Sismos

La urbe registra miles de temblores, algunos de alta intensidad. El de 1957, famoso por la caída del Ángel de la Independencia, con 59 muertos y agrietamientos de calles y vías de tren. En 1985 colapsó la ciudad en su centro derribando edificios, hoteles, hospitales y casas habitación.

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Juan Carlos Sánchez Magallán 30/04/2014 02:15
Sismos

La Ciudad de México, comparada con Nueva York, es una ciudad chaparra, construida en su origen por los aztecas sobre cinco grandes lagos (Chapultepec, México, Tacuba, Xochimilco y Texcoco), su suelo es de gran elasticidad. Los urbanistas sostienen la tesis “del aprovechamiento del uso de suelo, redensificando las zonas habitacionales para dar paso a grandes edificaciones en lugar de casas-habitación unifamiliares o condominios horizontales, aprovechando el equipamiento urbano instalado”.

Para el aprovechamiento de baldíos y evitar invasiones a tierras rurales de recarga a los mantos freáticos (60% del agua consumible se extrae aquí y el otro 40% proviene del Sistema Cutzamala), ejemplos: las Sierras del Ajusco y Santa Catarina, donde se han lotificado ejidos y comunidades, provocando que cientos de familias vivan “a la buena de Dios”, recurriendo al servicio de agua por tandeo o pipas subvencionadas por el Gobierno del DF.

La urbe registra miles de temblores, algunos de alta intensidad. El de 1957, famoso por la caída del Ángel de la Independencia, con 59 muertos y agrietamientos de calles y vías de tren. En 1985 colapsó la ciudad en su centro derribando edificios, hoteles, hospitales y casas habitación de las delegaciones Cuauhtémoc, Venustiano Carranza y Gustavo A. Madero. 100 mil víctimas o más e igual número de estructuras tuvieron daños totales o parciales.

Se expropiaron siete mil inmuebles (vecindades con inquilinos), provocando el despido de tres delegados, el tesorero y el coordinador del Comité de Reconstrucción del Gobierno de Ramón Aguirre. Se dijo que por negligencia, al inflar el listado de inmuebles expropiados que, corregido, fue de cuatro mil 500 atendidos por el organismo Renovación Habitacional Popular, construyendo más de 50 mil casas para los damnificados, así surgió la cultura de la Protección Civil y sus reglamentos. El de Construcción lo endurecimos en la 2ª Asamblea de Representantes con la ayuda de expertos en mecánica de suelos y estructuras provenientes de la UNAM, IPN y el Colegio de Ingenieros. Se modificaron las especificaciones para construir y se obligó a propietarios de edificios y al gobierno a instalar escaleras de emergencia, alarmas sísmicas y simulacros de evacuación periódicamente.

Sismos similares también destruyeron completamente a Haití, parcialmente a Guatemala y Filipinas en los últimos tres años.

Esta reflexión deviene porque, hospedado con mi familia en el piso 16 de un hotel de Reforma, vivimos el Viernes Santo la angustia. Salimos a la calle, dos horas después fuimos invitados a desayunar en el restaurante para informar que no hubo daños, exhortando a la tranquilidad “y seguir disfrutando de las instalaciones”, cerraron el SPA, alberca y gimnasio. ¡Decidimos seguir!, sin embargo, al subir a la habitación descubrimos que el piso estaba levantado y, al final del mismo, impresionados, veíamos la ciudad por la rotura y separación de la pared. “El edificio se descuadró”. Personal de la administración, acompañado del agente de la aseguradora, nos dijo: “No se preocupen, son daños estéticos y no estructurales”.

¿Resultado?... Suspendimos nuestro hospedaje. Reforma tiene una veintena de torres de 20 a 50 pisos… afirman, resisten hasta 9 grados de intensidad… El sismo fue oscilatorio y no trepidatorio… ¿Confiará Miguel Mancera en peritajes realizados en dos horas?  Espero que no, estimado lector.

                *Presidente del Congreso Nacional de la Abogacía, A. C.

                juancarlossanchezmagallan@gmail.com

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