Balance 2013

Las 17 reformas constitucionales alcanzadas hablan por sí mismas de una capacidad de negociación del actual mandatario, Enrique Peña Nieto.

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José Luis Vargas Valdez 27/12/2013 00:33
Balance 2013

El año político que termina se ha caracterizado por un dinamismo en la agenda política, cuyo impulsor indiscutible fue el presidente Peña Nieto.

Las 17 reformas constitucionales alcanzadas hablan por sí mismas de una capacidad de negociación del actual mandatario, cuyo éxito se ha basado en un elemento esencial: ceder para poder obtener algo a cambio.

Esto hace un claro contraste con el gobierno calderonista, en el que no fue posible alcanzar reformas sustantivas por su incapacidad para negociar y construir acuerdos con la oposición.

El Ejecutivo federal ha demostrado sus habilidades en el ámbito legislativo, sin embargo, la aprobación de estas reformas no implica en automático su éxito en la aplicación.

Ejemplo de ello es la reforma en materia educación, cuyas bondades son indiscutibles para romper con los lastres que impiden la transformación de uno de los motores del progreso nacional. Sin embargo, a once meses de su aprobación, hoy vemos que las resistencias son mayúsculas y las capacidades para operarla no saltan a la vista.

Al mismo tiempo que se han hecho apuestas ambiciosas en cuanto al perfeccionamiento del marco normativo, también se ha decidido abrir otro frente que es la transformación del marco institucional en diversos sectores. Así vemos cómo, por ejemplo, la reforma en materia de telecomunicaciones trae avances para el desarrollo del sector, pero al mismo tiempo, la transformación de los órganos reguladores parece un retroceso (IFT y CFCE).

El actual gobierno ha transformado la percepción de la inseguridad pública a través de una estrategia de comunicación que, entre otras cosas, ha implicado acabar con la apología a la delincuencia a la que nos tenían acostumbrados en el sexenio anterior. Sin embargo, los resultados de la inseguridad en el país no han cambiado sustantivamente e inclusive en partes del territorio ha empeorado. El ejemplo más nítido es Michoacán, en donde se hace cada vez más patente el desgobierno que impera, la ausencia de Estado de derecho y la incapacidad para restablecer el orden público.

Otro aspecto de la ingobernabilidad que estamos padeciendo son los desmanes públicos, obstrucción de vías de comunicación y violación a derechos a terceros por parte de los seudomaestros de la CNTE, los “anarquistas” y cuantos más grupos de encapuchados decidan rebelarse violentamente contra el  Estado.

El mensaje que se envía con la permisividad a estas acciones que constituyen delitos, es que la aplicación de la ley es un asunto negociable y de contentillo. En ese sentido, aun y cuando al inicio del sexenio se hizo una transformación de fondo a la Secretaría de Gobernación para que recobrara el control de la fuerza pública federal, los resultados aún no se hacen evidentes.

Un aspecto decepcionante para la mayoría de la población ha sido la conducción económica en lo que va del sexenio. Es entendible que existen diversos factores no atribuibles al gobierno actual, pero lo no entendible es dar cifras alegres de crecimiento y cumplirlas muy por debajo (de 3.5% anual ofrecido a menos de 1.3 por ciento). Es de esperar que una vez alcanzadas las reformas legales anunciadas como factor de transformación (fiscal y energética), exista un verdadero cambio de política que la reactive y se perciba una mejoría en las condiciones de la gran mayoría de la población.

A un año y un mes de haber arribado al poder, el presidente Peña ha operado exitosamente los arreglos legales e institucionales que se necesitan para gobernar México en los cinco años que restan del sexenio. Ahora toca demostrar su efectividad en la ejecución de la ley y la implementación de políticas públicas adecuadas. En otras palabras, ahora toca demostrar cómo nos va a gobernar.

                *Abogado y ex titular de la Fepade

                jl_var@yahoo.com

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