¿Servirán las reformas?

COMPARTIR 
Leo Zuckermann 08/01/2014 00:55
¿Servirán las reformas?

Ayer decía que, sin Revolución, en el marco de una democracia, atestiguamos una especie de Constituyente en 2013 que cambió reglas fundamentales de nuestro entramado institucional. Se trata de un primer paso para cambiar nuestra política y economía. Como bien dice Jorge Castañeda, eran una condición necesaria pero no suficiente. Las enmiendas constitucionales todavía tienen que aterrizarse en leyes secundarias y reglamentos operativos. Luego vendrá el intrincado proceso de implementación. Ahí, en la definición de las miles de reglas y su ejecución, se definirá si las reformas serán exitosas para “transformar a México”, como dice el gobierno, o si todo quedará en buenas intenciones que fracasaron.

Tomemos, por ejemplo, el caso de la Reforma en Telecomunicaciones. El primer semestre del año pasado se aprobaron los cambios en la Constitución para supuestamente inyectarle una mayor competencia económica al sector, que vaya que la necesita. Esto implica, por la naturaleza de los bienes en cuestión, una regulación eficaz del Estado. A diferencia de los zapatos, donde no se necesita ningún tipo de intervención estatal entre el vendedor y comprador, el espectro radioeléctrico por el que viajan las telecomunicaciones requiere obligadamente que un representante de la sociedad (el gobierno) asigne los bienes escasos procurando buenos precios y calidad para los consumidores. Desgraciadamente en México lo que ha prevalecido es la dominancia de empresas que, con prácticas monopólicas, han exprimido al consumidor y limitado la expansión de un sector fundamental para la economía. De ahí la necesidad de que tengamos en México una mayor competencia y mejor regulación estatal.

Es lo que está en el espíritu de la reforma constitucional aprobada. Los detalles, como debe ser, se dejaron para una legislación secundaria que, según la misma reforma constitucional, debían haberse aprobado a finales de 2013. No ocurrió. El Congreso estaba ocupado con otras reformas importantes. Pospuso, por tanto, la legislación secundaria en telecomunicaciones. Y mientras las reglas están en el limbo, los capitalistas dejaron de invertir.

Ya hay números. Javier Tejado escribió ayer en su editorial de Reforma: “El año pasado, el crear un nuevo regulador y tribunales especializados, acabar con la suspensión en amparo para los juicios en telecomunicaciones y tener una confusa regulación constitucional ocasionaron que la inversión en infraestructura cayera un estrepitoso 27 por ciento y que, ante la incertidumbre, los operadores invirtieran un porcentaje mucho menor de sus ingresos (ratio inversión/ingreso 15 por ciento en 2013 vs. 22 por ciento en 2012)”.

Es por eso que Tejado, experto en telecomunicaciones, está urgiendo al Ejecutivo y Congreso para que concreten las reglas de un sector tan importante como el de las telecomunicaciones: “Definir qué tipo de leyes se quieren, qué tipo de regulador se forjará, qué tipo de libertades para los medios y el periodismo electrónico, cuál será el mecanismo para asignar las valiosas concesiones de espectro radioeléctrico (telefonía móvil, banda ancha o radiodifusión), cómo participarán las paraestatales en la competencia con las empresas privadas, cómo se asegurarán mejores servicios para los consumidores y audiencias en México, cómo se fomentará que las importantes empresas mexicanas de comunicación puedan seguir compitiendo en el extranjero exitosamente. Todo ello representa un reto sin precedentes para el Estado mexicano”. Tiene toda la razón el director de información de Televisa.

Los inversionistas interesados están esperando ver cómo vienen los detalles para ver si arriesgan o no su dinero. Este argumento aplica para otras reformas económicas como la energética, de competencia económica y financiera que mencionaba ayer en mi artículo sobre el Constituyente de 2013. Ni qué decir de los detalles para las reformas educativa, política y de transparencia para ver si funcionarán.

Se ha dado un primer paso que era necesario. Pero ahora se requieren miles de pasitos más que definirán si servirán las reformas para que haya más crecimiento económico, educación de calidad, democracia y rendición de cuentas de los gobernantes. Lo que está en juego es mucho: la viabilidad de reformas orientadas al mercado y a la democracia liberal. Si se fracasa en las legislaciones secundaria y la implementación, corremos el peligro de que se vuelvan atractivas propuestas estatistas y autoritarias.

                Twitter: @leozuckermann

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red