Coche viejo

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Joselo 11/07/2014 00:00
Coche viejo

La Ciudad de México ha cambiado mucho; el mundo entero, vaya. Algunos de ustedes seguramente han vivido toda su vida con el plan Hoy no Circula. Pero habemos otros que no, y aún nos acordamos cómo eran aquellos tiempos.

A los 18 años de edad sabía que al único coche que podía aspirar era a uno viejo, y no me preocupaba en lo absoluto. Nadie me iba a venir a multar por la carcacha que trajera. Claro que tal vez no podría ligarme a ciertas chavas, pero si una mujer sólo se fija en el auto que traes, tal vez no valga tanto la pena andar con ella.

Mi madre resolvió mis necesidades de transporte prestándome su coche: una vagoneta guayín Datsun 1970, color roja. Mi padre se la regaló cuando nació mi hermano Quique. Vivíamos en Minatitlán, Veracruz, y aunque era muy chico para recordar haber viajado en ese coche a la playa de Coatzacoalcos, hay muchas fotos en donde aparece el auto. En una estamos mis hermanos y yo en primer plano jugando en la arena, y la Datsun está allá atrás.

Seguramente por eso, ya a finales de la década de los 80, todo el piso de la guayín estaba picado. El salitre de la playa convirtió en óxido toda la parte de abajo. Se caía a pedazos.

Mi mamá me prestaba el coche para ir a la UAM, pues aunque Azcapotzalco no estaba tan lejos, para llegar a la universidad en transporte público tenías que tomar varias combis y te llevaba por lo menos hora y media hacer el trayecto. Había otra forma de llegar, por el Metro, pero la vuelta era ridícula, tenías que ir al DF para tomar una de las líneas y hacer transbordos.

En coche eran 20 minutos, 30 tal vez. Así que todos los que vivíamos en la zona Satélite y no teníamos coche buscábamos ride con quien lo tuviera.

Varias veces le pedí a Rubén que me llevara, y otras pasaba yo por el. También recogíamos a otra gente del rumbo. Una vez subió con nosotros el hermano de un amigo, un tipo muy engreído, fresa, que se daba aires de millonario. Comenzó a criticar mi coche apenas se subió. De pocas cosas me arrepiento de no haber hecho en la vida y una de ellas es ésta: lo hubiera bajado para que se fuera como pudiera. A veces me paso de buena onda.

Lo mejor de todo fue que la Datsun roja nos sirvió de transporte para el instrumental de Café Tacvba. No teníamos batería (usabamos una minúscula caja de ritmos), pero el tololoche era igual o más complicado de transportar. Moviendo los asientos de la guayín teníamos una cajuela muy amplia. Cabía el contrabajo acostado, el teclado de Meme, mi guitarra acústica y hasta un ampli.

La Datsun roja tenía más de 20 años y no se descomponía nunca. O bueno, no tanto como alguien pudiera pensar. Debo admitir que no la cuidaba tanto como debí haberlo hecho. De arreglarla con sus partes originales ahorita tendría un auto de colección que podría rentar para películas y videos de época. O para la película de la historia de Café Tacvba, nuestra biopic, ¿por qué no? Pero mi mamá la vendió hace mucho tiempo.

Es extraño tener nostalgia por un coche viejo ahora que son tan políticamente incorrectos por contaminar tanto. Por un lado están los que se quejan de no poder circular los sábados y, por otro, los que gritan que es momento de cambiar hacia un transporte menos contaminante, como lo son las bicicletas.

Mi padre cuestionó la construcción de los ejes viales en nuestra ciudad. Dijo que no eran una solución. Era hacerle más espacio a los coches. Ya no le tocó ver y circular por los segundos pisos, pero seguro hubiera pensado lo mismo.

Desde hace años se sabe que el Hoy No Circula sólo genera más venta de autos. No es raro pensar que esa es la razón real de las restricciones y no un cielo limpio.

Con todo, aquí estoy acordándome de aquella guayín roja, como si fuera un familiar que se perdió hace mucho tiempo. ¿Donde andará?, si sigue circulando —que no me extrañaría— lo único seguro es que ahora no lo hará los sábados.

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