Boletos

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Joselo 06/12/2013 00:00
Boletos

Siempre que se acerca un concierto de Café Tacvba tan importante como el de mañana sábado 7 de diciembre en el Palacio de los Deportes, comienzan a aparecer amigos y familiares que hace mucho no veo. Recibo mensajes, llamadas, saludos que parecen salidos de la nada, pero que, por lo cercano de la tocada, intuyo que tienen una intención escondida.

Seguramente algunas llamadas son mera coincidencia y no tienen nada que ver con nuestra presentación. Son amigos que se acordaron de mí y se pusieron en contacto para salir a comer o simplemente vernos. Algunos nunca mencionan nada acerca de tickets de cortesía, otros van dejando caer frases para lograr que sea yo quien lo saque al tema. Los más audaces y cínicos ni siquiera tratan de disimular y van directo al grano: “¿tienes unos boletos que me regales para ir a verlos?”

Con el pasar de los años mi reacción ha cambiado: de molestarme mucho ahora me siento halagado. Si no les gustara mi grupo no me pedirían nada, ni siquiera sabrían cuándo y dónde nos vamos a presentar. El hecho de que se acerquen significa que la tocada en cuestión está bien publicitada y que mi banda está en un buen momento. Creo que si no recibiera este tipo de llamadas me comenzaría a preocupar. ¿Ya no les gusta mi grupo?, ¿ya les aburrió nuestra música?

Por suerte no ha pasado; al contrario, la demanda de boletos es tal que la mayoría de las veces no alcanzo a cubrir mis invitados con las cortesías que nos dan a cada integrante, así que me veo en la necesidad de sacar dinero de mi bolsillo y comprar una buena cantidad de boletos para poder satisfacer la demanda de mis amigos.

Algunos de mis invitados jamás se enteran de que los boletos que les regalo son comprados por mí. Otros que lo intuyen me ofrecen pagármelos, pero no acepto. No sé qué dice el Manual de Carreño al respecto, pero un invitado es un invitado. No me importa desembolsar algo de mi lana para complacer a quienes aprecio.

Para el concierto de mañana pasó algo sorprendente: al querer conseguir más boletos para quienes me faltaban me dijeron que ya no había, que la única forma de conseguirlos era ir con la reventa.

No lo podía creer. ¿Así que debo ir con esa gente que se aprovecha de las ganas de la gente de asistir a un evento? ¡Era ridículo tener que comprar boletos de reventa para mi concierto!

Pero no tenía otra opción, así que investigué cuántos y de a cómo. Supongo que olieron mi desesperación, pues me informaron que los boletos no me saldrían nada baratos. 

Me arrepentí de no haberme formado hace meses en una taquilla de Ticketmaster y comprar un bonche. Supongo que la gente se extrañaría de un músico comprando boletos para su concierto, y me mirarían raro, pero ya me estoy acostumbrando. Me pasa seguido con los discos: cada vez que puedo compro una copia de Re o del Avalancha, porque ya me ha pasado que la gente me pide regalado alguno de nuestros álbumes y yo no tengo copias que darles.

Mucha gente no sabe, o no quiere saber, que ni los boletos de una tocada ni los discos en una tienda son completamente nuestros. No podemos disponer de ellos a nuestro antojo.

Por suerte, nuestro manager, Juan de Dios Balbi, nos dijo que había conseguido unos boletos que estaban disponibles. No sé bien las políticas de las empresas de espectáculos, pero a veces holdean un número específico de boletos o zonas completas para vender el mismo día de la tocada o para efectos de marketing. Gracias a eso no tuve que ir con la reventa y no me sentiré culpable de apoyar a una mafia. Aunque, si soy sincero, de no haber tenido otra opción, los hubiese comprado.

Hay veces que la repartición de boletos a mis invitados me estresa más que la tocada misma. Me veo haciendo listas, tachando algunos, anotando otros. Cuento y vuelvo a contar los boletos disponibles y las matemáticas no me dan. Voy con Meme, Quique o Rubén, o ellos vienen conmigo, para ver si sobra alguno o si intercambiamos tickets de distintas zonas cual estampas coleccionables de los ochenta.

En vez de estar tranquilos antes del concierto, meditando como un Buda en nuestros camerinos, estamos al celular tratando de que se les entreguen las cortesías a los amigos. Pero está bien. Como ya dije, significa que lo que hacemos tiene demanda. Y en una ciudad con tantas opciones es un logro que te quieran ver. Si por mí fuera, ¡les regalaría boletos a todos! Pero no puedo. Tengo dos hijas que mantener.

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