El malestar panista

Es grave que quienes le deben tanto al PAN decidan desentenderse de los males en el afán de mantenerse impolutos...

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Juan José Rodríguez Prats 05/12/2013 01:36
El malestar panista

La política y la tuberculosis tienen el mismo remedio:
a luz del sol y al aire del día.

Woodrow Wilson

 

Hay un profundo malestar en el panismo y la causa principal no son las derrotas electorales. Al partido lo venció la inercia de un grave oportunismo y el tremendo encono que ya caracteriza a los grupos en pugna.

Un partido, que apelaba a la generosidad y a una militancia que corría riesgos y con remotas posibilidades de triunfo, se ha venido desgarrando por ambiciones desbordadas de quienes jamás asimilaron los principios panistas. Hubo muchas denuncias a las que no se les dio respuesta, desde depósitos misteriosos en las cuentas de los senadores, hasta la condescendencia con la corrupción en los congresos locales y federal. La última respuesta de Gustavo Madero sólo puede calificarse de desfachatada, cuando pide que estos asuntos no arriben a los medios, cuando los órganos internos no han actuado como debieran. ¡Qué contradicción: exigir transparencia al gobierno y conducir al partido con opacidad!

La verdad es un bien común y pretender ocultarla o no proceder por temor a la opinión pública propicia un alejamiento del reclamo central del PAN desde su origen: la denuncia y el ataque a decisiones y actitudes políticas deshonestas.

Vamos de tropiezo en tropiezo. El hecho de que el órgano más importante —definido por Efraín González Luna como su conciencia— haya suspendido sus trabajos por falta de quórum —algo inconcebible en otras épocas— evidencia la profundidad de la crisis.

Diego Fernández de Cevallos, líder panista notable, habla de que el PAN “se halla en un proceso involuntario de autodestrucción, con resentimientos, vendetas y acusaciones en donde lo que más parece interesar es el poder por supuesto con el argumento de salvar al partido”. ¡Así que es un proceso involuntario! Alguna bruja “nos echó la sal”. Al parecer, es algo inevitable donde nadie es responsable.

Lo he dicho en diversas ocasiones, es grave que quienes le deben tanto al PAN decidan desentenderse de los males en el afán de mantenerse impolutos, quizá la peor y más condenable actitud política.

Recuperar el prestigio de Acción Nacional por su congruencia y su honorabilidad constituye el mayor reto. Darle de nuevo a los panistas motivos de orgullo para militar en una institución que desde siempre habló de regeneración moral y de hacer política con principios éticos representa una tarea gigantesca.

Tenemos un déficit de autenticidad. Una de las vertientes en la fundación del PAN es el vasconcelismo, y en el núcleo del pensamiento vasconcelista está precisamente el llamado a respetar la verdad; a la denuncia y el reclamo de un sistema desviado de los principios sostenidos por Francisco I. Madero en el inicio de la Revolución.

Presumo de conocer al panismo. He recorrido el país hablando de su historia y de sus principios. Hasta en el comité municipal más remoto se percibe el señalamiento de falta de ideas claras por parte de panistas con autoridad moral que nos permitan reencontrar el rumbo.

Agregado a todo esto, estamos viendo claras maniobras de postergar la renovación de la dirigencia partidista. Con ello sólo se está acentuando el desánimo y propiciando la resignación.

Los panistas de antaño no dejan de repetir el pensamiento de la poesía de Paul Géraldy: “Qué desgracia, señor, que seamos lo mismo que son todos”. Eso se manifiesta en la actitud de muchos panistas cuando se les reclama por una conducta equivocada. La respuesta es la negación del PAN: “Todos lo hacen”. No lo podemos aceptar, el PAN ofreció ser distinto y distinguirse en la forma de hacer política.

Sí, pronto habrá nuevos ordenamientos para regir la vida interna panista, pero el problema no está en la norma escrita, sino en la responsabilidad de todos para acatarla.

Todavía hay esperanza. En la conciencia del panismo recaerá el compromiso.

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