SILENCIO DEL MÁS ALLÁ

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La Crítica 11/05/2014 00:10
SILENCIO DEL MÁS ALLÁ
Por Alonso Díaz de la Vega

El Romanticismo predominó entre los siglos XVIII y XIX hasta que la búsqueda de la verdad encontró en la ciencia un nuevo paradigma. La investigación reemplazó al sueño en una transformación que la historia parece haber olvidado, y que resurge en cintas de horror recientes, como Oculus (2013) y Silencio del más allá (The Quiet Ones, 2014). Ante un mundo que se seculariza rápidamente, el cine comercial regresa a la pregunta primaria sobre lo paranormal: ¿Es un fenómeno de la mente o del espíritu? Mientras Oculus no responde, pero ofrece una discusión interesante, Silencio del más allá no tiene siquiera coherencia.

La historia de Joseph Coupland (Jared Harris), un profesor de Oxford obsesionado con desacreditar la intervención del mal en las supuestas apariciones de espíritus, ni glorifica la razón ni justifica el misticismo. El experimento al que este hombre y su equipo someten a Jane Harper (Olivia Cooke), una mujer aparentemente poseída, no es una dialéctica, sino una fórmula de sustos que se basa en giros de trama ilógicos y estridentes sonidos para alarmar al sistema nervioso. El director John Pogue prefiere el ataque a los sentidos, por encima del horror sicológico.

Pogue no intenta siquiera generar la confusión lógica, pero incompleta, de Stanley Kubrick en El resplandor (The Shining, 1980), sino que simplemente no tiene idea de qué hacer con su guión. Kubrick nos relata una historia incomprensible porque su impresión de lo paranormal es nihilista: ante un suceso impenetrable, sólo le queda negarle una explicación a la audiencia porque él mismo no la tiene ni se atreve a buscarla. Pogue carece de la inteligencia como para enfrentar estas manifestaciones desde la ignorancia, y por ello se dedica estrictamente a manipular.

Es imposible saber si al final el espectro que acecha a Jane es un producto de su poderosa mente, capaz de liberar energía telequinética, o si en verdad un demonio sumerio se ha adueñado de su espíritu. Pogue nos confunde incluso con la forma del villano, pues primero nos lo ofrece como un bebé demoniaco, y luego lo cambia por un ser mitológico. Su monstruo, al igual que el resto de la película, se mueve de acuerdo con una necesidad principal muy inferior a la reflexión o el impresionismo: la sorpresa.

Dirige:

  • John Pogue.

Actúan:

  • Olivia Cooke.
  • Erin Richards.
  • Jared Harris.
  • Sam Claflin.

@diazdelavega1

 

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