Acuerdos de nuevo cuño

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Julio Faesler 29/03/2014 02:47
Acuerdos de nuevo cuño

Un nuevo acuerdo comercial, esta vez con Panamá, se añadirá al elenco de 45 acuerdos comerciales bilaterales y regionales que hemos firmado en los últimos años. El anuncio es grato ya que refuerza nuestra solidaridad con Centroamérica, región que nos es tan cercana en todos los sentidos.

Hay quienes no quieren que firmemos más acuerdos comerciales porque no hemos aprovechado los actuales. En la mayoría de los acuerdos suscritos los saldos son negativos. Este argumento, sin embargo, genera confusiones ya que no explica que un acuerdo comercial bien articulado a la realidad productiva nacional y que coincida con los programas de desarrollo general o regional, que estén en marcha puede ser un apoyo definitivo para impulsar toda nuestra economía.

Lo anterior supone, hay que reconocerlo, que el gobierno y los productores particulares se habrían  puesto de acuerdo en una gran estrategia para promover sectores prioritarios y crear empleos. Los acuerdos bilaterales o regionales serían su poderoso complemento. Concertadas así, las aperturas negociadas en mercados extranjeros serían metódicamente aprovechadas por nuestros exportadores.

Otros analistas no ven en las exportaciones más que la forma de aumentar ventas al exterior sin fijarse en que, si con ello realmente se contribuye a un desarrollo integral del país.  Lo que buscan es llevar al máximo las cifras brutas de exportación desperdiciando la oportunidad de producir aquí los insumos que hay que importar para lograrlas. La industria maquiladora admite que la incorporación de insumos nacionales en su exportación no llega siquiera a cinco por ciento.

El ensamble de partes extranjeras, con que México se ha distinguido, carece del poder multiplicador de ocupación que tiene el de la actividad de fabricación. Insistir en el mero criterio de ventas es descartar el papel del comercio exterior como creador de empleos y  del  poder de compra doméstico que mantiene activo al país.

Una sólida política de comercio exterior hace que las importaciones complementen, no sustituyan, la producción interna.  El desarrollo integral del país se afecta, sin embargo, si se compran productos importados sólo por ser más baratos. Al desalentar la creación de empleos, la apertura indiscriminada de nuestro mercado se vuelve nociva.

El precio bajo del producto extranjero que llega a nuestro mercado puede deberse por que gozan de costos estructurales inferiores a los que el productor mexicano tiene que cubrir como: altas tarifas de electricidad, gas, agua, transportes o costos financieros.

El precio sorprendentemente bajo de algunos productos con los que China nos inunda, también puede explicarse por los insumos baratos que su gobierno ha cuidado en obtener para sus empresas. 

El que no se trate de un verdadero dumping no justifica que dejemos sin recurso que contrapese las circunstancias onerosas que al productor mexicano le impiden competir. Al igual que en los acuerdos comerciales regionales, aquí también hay que ajustar la política de comercio exterior para, como lo hacen otros,  favorecer al producto nacional y al empleo.

Ahora se proyecta para Cancún el Dragon Mart, una gran plataforma dotada de vastas facilidades para centenares de exportadores chinos que ahí se instalarán para ensamblar, almacenar y distribuir sus productos. Frente a la implacable competencia china, miles de productores mexicanos que ya, por carecer de respaldo oficial, han visto sus artículos suplantados por los de ese país y se encontrarán aún más perjudicados cuando la distribución se surta, no desde las antípodas, sino desde Cancún.

Grave, el que nuestras autoridades no hayan detenido este desarrollo que se presenta como un inocente inmobiliario, avalado con endebles certificaciones ajenas al interés económico de México. Más serio, el que sigamos aceptando la entrada de China a México como vendedor de artículos que desplazan al nacional o comprador de insumos estratégicos, en lugar de negociar un acuerdo que prevea que sus empresas se asocien con las nuestras para aumentar nuestra producción y empleo, y luego salir, juntos, a la conquista de los mercados exteriores.

Ésta es la clase de acuerdos comerciales de nuevo cuño que necesitamos.

                *Analista

                juliofelipefaesler@yahoo.com

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