sus películas hay una mezcla equilibrada de drama y comedia entre las que destacan:  Sucedió una noche (1934); Mr. Deeds Goes to Town (1936) pobremente “refriteada” en 2002; Horizontes perdidos (1937); You Can’t Take It with You (Vive como quieras, 1938);  Mr. Smith Goes to Washington (Caballero sin espada, 1939); Arsénico y encajes viejos (1944) y ¡Qué bello es vivir! de 1946.

El cine de Frank Capra ya venía en cierto declive para cuando empezó a filmar It’s a Wonderful Life aunque él quedó convencido de que había hecho su obra maestra. No lo pensó así el público que en su estreno la percibió simplona, dulce y “llorona”. La Segunda Guerra había concluido y había que empezar a trabajar en el cine inspirador. El humor había cambiado; los años de sus buenas películas ya habían pasado.

Además de ser hoy la película más conocida de Frank Capra es también el mejor trabajo de James Stewart, que con toda la intensidad que lo caracterizaba da vida a George Bailey, el heroico protagonista que sedujo a todos los públicos. La historia lleva varios mensajes implícitos, como que hay Algo o Alguien más allá de nuestras esferas que supervisa y orienta nuestras vidas. Si se quiere es un punto de vista religioso, pero más allá de eso es también una exploración del bien y el mal que todos los seres humanos guardamos en nuestro interior.

Todo se inicia cuando dos estrellas dialogan en el firmamento. Se oyen voces de mujeres, hombres y niños que alzan sus plegarias pidiendo por George Bailey, que ha entregado su vida a todos en Bedford Falls y que se encuentra desesperado y en graves problemas. En el “alto mando” deciden enviar a la Tierra a un ángel despistado que se quiere ganar sus alas, Clarence, con la misión de salvar a George.

Pero antes le enseñan quién es George Bailey, dividiendo la película en tres actos muy definidos: esa primera parte que nos permite conocer a Bailey, su familia, el trabajo, la novia, amigos, el pueblo, el temible Señor Potter. El segundo acto se inicia cuando Clarence le muestra a George el desastre que la vida de todos ellos hubiera sido de no nacer él; y el tercero cuando George recupera el valor de lo que es vivir y gracias a la solidaridad de todos los que lo quieren y están agradecidos con él, recupera su fe en la vida.

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