Adjetivar:

Def: Aplicar adjetivos

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Julia Neumann 20/12/2013 00:00
Adjetivar:

Restrictivos, comparativos, cuantitativos, posesivos, explicativos…

Si se habla de la noche buena es porque hace tiempo alguno decidió sumarle al momento un adjetivo calificativo, en aquel entonces existió la posibilidad de que a ese hombre perspicaz, o aquella lúcida mujer, hubiesen adjetivado justamente a esa misma hermosa noche con algún rimbombante sinónimo de tan piadosa palabra: Clemente, caritativa, humana… de ser el caso, precisamente hoy,  estaríamos anticipadamente celebrando que cada milésima de segundo que como agua transcurre, nos acerca a la gloriosa llegada de la noche misericordiosa. Te puedes imaginar… ¿dónde pasas la noche humana?, o —es increíble cómo pasa el tiempo, otra vez es ya noche piadosa.

Con este rotundo ejemplo nos queda bastante claro la descomunal responsabilidad que enérgicamente recae sobre los hombros doloridos del adjetivista. Ahora que lo pienso, podríamos comparar a ese asombroso arte de adjetivar con el ardua labor del estilista, y es obvio que no me refiero a ninguno que le interese involucrarse con estilos gramaticales o literarios, sino a ese otro ser humano al que todos tratamos con respeto, al que lleva unas tijeras puntiagudas en la mano y las usa a unos cuantos breves centímetros de nuestro preciado cráneo. Adjetivar es embellecer las deslucidas facciones que la palabra  tiene por sí sola, aunque a ciertos vocablos: amor y tiempo, estos mismos adjetivos no sólo no los complementan, sino llegan a estorbarles.

Leonardo Vázquez Conde en ese sugestivo prólogo que adecuadamente titula: Escribir sobre las letras …con letras, puntualiza que esas partículas básicas, a las que él  mismo define como átomos de la escritura, son entidades vivas, al igual que el lenguaje y las ideas, las letras están sujetas a irse transformando. Hace no tantos años, cuando las personas el 31 de diciembre se cruzaban con alguno por la calle se deseaban un próspero Año Nuevo. Hoy, en la misma situación optamos por pronunciar de forma sutil un ‘feliz año’ ante ese otro, que sobre la banqueta ocupa su propio breve espacio. ¿Cuántos adjetivos son necesarios para relatar desde que emprende la planeación hasta que culmina una cena navideña?

Invitamos a nuestros seres queridos y cercanos, a esos con los que hemos compartido momentos íntimos y experiencias trascendentes. Elegimos el menú, esféricos y acuosos jitomates, papas y camotes que serán puré, pecaminosos romeritos, bacalao cualquiera de sus muchas formas, desempolvamos la libreta azul que tiene escrito en letra manuscrita “Recetas populares y familiares” sobre la portada. Si seguimos con la típica costumbre es muy probable que nuestra primera elección para el plato fuerte sea un suculento y jugoso  pavo. La música, de preferencia evitar los excesivos villancicos. La anhelada hora de los regalos bien pensados y de los nunca faltantes roperazos. El brindis, mi momento favorito, cuando mi padre desde la cabecera refrenda eso mismo que en palabras diversas expresa  año con año: Sean felices, pase lo que pase nunca pierdan de vista este mágico y maravilloso milagro de estar vivos. Si aunado a ésto contamos con la bendición de poder tener un frondoso árbol originalmente decorado y de compartir ese tesoro de la cercanía y del amor profundo y verdadero bajo un mismo techo, debemos sentirnos profundamente honrados, afortunados, grandes, brillantes, correspondidos, satisfechos, gozosos, plenos, agradecidos… la lista sigue para el que está consciente de que la Navidad es Navidad sin pavo, que lo que en verdad importa se comparte, no se compra. Te deseo desde lo profundo que tu hogar esté lleno de adjetivos bellos esta Noche Buena.

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