“Tiempo nublado” para las reformas

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José Buendía Hegewisch 30/03/2014 00:51
“Tiempo nublado” para las reformas

“Tiempo nublado” para las reformas, parafraseando a Octavio Paz en el aniversario de su centenario. De un ambiente despejado por los consensos del Pacto entre los grandes partidos, regresamos a un clima de incertidumbre y tensión en la discusión de las leyes secundarias de las reformas constitucionales de 2013. Se observan los crecientes desacuerdos en telecomunicaciones y se advierte lo que vendrá con la energética, pero lo anublado no deja ver los intereses y motivaciones detrás del conflicto; podemos sentir que la temperatura política se aviva, pero falta trasparencia para conocer las razones detrás de las iniciativas o los intereses que calientan el termómetro.

Una de las mejores prácticas para la rendición de cuentas de toda autoridad es explicar los motivos de sus decisiones y someterlos al escrutinio público. Son legítimas las acciones públicas que soportan ser expresadas públicamente. Por ejemplo, cuando se dio a conocer el Pacto, en diciembre de 2012, fue explicito, discutible o no, el objetivo de fortalecer la autonomía del Ejecutivo y reducir la influencia de poderes de facto que —como dijera en ese momento el secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong— “retan la vida institucional del país y son obstáculo para el cumplimiento de las funciones del Estado”. Es cierto que nunca se identificaron, pero se generaron expectativas de cambio en la rutina de arreglos opacos a modo de los poderosos, aunque sean inconfesables, así como de forma, por ofrecer un camino para desbloquear los acuerdos legislativos.

Ahora, sin embargo, las reacciones a las leyes secundarias cuestionan precisamente la transparencia de las decisiones y advierten del peligro de regresar a viejas prácticas de hábitos adquiridos y poco razonados, o al menos poco explicados y menos publicitados, de las motivaciones de los actos públicos. Los líderes del PRD, Jesús Zambrano, y del PAN, Cecilia Romero, rechazaron la de telecomunicaciones por considerar que responde a intereses ajenos al “espíritu de la reforma constitucional” que se aprobó en 2013 dentro del Pacto.

Si bien es claro para todos que el Pacto se desintegró por la discusión de la Reforma Energética, poco sabemos de los criterios del cambio, de las decisiones que ahora confrontan al gobierno y la oposición, por ejemplo, en telecomunicaciones, cuando antes compartían objetivos. La reducción de atribuciones del órgano autónomo encargado de garantizar la competencia y la entrada de nuevos jugadores a las telecomunicaciones, el IFT, está en el centro del conflicto. Pero no es ni el único tema ni el único caso. También hubo fuertes discrepancias en la Ley de Competencia Económica, donde asimismo se recortaron atribuciones a la instancia reguladora encargada de combatir las prácticas monopólicas de acuerdo con la reforma al artículo 128 constitucional. Y en la integración de otro órgano autónomo, como el nuevo INE, persiste la amenaza a la vuelta de viejas prácticas del reparto oscuro de cuotas entre partidos, también por supuesto inconfesables.

Las reformas antimonopólicas molestaron a grupos empresariales afectados y la apuesta por la autonomía de órganos de Estado hace temblar intereses políticos. No es difícil advertir que las resistencias elevaron el costo de los cambios, sobre todo en ausencia de la coalición política que se formó alrededor del Pacto y daba respaldo institucional a las iniciativas del Ejecutivo. Pero además de la importancia del juego de fuerzas y contrapesos en la negociación de las leyes secundarias o la integración del INE o el IFAI, una cuestión de fondo es conocer el impacto de esas presiones e influencia en la iniciativa del Ejecutivo, así como la recurrencia a viejas prácticas como la toma de decisión de asuntos de interés público lejos del escrutinio público.

Octavio Paz recordaba en su obra Tiempo nublado que desde los mayas y luego los historiadores franceses distinguieron entre el tiempo de “larga y corta duración”. El primero marca los ritmos de las grandes transformaciones, lentas pero irreversibles, que alteran hábitos y rutinas; mientras que el segundo es el reino del acontecimiento, que puede o no repetirse, aunque repercuta en el futuro de un país. En el cambio de escenario entre el pacto de 2013 y el actual choque de posturas en torno a las leyes circunstancias, vale interrogarse si el cambio de rutinas que prometió el Pacto y la mayor transparencia en las decisiones fue sólo pasajero o si finalmente se abrirá paso en los desacuerdos del momento.

                *Analista político

                jbuendiah@gmail.com

                Twitter: @jbuendiah

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