Incoherencias jurídicas

Los principios que deben orientar la reforma en materia de energía los mencionó Francisco J. Mújica en el Constituyente de 1917.

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Juan José Rodríguez Prats 05/06/2014 02:38
Incoherencias jurídicas

Un dromedario es un caballo que pasó por una comisión legislativa.

Anónimo

Tenemos un derecho proclive a las apariencias y curtido de incongruencias. Plagado de palabrería fatua. Por eso se dice que hay un México legal y un México real, distantes por una brecha abismal. Por eso, también se habla de la verdad verdadera y la verdad legal, interpretando que son dos cosas distintas. Un derecho ideologizado y, ya lo sabemos, la ideología es enemiga del sentido común. En resumen, un derecho mal hecho.

México ha tenido buenos juristas en la academia, en el Poder Judicial, en la administración pública, pero pocos han incursionado en el Poder Legislativo. Nuestros congresos, federal y locales, han tenido un mal desempeño y me temo que con las reformas recientes no va a mejorar.

¿Cómo hacer buenas leyes? Hay mucha literatura sobre el tema. Tiene que haber unidad de propósito, atingencia para modificar las leyes, perseverancia en los fines y una racionalidad jurídica, ética y pragmática. El derecho debe tener coherencia, desde la norma fundamental, hasta el último reglamento. Debe responder a tres preguntas: por qué, cómo y para qué.

En el caso de la Reforma Energética es obvio que se hace porque Pemex es incompetente para satisfacer la demanda nacional y ante una peligrosa dependencia de Estados Unidos de Norteamérica. Se hace para darles participación a inversionistas privados que puedan aportar tecnología, capital y capacidad de riesgo. Todo ello para lograr autosuficiencia en el abasto y disminución en los costos.

En los inicios de nuestra Independencia, destacó un gran pensador liberal, José María Luis Mora. Aunque participó sólo en el Congreso del Estado de México, sus ideas tienen enorme vigencia. Me remito a tres recomendaciones trascendentes hechas en 1827:

1) “Pocos, poquísimos, los que pueden tener sobre sus hombros el cargo de cambiar las leyes, y a estos poquísimos son a los que eligen los pueblos con el fin de que lo hagan; escogiendo no sus bocas para que vayan a proferir lo que sus comitentes les sugieran, sino sus conciencias y sus entendimientos para que discurran y penetren en lo que ellos no son capaces de penetrar”. Este es el principio de nuestra democracia representativa.

2) “Si se buscan cuidadosamente las causas del disgusto y del contento que se nota en los pueblos (….) se hallará que siempre o casi siempre es debido a la oposición manifiesta y al conflicto continuo que existen entre la ley constitutiva y las disposiciones de las leyes secundarias”. Los principios que deben orientar la reforma en materia de energía los mencionó Francisco J. Mújica en el Constituyente de 1917: concurrencia y competencia. Si estos principios permean toda la legislación, tendremos un buen marco jurídico que atraiga inversión y genere desarrollo.

3) “Una facción o un gobierno faccioso no puede sufrir las miradas del público, se irrita y despecha por su propia conciencia, pues él mismo reconoce que sus yerros y sus crímenes saltan a los ojos de todos.”

Mora exige al legislador congruencia en todo el andamiaje jurídico. Asumir decisiones como representantes de derecho público, lo cual implica una inmensa carga de responsabilidad. Superar, al elaborar las leyes, cualquier espíritu faccioso, dándole preeminencia al interés nacional.

Hace algunas décadas, Héctor Fix-Zamudio ya hablaba del derecho procesal constitucional. Esto es, el conjunto de normas orgánicas y funcionales necesarias para darle eficacia real a la normatividad constitucional. Esta materia, así como el derecho administrativo que regula la administración pública, concretizan los principios constitucionales. De otra forma, estos son simples proclamas que tanto abundan en nuestra Carta Magna.

Dice Octavio Paz, “cada nueva nacionalización ha fortificado, no a los obreros ni a la nación, sino a la burocracia”. Sin mejorar a ésta, poco puede hacer el derecho.

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