Sabia virtud

Cuántos políticos pierden su tiempo soñando en el siguiente cargo en lugar de dedicarse al que ocupan.

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Juan José Rodríguez Prats 29/05/2014 04:13
Sabia virtud

        Porque los hombres tocan simultáneamente, como 

gigantes hundidos en los años, las épocas que vivieron,

            tan distantes y entre las cuales tantos días
            vinieron a colocarse en el tiempo.

        Marcel Proust

Parafraseando a Alfonso Reyes, México está llegando tarde no tan sólo al banquete de la civilización, sino a todos los avances de la humanidad. Vamos a la zaga. Vivimos a destiempo.

Utilizamos el tiempo con descuido, sin prioridades e infructuosamente. Solemos dilapidar este recurso, por antonomasia, no renovable. Desaprovechar el tiempo es una forma de corrupción, focalicémoslo en la política.

El tiempo del Presidente de la República es el más valioso. ¿Cómo lo invierte? Las giras a los estados son totalmente inútiles y corresponden al viejo presidencialismo centralista. No tienen ningún provecho y su acartonamiento evita una comunicación fructífera. Se ubica en el cultivo de la personalidad y reporta enormes costos. Lo mismo podría decirse de la mayoría de las giras al exterior. ¿Acaso no existe un oneroso servicio exterior? El tiempo presidencial debiera estar dedicado al problema principal de México: el diseño de las políticas públicas, perfeccionarlas, medir sus resultados, vigilar a quienes las practican. Esto rendiría un beneficio superior para el pueblo de México o, con realismo, evitaría males mayores. ¿Acaso no es espeluznante enterarnos, a estas alturas, de la dramática situación del sistema educativo o las enormes fallas en materia de salud o la deficiente reforma fiscal que está afectando el desarrollo?

El desempeño del Poder Legislativo implica un enorme derroche de tiempo. Reuniones interminables para elaborar las agendas legislativas, que contrastan brutalmente con los resultados obtenidos. Largas sesiones de debates inútiles para generar leyes cuyas fallas son notables. Viajes que en realidad son de placer, de donde no se extrae nada útil para el país. El desprestigio que todo esto ocasiona ha propiciado la condena brutal de la opinión pública a estos órganos del poder.

Ahora se agregan a nuestro aparato estatal 13 organismos autónomos que, como bien dice el jurista Diego Valadés, han transformado nuestra soberanía popular en una soberanía burocrática. Por magia constitucional se supone que, considerándolos autónomos, van a ser independientes, como si los hombres del poder no tuvieran forma para instrumentar controles.

El rezago del Poder Judicial se puede confirmar con facilidad por los muchos reclusos que, rebasando todo término jurídico, esperan sentencia en condiciones inhumanas.

Una de las formas de medir un Estado, según Carlos Castillo Peraza, es por el respeto al ciudadano al realizar sus trámites burocráticos. En este renglón, nuestras fallas son evidentes. En las encuestas para medir los distintos rubros del desempeño de los estados, México siempre aparece en los últimos lugares.

Anotaríamos algunas fallas más: la falta de continuidad, no tan sólo de sexenio a sexenio, sino de los titulares en las distintas dependencias. Don Adolfo Ruiz Cortines decía con su voz cavernosa: “Sin prisas, pero sin pausas”. Cuántos políticos pierden su tiempo soñando en el siguiente cargo en lugar de dedicarse al que ocupan.

Es difícil, en la colaboración semanal, transmitir algún mensaje de aliento. Nuestra tarea consiste más bien en alarmar y sacudir conciencias. Estamos haciendo del derecho mexicano un mazacote ante el cual el ciudadano común difícilmente logra desentrañar y mucho menos entender.

El derecho es un detonador del potencial humano, pero en nuestro caso más bien se ha convertido en una maraña que dificulta la vida cotidiana, que inhibe y frustra nuestros intentos por mejorar.

En fin, dejemos de soñar con soluciones mágicas a la vuelta de la esquina. La tarea está en focalizar las fallas del aparato de administración pública y en poner una voluntad persistente en corregirlas. El ciudadano lo apreciará.

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