Méndigo mendigo

No sirvieron los berrinches del senador Mario Delgado ni las súplicas de Silvano Aureoles. Panistas y priistas bajaron la cortina legislativa...

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José Cárdenas 16/12/2013 03:12
Méndigo mendigo

Gélidas temperaturas padecen el Partido de la Revolución Democrática y la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. No es el frío de la temporada invernal sino el que emana del congelador donde les guardaron la Reforma Política del Distrito Federal.

No sirvieron los berrinches conmovedores del senador Mario Delgado ni las súplicas de Silvano Aureoles. Panistas y priistas bajaron la cortina legislativa, jalaron la cobija y dejaron a los amarillos como mendigos... por tan méndigas mentadas, durante el debate energético.

Jesús Zambrano se ahorcó con la lengua; calentó el granizo y declaró muerto al Pacto, pero —eso sí— exigió a sus adversarios cumplir compromisos, particularmente el número 91, que contempla otorgarle mayoría de edad política al DF; convertirlo en el estado 32. Pero en este momento la voz perredista viene de ultratumba; no se oye, suena necia… como la de un difunto empeñado en cobrar deudas.

Si bien le va al PRD, tendrá su consulta ciudadana… pero tampoco hay prisa. Al abandonar el Pacto, perdió muchas fichas para apostar, negociar y presionar; sólo le queda rogar y esperar de rodillas.

Para los vencedores de la última batalla hay otras prioridades: planchar la reforma político-electoral, mandarla a los estados, organizar cuanto antes al nuevo bodrio electoral y amarrar la legislación secundaria antes del 1 de julio próximo, o, de lo contrario, no podrá aplicarse en la elección de 2015… y seis meses pasan volando.

Al PAN le importa la Ley Anticorrupción, el último paso para la creación de la nueva fiscalía encargada de hacerle manicure —cortar uñas— a funcionarios y gobernantes corruptos.

Queda claro: ahora vuelve a funcionar el reloj de las mayorías en el Congreso… y el espíritu de los compromisos con la minoría “duerme con los peces” —como diría Tessio, al anunciar la ejecución de Luca Brasi por los Tattaglia, en El Padrino.  

PURGATORIO: Nacida al amparo de una frase inservible: “La renovación moral de la sociedad”, la Secretaría de la Contraloría General de la Federación —llamada luego de la Función Pública— murió de causas naturales el pasado viernes. Nunca sirvió para nada… no cuando la manejaron los priistas fundadores, ni cuando la operaron los panistas de vana aspiración pesquera. Los peces gordos nunca fueron siquiera charalitos flaquitos. En el rito de la burocracia, de las cenizas, surge un ave fénix: la Comisión Nacional Anticorrupción. Si la Conantico —o como vaya a ser su acrónimo— va a sustituir a la Sefupu, será pan con lo mismo, o sea torta de nada. El error parte de poner al Ejecutivo a nombrar a quien vigile al Ejecutivo… una burocracia policial cuyo mejor tribunal sería el espejo. ¿Entonces, la Conantico debería pertenecer orgánicamente a otro poder? ¿Al Legislativo? No, para eso ya existe una Auditoría Superior de la Federación —chimuela—, a la cual nadie hace caso. La creación de la Conantico esa, le quita una secretaría al gabinete y le aumenta una comisión al mundo de las “comisiones”; tendrá una sola utilidad: agregarle una palomita al listado de compromisos del presidente Peña, quien ha hecho del cumplimiento de sus ofertas la médula de su gobierno “reformatorio”… desde aquel célebre, “Te lo firmo y te lo cumplo”. Nada más… nada menos.

                @JoseCardenas1  

                josecardenas@mac.com

                josecardenas.com.mx

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