Peter O’Toole

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Lucero Solórzano 16/12/2013 00:00
Peter O’Toole

Apenas este sábado estaba viendo Lawrence de Arabia, que me movió a recordar la carrera de Peter O’Toole, el actor irlandés que estuviera nominado al Oscar en ocho ocasiones, sin ganarlo nunca. Aunque “los señores de la Academia” enmendaron la omisión con su recurso acostumbrado del Oscar honorífico para grandes genios que se “les pasaron”, como sucedió con Charles Chaplin, Alfred Hitchcock, Sir Laurence Olivier y otros destacados personajes que desfilaron por su Oscar muy poco antes de morir. O’Toole recibió este reconocimiento en 2003.

Falleció uno de los más grandes actores de habla inglesa. Peter O’Toole, con su distinguida presencia de casi 1.90 de estatura, una muy bien modulada voz con exquisito acento, los clarísimos ojos azules, la elegancia, sus movimientos a veces delicados, sensuales, finos, llenaba la pantalla con su personalidad y enorme talento plasmado en títulos que ya son clásicos.

En 1962 tuvo su primer protagónico en Lawrence de Arabia, dirigida por David Lean. A los productores les preocupaba la idea de poner sobre las espaldas de un actor joven y relativamente inexperto todo el peso de una película de alto presupuesto, demandante por las condiciones de la filmación, en cuyo reparto figuraban importantes actores, de tres horas de duración, y que tendría casi el 90% del tiempo en pantalla. 

Durante el propio rodaje pudieron comprobar que Peter O’Toole había nacido para ser Lawrence y hoy sabemos que sin él, la película no sería considerada una de las más grandes de todos los tiempos. Con esta interpretación pasó a la historia. David Lean realizó una de sus mejores películas y convirtió a la inmensidad de las arenas del desierto africano en otro personaje más.

De ahí en adelante Peter O’Toole pasó a formar parte de proyectos destacados, tanto en el cine como en el teatro: Becket de 1964, Lord Jim de 1965, Cómo robar un millón de dólares de 1966, La noche de los generales de 1967, El león en invierno de 1968, Adiós Mr. Chips de 1969, The ruling class de 1972, El hombre de la mancha de 1972, The stunt man de 1980, Mi año favorito de 1982, El último emperador de 1987, Venus de 2006. Todas, películas ampliamente recomendables, aunque hay que hacer una mención especial a su trabajo en el doblaje al dar su voz a Anton Ego, el duro crítico de Ratatouille.

Su amplio registro y calidad interpretativa le permitían ser Don Quijote de la Mancha y su “sueño imposible”, un encantador ladrón haciendo una pareja deliciosa con la que podría ser su equivalente femenino, Audrey Hepburn; un anciano seductor en busca de piel joven; un sacerdote perseguido, un atormentado Enrique II en tres películas, el amoroso tutor de un emperador chino condenado a la desgracia, el rey Príamo en la fallida Troya, un entregado maestro o dar voz a un amargado y arrogante crítico de cocina.

Pero sin duda el papel por el que será recordado y con el que es automáticamente asociado es su creación de T. E. Lawrence, el oficial del ejército británico que durante la Primera Guerra Mundial fue enviado por los ingleses al norte de África en una misión diplomática para que buscara al príncipe Faisal —interpretado por Alec Guinness—. Lawrence se enfrenta a las pugnas entre las tribus y clanes árabes y hace un viaje iniciático que transforma su mundo y su percepción de la vida. Se convierte un árabe más, enamorado del desierto, pero también pasó a ser una incomodidad para la corona británica que finalmente le dio la espalda.

Peter O’Toole se entregó a la recreación de este personaje con el que acabó formando una unidad.

Su muerte nos deja con la frase que dice Anton Ego en la voz de O’Toole hacia el final de Ratatouille: “… hungry for more” (con hambre de más).

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