Paparupapa eueo

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Joselo 27/06/2014 00:11
Paparupapa eueo

 “¡Culeeero! ¡culeeero! ¡culeeero!”, nos gritaban a principios de la década de los noventa, cuando Café Tacvba apenas comenzaba. No sólo a nosotros. Era el coro que recibíamos los grupos de rock porque nos tardábamos en empezar un concierto o cuando lo terminábamos. ¿Significaba, acaso, que no les había gustado y que por eso nos gritaban tamaña leperada? ¡Muy al contrario! Lo que la gente quería era que siguiéramos, era un modo nada naif de pedir ¡otra! ¡otra! ¡otra! El músico era un culero, no porque fuera malo en su instrumento, sino porque no quería seguir tocando.

¿Y saben? Nunca me ofendí porque me gritaran así. Al contrario, significaba que la tocada había sido un éxito. Era el código. Yo también, cuando era público, se lo coreaba a otros grupos exigiendo que tocaran una canción más, muchas otras.

No creo que nadie haya pensado nunca en ese grito como algo negativo. No digo que no sea una palabra fuerte, y que su energía no sea pesada. Claro que lo es, pero utilizada en ese contexto, en un concierto de rock, era muy natural. Además, la manera en que se cantaba, dejaba claro que todo era un juego.

El público, si quiere agredirte, lo hace y no deja lugar a dudas de que lo está haciendo. Muchas veces no tienen que gritar groserías. Simplemente con que empiecen a corear el nombre de otro grupo (el de los headliner, u otra banda que toque en ese mismo escenario más tarde), basta para que sepas que no les estás gustando.

Que te avienten cosas—monedas, zapatos, botellas, incluso escupitajos— no significa necesariamente que te estén agrediendo. En ciertos lugares esta costumbre debe ser tomada como un halago. Recuerdo una tocada en donde Rubén, vocalista de mi banda, terminó el concierto bañado de gargajos. ¿Se lo imaginan? (si quieren podemos hacer una pausa aquí, para que puedan ir a vomitar y seguir leyendo después). El empresario de dicha tocada nos dijo que habíamos sido un exitazo. Era la forma en que los lugareños demostraban su cariño. ¿Cuándo vuelven? —nos preguntó entusiasmado—. Nosotros, que somos muy educados, dijimos que pronto, pero ya se imaginan lo que estábamos pensando realmente.

El grito de ¡Culeeero! ha ido desapareciendo de los conciertos de rock. Ahora es un grito reservado para nuestros amados políticos y tiene una connotación menos festiva que cuando nos lo gritaban a nosotros.

Actualmente en los conciertos la gente nos canta el “Olé olé olé olé, Café, Café”. La primera vez que lo escuchamos fue en Argentina, pero se ha extendido por todo el continente y genera una energía muy distinta al ¡Culeeero! De todos modos, no tenemos forma de solicitar una u otra, pues no puedes decirle al público lo que puede o debe gritar. Por más amable que seas o que se lo pidas de la manera más atenta, no te van a hacer caso. ¿Quién eres tú para decidir cómo se divierten mientras te están viendo? De eso se trata la libertad. A Rubén le gritaban ¡Pinche Juan! por la canción que llevaba ese nombre. Lo hacían tanto y tan seguido, que mejor se puso así.

Desde hace años nuestros fans adoptaron el “Paparupapa-eueo” como grito de guerra. Cuando quieren que el concierto ya empiece, se sueltan cantándolo. Se siente bien escucharlo desde el camerino, mientras nos estamos preparando para salir. Es un coro que define nuestros conciertos, no creo que se repita en ningún otro lugar. Qué bueno que no tenemos una canción como los Molotov que se llame Puto, porque nuestros fans la podrían comenzar a corear para que ya saliéramos y alguien podría venir a sancionarlos.

Mejor, ¡Paparupapa eueo!

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