En el nombre del Padre

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José Cárdenas 06/12/2013 02:00
En el nombre del Padre

El Pejejijo —en términos beisboleros— entra a batear de emergente y pegar de hit por una causa sagrada: el rechazo rotundo de la izquierda “dura” a la reforma energética; guiar a los fieles en el cerco al Senado… y lo que haga falta. Total, qué tanto es tantito.

Todo por la ausencia forzada del padre infartado —a quien deseamos recuperación pronta—.

Sin embargo, la decisión del manager tabasqueño desconcierta; el derecho de sangre va en contra de los valores democráticos del equipo. A simple vista habría otros “jugadores” con méritos superiores… crecidos como los hongos a la sombra del “caudillo”; pero…

En política no existen casualidades… y menos, improvisaciones a estas alturas del partido.

Si Andrés Manuel López Beltrán (AMLOB) irrumpe en la escena, es por cálculo político; nadie como su progenitor para conocer los tiempos y manejar los ritmos. Nadie como el “original” para mandar señales a través de la copia fiel, hecha a su imagen y semejanza.

Por cierto, llama la atención la historia del bateador emergente. AMLOB es el mismo “chavo” quien presumía —en 2009— sus tenis Louis Vuitton de 800 dólares, sus gustos por los yates, los viajes, los lujos… y la vida loca; ventaneado en Facebook por sus extravagancias.

Pero la emergencia hizo el milagro; el redentor improvisado se redimió a la carrera; unió a la “causa”; ensució los tenis, se bajó del yate y se subió al Tsuru; defiende las “jugadas” del padre… y desde hace varios meses, difunde sus mandamientos. ¡Qué padre!

El ascenso meteórico del Pejejijo podría parecer poco democrático, y su breve pasado, altamente contrastante con la austeridad republicana proclamada por el postrado mesías.

De momento, el senior cuenta con su junior para cumplir el destino de lucha interrumpida —algunos días—. Mientras, urge mantener bien amarradas las voluntades de la “afición”, la cual lleva a su líder tatuado en el corazón. El ánimo no puede desfallecer… y para eso está el hijo, el Pejejijo, para mantener viva la llama… en el nombre del padre.

Ji, ji, ji (traducción: sí, sí, sí) dirán en Macuspana.

PURGATORIO: Eran los tiempos de Luis Echeverría; los de arriba y adelante… al centro y “pa’dentro”. La Ciudad de México estrenaba una forma de administración descentralizada, en la cual el jefe del Departamento del Distrito Federal —delegado presidencial—, delegaba a su vez la autoridad política en 16 delegados jurisdiccionales, en una nueva distribución urbana que borró para siempre barrios, pueblos y comunidades. Nacían las delegaciones. La zona central de la ciudad, la delegación más emblemática de todas, la Cuauhtémoc, había quedado en manos de un personaje ahora olvidado, pero —entonces— de enorme relieve: Delfín Sánchez Juárez. Por aquellos lejanos días hubo un robo nunca aclarado. Una pila de cobalto enriquecido —del triple de capacidad tóxica de la robada en Hidalgo— se desvaneció tras un viaje en avión. La alarma cundió; las exageraciones, también. Hubo quien habló de terrorismo; hubo quien lo adjudicó a grupos palestinos —no existía aún Al Qaeda–. La búsqueda comenzó… y no había ni rastro de la pila mortal. —Yo me comprometo a encontrarla en un día, presumió Sánchez Juárez. —La deben tener los “ayateros” de Tepito; si no, ellos saben dónde… ¿y qué cree?, la pila radiactiva apareció en Tepito. ¡Regresa, Delfín, regresa!.. al menos los “hueypoxtlalquenses” —y este monje— te invocan.

                Twitter: @JoseCardenas1

                josecardenas.com.mx

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