No podemos seguir así

México ha avanzado en transparencia, pero más en la simulación. Ha avanzado en la rendición de cuentas, pero más en la impunidad.

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Juan José Rodríguez Prats 19/06/2014 01:36
No podemos seguir así

Lo que me interesa en un hombre cualquiera es la condición humana.

                André Malraux

 

Con todo y el buen desempeño del equipo mexicano de futbol en el Mundial, estoy deprimido. México atraviesa —dicho sea eufemísticamente— por un bache. Los índices en todas las materias así lo indican, posiblemente el más grave sea la percepción ciudadana sobre la política y los políticos.

Una de las causas del desencanto de la democracia es que nos vemos tal como somos. Cala a la ciudadanía, pero sobre todo a su clase política. En otras palabras, en una democracia, los políticos “mostramos el cobre”, lo cual es más fácil ocultar en un sistema autoritario. Hemos perdido el respeto por nosotros mismos.

México ha avanzado en transparencia, pero más en la simulación. Ha avanzado en la rendición de cuentas, pero más en la impunidad. Los ciudadanos están mejor informados, pero no hay respuesta a sus demandas. Las finanzas en los tres órdenes de gobierno nunca han estado más comprometidas ni han sido más opacas, a pesar de una prolífica legislación para poner orden. Si salieran a la luz las cifras hoy maquilladas, se sacudirían los cimientos de la administración pública.

El gobierno actual prometió luchar contra la corrupción, pero es la reforma más rezagada. Según encuestas, sólo 2.29% cree que los políticos se preocupan por los ciudadanos; 88.3% considera frecuentes las prácticas corruptas y 84.4% percibe a los partidos políticos, después de la policía, como la institución más corrupta. Esta es nuestra más grave crisis.

Siempre se ha temido que la democracia lleve a los cargos públicos a mediocres y corruptos. La combinación es letal. Los partidos políticos han dado un espectáculo de pésimo desempeño. El PRI, cada vez más, como el cangrejo, retorna a lo que fue. El PRD, con una obsesión enfermiza, pretende obstruir la Reforma Energética a cualquier precio. El PAN, olvidando su doctrina y sus más nobles tradiciones, se aferra al poder por el poder mismo; ya no distingue entre fines y medios, y se alía con sus tradicionales enemigos. Escindido después de su proceso, va perdiendo ser referente ético en el escenario político.

De la noche a la mañana surge un héroe nacional: Guillermo Ochoa. No me extrañaría que algún partido le ofreciera un cargo de elección popular. La política exige credibilidad, confianza y certidumbre. Ante la carencia de políticos y, ante el reclamo popular de creer en algo y en alguien, el mexicano es capaz de aferrarse a quien le brinde un ápice de esperanza, retando la más lógica elemental política.

Todo está imbricado. La economía está dando señales de estancamiento. El Estado ni siquiera logra garantizar la seguridad y la justicia que son sus deberes elementales, ya no digamos los derechos sociales como acceso a un mejor nivel de bienestar.

No ha habido en el gobierno de Peña Nieto un serio compromiso para atacar la corrupción, siguiendo la inercia de los últimos gobiernos. Los presidentes, o la encabezaban sin ningún escrúpulo, o la ignoraban creyéndola inexistente, o la percibían como invencible y no hacían nada, o la veían normal, concibiéndola como parte del sistema o como el sistema mismo. No se ha dado el ejemplo desde las más altas posiciones de poder, lo cual sería el inicio de una buena campaña para disminuir la corrupción. No puede haber un buen gobierno que cohabite con la corrupción.

Toda normatividad debe equipararse a la normalidad. Es decir, toda norma jurídica debe acreditar su positividad o cumplimiento. Nuestro deteriorado Estado de derecho se evidencia por el abismo entre esos dos conceptos. El Estado debe ser la solución, no el problema. Para ello, necesita acreditar su autoridad moral. Seguimos cometiendo los mismos errores del pasado: hacer leyes y crear instituciones, sin buenos resultados.

Lo triste es que estamos en un viejo dilema ya planteado por Octavio Paz: “No nos queda sino la desnudez o la mentira”.

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