Retrato y retrete

La reforma energética llegará antes que los Reyes Magos, con cerco o sin cerco; con oposiciones minoritarias.

COMPARTIR 
José Cárdenas 09/12/2013 02:03
Retrato y retrete

“El niño Dios te escrituró un establo/ y los veneros de petróleo el diablo”, reza la Suave Patria de Ramón López Velarde, desde 1921; ¿tenía toda la razón?

Casi un siglo después, la reforma energética va a resultar la cereza en el pastel de los cambios prometidos por Enrique Peña Nieto, como oferta de gobierno… y marca de la casa.

Su consumación —y en eso parecen estar de acuerdo líderes de la talla de Cuauhtémoc Cárdenas— es absolutamente irreversible; no se puede ir contra el espíritu de los tiempos.

Recordemos: Aquel nacionalismo revolucionario decretado por el general Lázaro Cárdenas, necesitaba dos componentes para existir: nación y revolución… y el fundamento fue la nacionalización de la industria petrolera. Hoy, una ni otra existen.

La nación misma se ha diluido. Por ejemplo, para llegar a ser presidentes de la República los mexicanos debíamos ser hijos de padres mexicanos por nacimiento.

Hoy ya no importa. Y con la Revolución, ni qué decir.

Su monumento se volvió retrete y de los líderes de antaño no queda ni el retrato. Nunca antes ha sido el Monumento a la Revolución, un mausoleo.

La Fuente de Petróleos ya no tiene ni un chorrito; si antes se ubicaba en un enjardinado promontorio —cada cual su monte Olimpo—, hoy está rodeada de edificios de compañías extranjeras, túneles y avenidas cuya contundencia la ha enanizado, con todo y los arrogantes pechos de la patria de bronce, proa del destino petrolero.

Y ya ni hablar de la Estela de luz cuya erección debía conmemorar, además del bicentenario de la Independencia, el centenario de aquella Revolución. Pura plastilina. Parece una goma de borrar extraviada entre la mole de acero de un banco español y el edificio de la Torre Mayor. ¿Quedó la Estela de pus como coqueta lamparita de buró?

Y le cuento más. Hace muchos años en los restaurantes de Reforma había estudios fotográficos de juguete donde la gente se disfrazaba. La imagen quedaba impresa en tonos sepia, como sacada del archivo Casasola; la gente “decente” se ponía sombrero, falsos mostachos y tremendo sombrero para retratarse como si fuera Emiliano Zapata.

Hoy, la Revolución, antigua dueña espiritual de la expropiación redentora, ya no sirve ni para retrato.

La reforma energética llegará antes que los Reyes Magos, con cerco o sin cerco; con oposiciones minoritarias y como consecuencia de una machacona, insistente, incontenible campaña publicitaria de la derecha —incluida la del PRI— para convencernos de la necesidad de vivir, “como el resto de las naciones”… a puros empujones.

Purgatorio: Ha iniciado la madre de todas las batallas —diría el clásico Saddam Hussein—; la suerte está echada. Según el pre dictamen, la Reforma Energética garantiza al país la propiedad del petróleo  con todo y  la entrada de particulares; la propuesta habla de cuatro alternativas: contratos de servicio, de producción o de renta compartida e incluso se plantea el término licencias. ¿Del tamaño del sapo será la pedrada? Se modificarán los artículos 25, 28… y hasta el sagrado 27. La bancada perredista dará la pelea a morir, para evitar el despojo del mayor bien de la Suave Patria… pero la reforma pasa porque pasa; priistas, panistas y verdes le echarán montón; el diablo enrosca la cola y se esconde en las letras chiquitas; y el Presidente, desde tan lejos como Sudáfrica, sólo escucha el borlote que se armó en su reformatorio.

Plegaria: “A todos los santos que puedan interceder… que a Pemex no logren vender”.

                Twitter: @JoseCardenas1  

                josecardenas.com.mx

Comparte esta entrada

Comentarios